La llegada de Massa al gabinete

Nueve horas turbulentas en Casa Rosada: el Telegram de los Fernández, la furia con Beliz y la idea de “refundar” el FdT

Nueve horas turbulentas en Casa Rosada: el Telegram de los Fernández, la furia con Beliz y la idea de "refundar" el FdT

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Café de por medio, Gustavo Beliz charló 40 minutos con Julio Vitobello. Se vieron en el área presidencial, en el primer piso de Casa Rosada, pasado el mediodía y fue una conversación tensa pero correcta. Vitobello le trasmitió, con detalles, lo que Santiago Cafiero le había anticipado la noche del miércoles. “El presidente necesita áreas que están en tus manos”, le dijo en referencia a los que tienen que ver con organismos multilaterales de crédito. Beliz manifestó su desacuerdo pero, según reconstruyó elDiarioAR, en ningún momento planteó, ni siquiera como hipótesis, que dejaría su cargo.

Se retiró, caminó los 150 metros hasta su oficina que da a Plaza de Mayo, y a los minutos, hizo circular su renuncia con un mensaje breve y frío, en hoja membretada. “Dios los guarde”, epilogó. La dimisión sorprendió a Alberto Fernández y al puñado de funcionarios que estaban, en ese momento, en Casa de Gobierno. Poco después, Beliz abandonó su oficina, sin avisarle a sus funcionarios ni despedirse de sus secretarias, se subió a su Duster marrón y se fue.

Al cierre del día, la furia albertista se descargó sobre el ya ex secretario de Asuntos Estratégicos. “Alberto dio todo por él. Lo defendió ante Cristina, le armó un cargo que casi era un gobierno paralelo. Hizo todo. Y cuando Alberto le pide algo ¿se lo paga así? Un traidor: se lo hizo a Menem, después a Néstor y ahora a Alberto. Sin códigos, un egoísta”, estallaron, el jueves por la noche, en el primer piso de Casa Rosada donde, hasta pasadas las 21, el presidente hizo un balance del día con Aníbal Fernández, Vilma Ibarra, Juan Manuel Olmos, Gabriela Cerruti y el propio Vitobello.

Turbulencias

Fue la coronación de nueve horas turbulentas en la que el presidente tuvo que ejecutar el acuerdo de reestructuración del gabinete que selló, entre el martes y el miércoles, con Cristina Kirchner y Sergio Massa. El Presidente se reunió con el aún presidente de la Cámara de Diputados el jueves por la mañana para ver los últimos detalles. Massa se reunió con Cristina durante la tarde del jueves.

La hoja de ruta inicial era que la designación de Massa se anuncie el sábado, pero se aceleró, por dinámica propia, cuando comenzaron las filtraciones. “Lo sabía demasiada gente”, contaron en Balcarce 50 y dieron como ejemplo el dato de la llegada de Massa a Economía, con la permanencia de Juan Manzur como jefe de Gabinete, que circuló el miércoles mientras Silvina Batakis estaba a punto de tomar un vuelo en Houston con destino Ezeiza. “No tengo idea”, le dijo, antes de ponerse en Modo Avión, a uno de los tantos que la consultó desde Buenos Aires.

La situación de Batakis, que fue desplazada 25 días después de asumir, fue invocada en el ecosistema Fernández como la contracara de Beliz. La economista aceptó un cargo en medio de un temblor monumental por la salida de Martín Guzmán, actuó por responsabilidad política, y antes de cumplirse un mes la corrieron. Y aceptó, aun con reproches, que había una determinación política sostenida por los tres actores del FdT, para que su lugar lo ocupe Massa.

El mismo halago fue hacia Daniel Scioli que cuando llegó a Casa Rosada para verse con Fernández ya sabía, porque se lo habían anticipado, que le notificarían que Desarrollo Productivo quedaría bajo la órbita de Massa, un dirigente con quien acumula tensiones. En la conversación, el presidente le pidió que vuelva a la embajada en Brasil. Scioli le pidió unas horas, se fue a su despacho y mantuvo una reunión con empresarios PyMEs. Ya tenía la decisión de emprender el regreso a Brasilia a pesar de que a su lado, algunos les recomendaron no aceptar. Hay una presunción sobre que Scioli sabía, desde la salida de Guzmán, que era probable que Massa asuma en Economía con el control de áreas sensibles, como importaciones, que dependían de Desarrollo Productivo. A eso se atribuye la quietud de las últimas semanas del exgobernador, aunque estuvo algunos días complicado por dolores físicos.

