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Elecciones provinciales

Manzur reivindica como propios “los” triunfos en Tucumán y deja entrever una posible candidatura nacional

Festejos y actividades peronistas en Tucumán, con presencia de Alberto Fernández

David Correa

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El fuego electoral se apagó en Tucumán, pero persisten las brasas ardientes que pusieron al rojo vivo el clima político de la provincia. Son múltiples las lecturas que dejó el triunfo de la fórmula del Frente de Todos (FdT), integrada por Osvaldo Jaldo y Miguel Acevedo -por el 56% de los votos, casi 20 puntos de ventaja- sobre la pareja opositora de Juntos por el Cambio (JxC), que formaron con forceps el radical Roberto Sánchez y el larretista Germán Alfaro. Duro será para este espacio asumir la contundente derrota porque, además, perdió en la capital, San Miguel de Tucumán. Allí se impuso la candidata peronista Rossana Chahla, elegida por el propio gobernador Juan Manzur para ese desafío.

Cuando en febrero Manzur fue eyectado por el presidente Alberto Fernández de la Casa Rosada, en donde fungía como Jefe de Gabinete de Ministros, anunció de inmediato que cumpliría un doble rol, candidato a vicegobernador y jefe de la campaña en Tucumán para sentar a Jaldo en la Casa de Gobierno. Lo primero le duró tres meses, tras su renunciamiento por la suspensión de las elecciones provinciales, previstas para el 14 de mayo, que decidió la Corte Suprema de Justicia de la Nación, ante un recurso presentado por la oposición en contra de la postulación del también exministro de Salud de la Nación. Dar un paso al costado, ungir a Acevedo como vice y reaccionar rápido fue el camino elegido para salir del laberinto legal y constitucional. Con los resultados a la vista, la estrategia funcionó.

Por esos días, todas las miradas se posaron en Alfaro, de sonrisa exultante e interminable, porque parecía que el fallo de los cortesanos también le ponía fin a la carrera política del médico sanitarista. Muchos lo creyeron en la carpa amarilla y, mentan en los pasillos de la Legislatura provincial, también en el jaldismo puro y duro. Pero no. Alfaro “se almorzó la cena”, como reza el principio. Fue un error grave de cálculo: los votos se cuentan de a uno, no los microclimas.

El tejido de Manzur

Manzur, que alambró la provincia antes de las elecciones y hasta bloqueó sugerencias de visitas de funcionarios de la Casa Rosada, tampoco fue a la cumbre de sus pares peronistas en el Concejo Federal de Inversiones (CFI), de donde surgió el pedido de candidato presidencial por consenso. Dos días después, se sentó en Buenos Aires con dirigentes empresariales de peso. Entre ellos figuraban los miembros del Grupo de los Seis, quienes estuvieron en Tucumán en abril, disfrazando la visita de recorrida federal pero encargándose de comunicarla para que se sepa.

Manzur tejía. También estuvo en la CABA con “los gordos” de la CGT y con el dueño de la lapicera del Congreso Nacional del PJ, Gildo Insfrán, el incombustible gobernador formoseño. Insfrán viajó a Tucumán el domingo de las elecciones para acompañar al frustrado candidato a vicegobernador y a Jaldo. Aquí se encontró con sus pares de Santiago del Estero, Catamarca y La Rioja. Unas horas más tarde se sumó al “pack de forwards” de mandatarios provinciales el ministro del Interior de la Nación Eduardo “Wado” de Pedro (aunque en la formación pareciera estar para “wing”). Pudiendo felicitar a través de llamados que se dejan trascender y de mensajes por redes sociales, un viaje es mucho más que eso. Es una señal. Casualidad o no, desde el manzurismo se deslizó a elDiarioAR que la semana próxima habría lanzamiento de la candidatura a la presidencia del médico que hoy exhibe como cucardas propias la victoria en Tucumán y la recuperación para el peronismo de San Miguel de Tucumán, la capital de provincia más importante del norte argentino.

Ojo, está Jaldo. “Musculá, musculá. Never pony”, fue el consejo viral del exPuma Serafín Dengra. Aplica para el todavía hoy vicegobernador a cargo en la Casa de Gobierno. Durante 15 meses -los de la estadía manzurista en la Rosada-, Jaldo ejerció con rigor -cumpliendo a rajatabla los acuerdos con Manzur- el mando en el Sillón de Lucas Córdoba. Le imprimió su sello a políticas, como las de seguridad y obras públicas (oxigenadas desde la Nación con fondos extras), que persisten. Con esa rutina fortaleció su músculo político al ampliar su círculo de consejeros -ya no restringido a jaldistas duros- y horizontalizar. Vienen ahora cuatro años en la Casa de Gobierno. ¿Never pony? Tendrá un plus, Manzur ya no estará en la provincia y eso le liberará las manos en la diaria. ¿Persistirá en el peronismo tucumano el mando bicéfalo? ¿Cómo se dirimirá? Se verá. Se avecina un tercer tiempo lleno de interrogantes.

En la vereda del frente

El fallo de los Supremos y la lluvia de visitas de dirigentes nacionales unos días antes de las elecciones -entre ellos, Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich y María Eugenia Vidal- generaron en JxC un clima de victoria que, aunque está bien que se comunique para alentar a la tropa propia, estuvo muy lejos de entregar resultados contantes y sonantes. El escrutinio final en desarrollo confirma hora tras hora el inobjetable traspié por paliza y, lo peor, la derrota de la esposa de Alfaro, Beatriz Ávila, en la carrera por la intendencia capitalina.

Hace dos meses, un hombre de mucha confianza del aún intendente confesó a elDiarioAR que “la candidatura de Beatriz no cierra para adentro, está todo roto, en vez de unir, divide”. Y todo indica que así pasó. Realizado el último conteo a la fecha, Ávila obtenía casi 13.000 votos menos en la capital que la fórmula Sánchez-Alfaro. Hubo un brutal corte de boletas que se explica en que los radicales le dieron la espalda al experonista y a su compañera, ahora fervientes larretistas. También se habrían sumado en la negativa sectores independientes, cuyo porcentaje es fuerte en la capital: su voto podría haber optado por la intendenta electa, exministra de Salud durante la pandemia, quien goza de buena imagen entre los tucumanos por ser “nueva” y haber realizado una efectiva gestión en su cargo.

Alfaro no sólo perderá la caja sobre la que estuvo sentado durante cuatro años. El “tackle” oficialista le llegó cuando tomaba carrera hacia el “ingoal” para discutir las candidaturas a la Cámara Baja, que cierra el próximo 24, de acuerdo a cronograma electoral nacional. Mordió el pasto. Se quedó casi con las manos vacías para entrar en la discusión. Sus acciones cotizan en baja y apuesta a una intervención directa de Larreta para evitar una jubilación de antemano. En el campo minado de la interna nacional amarilla, el alcalde lo necesita. Quizás, el último salvavidas para Alfaro.

Mientras, Sánchez se llamó a silencio para no hacer ruido y evitar roces: entiende que su edad lo favorece para intentar de nuevo en cuatro años, en base al protagonismo creciente del radicalismo. El forzado cierre de la fórmula Sánchez-Alfaro -vía intervención de la mesa nacional de JxC, recién en marzo- auguraba este final. Algunos esperaban un golpe de suerte o que la economía del país estallara para capitalizar ese escenario, pero no pasó. La oposición tucumana deberá barajar y dar de nuevo pero el gran interrogante por estas horas -con PASO, elecciones presidenciales y parlamentarias nacionales en el medio-, pasa por definir el rumbo cotidiano, ahora con un radicalismo tucumano fortalecido que inclina la cancha hacia su lado.

¿El fenómeno Milei?

La bomba electoral también alcanzó al candidato a gobernador Ricardo Argentino Bussi, de Fuerza Republicana (FR) y a su socio Javier Milei, de La Libertad Avanza (LLA), que apenas llegó al 5% de los votos, un retroceso hace apenas unos días inimaginable. Un ejemplo, de los 8 legisladores provinciales que Bussi alcanzó hace cuatro años, la magra cosecha apenas le alcanzó para que él renueve y entre apenas uno más. Con sólo dos parlamentarios, su poder de negociación en la Cámara es casi cero.

Milei, en tanto, escondió la mano. Ni una mención a Bussi en los últimos días, pese a que lo había confirmado como propia tropa. Ni un mimo, siquiera, en donde arrasa, que es en las redes sociales, porque hasta aquí todas las aventuras provinciales le fueron adversas. A Bussi se lo comió la polarización entre Jaldo y Sánchez, por lo que estas elecciones parecen haber roto con la lectura que asegura que el escenario nacional es de tres tercios. En la historia reciente, Tucumán fue epicentro de hechos políticos locales que más tarde tuvieron su contraparte nacional, como los Tucumanazos en los 60 y 70. Mirándose al espejo de lo ocurrido aquí, ¿podrían re-polarizarse las elecciones nacionales... si a Milei no le da el cuero? Veremos.

DC

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