Scioli tenía, admitieron en Rosada, motivos para estallar contra Fernández: aceptó, sin chistar, reemplazar a Matías Kulfas en medio de una crisis política que pudo ser terminal. Cuarenta días después, el presidente decide empoderar a Massa. El clima de malestar está, todavía, latente incluso entre aquellos que el albertismo considera que tuvieron gestos positivos y entendieron, en términos políticos, las medidas que tomó Fernández.

El miércoles operó, como un task force, una mesa para contener heridos. Con base en Cancillería, Cafiero, Olmos y Claudio Moroni intervinieron. Hubo charlas con Mercedes Marcó del Pont, mensajes con otros funcionarios, explicaciones a involucrados y ajenos sobre la necesidad de los cambios. En un momento, los sacudió un graph de TV que daba por renunciado a Claudio Moroni, el ministro de Trabajo. Moroni estaba ahí y si había enunciado, no lo sabía. Fueron unos minutos de zozobra hasta que, de Rosada, les confirmaron que estaba firme.

Desde su oficina en el BCRA, estaba online Miguel Ángel Pesce, cuya continuidad fue motivo de disputa pero, por el momento, se impuso el planteo de Fernández sobre la continuidad del titular del Banco Central. Pesce había encabezado una reunión de directorio donde se acordó una suba de tasas -el plazo fijo de 53% a 61%, entre otros números del “corredor”- que preconfigura algo de lo que anticipa Massa: la idea, con la que Pesce acuerda, de ofrecer tasas positivas.

A esa hora, Batakis estaba en Economía y, a la distancia, validó la disposición. El jueves por la noche, Batakis le avisó a Massa que desde este viernes tenía a disposición las oficinas del Palacio de Hacienda para que, aun sin designación oficial, empiece a trabajar de ministro. La hora de ruta de Massa es la siguiente: el lunes anunciará a su equipo y el martes asumirá, según dijo, esté o no resuelto su reemplazo en la presidencia de la Cámara de Diputados, lugar para la que se postula a Cecilia Moreau, una diputada con terminales aceitadas con Máximo Kirchner.

Cambios

Así como hubo furia con Beliz y reconocimiento con Scioli, Batakis y Marcó del Pont -que luego celebró que ese lugar lo ocupe Carlos Castagneto-, en gobierno hubo frialdad con Julián Domínguez, a quien Fernández le bajó el pulgar el día que participó del acto de Cristina Kirchner en Ensenada aunque él le pidió que no lo haga. “Nadie saltó a defender a Julián”, contó un funcionario que intervino en las negociaciones. Cerca del hombre de Chacabuco, que presentó su renuncia indeclinable, le habían deslizado a elDiarioAR que podría quedar bajo el esquema de Massa “si Cristina se lo pide”.

“Se van todos”, bajó la señal del entorno presidencial sobre las tres áreas que quedaron bajo la órbita de Massa, con una duda puntual sobre qué ocurrirá con Energía. Anoche, cerca de Cristina Kirchner y de Alberto, que no se vieron de manera presencial pero hablaron y cruzaron mensajes de Telegram durante la tarde, daban por hecho que Darío Martínez no continuaría como secretario de Energía.

Lo resolverá, en estas horas, Massa en contactos con los Fernández, explican en el FdT. La definición del equipo que escoltará al tigrense será una prueba de fuego para la idea de “renacimiento” del FdT que supone la llegada de Massa como un nuevo comienzo para la alianza de gobierno que atravesó, ya, infinidad de crisis. El jueves por la noche, ya anunciado, Massa reunió a su equipo de economistas y dirigentes en sus oficinas de avenida del Libertador para perfilar cómo serán sus próximos movimientos.

El massismo, más poético, habla de refundación del FdT. El cristinismo todavía no le asigna más entidad que la necesidad, imprescindible, de salir de la parálisis. Con intervenciones específicas, como el pedido de la vice de que Castagneto quede al frente de la AFIP.

PI

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