la maraton 2023

En la peor hora del FdT, asoma la teoría del renunciamiento doble y una PASO múltiple

Alberto Fernández en Casa Rosada

Es la peor hora y no es también -como escribió Dickens y citó Fernández- la mejor hora. Con tensiones en carne viva y a cielo abierto, el Frente de Todos naturalizó el conflicto permanente y se prepara para convivir. como con un inquilino demencial, en una atmósfera de pelea continua. Con el diálogo envenenado en los Fernández, una novedad ruidosa es que Máximo Kirchner resolvió explicitar sin eufemismos sus críticas al gobierno a la vez que el Presidente pasó de evadir a minimizar las batallas internas para empezar a entenderlas como un estorbo para su continuidad en el poder.

Alberto lo hizo: unió a Macri y Máximo

Alberto lo hizo: unió a Macri y Máximo

El Presidente se monta sobre un numerología veraz pero engañosa. De las cinco figuras más relevantes del FdT -los Fernández, Sergio Massa, Axel Kicillof y Máximo- es quien tiene mejores indicadores de imagen pero en un pelotón donde todos miden, +/- 60 puntos de negativa. Aquello del tuerto en el país de los ciegos. El plus, según entienden en el micro mundo albertista, es que tiene un margen para recuperar lo que tuvo alguna vez, pero que para que eso ocurra, además de mejorar la gestión, debe sumar una victoria interna frente al dispositivo K.

Por eso, en aquella plaza de Mayo del 17 de octubre, post remontada electoral, planteó el escenario de unas PASO donde se decidan todos los cargos. A 18 meses de la lejanísima primaria del 2023, Fernández hizo un primer movimiento sutil: enterró, antes de que nazca, el albertismo y habilitó que el armado oficial opere bajo el paraguas del peronismo, lo que llaman peronismo nacional. No es solo una cuestión de ismos ni, tampoco, el institucionalismo de ser jefe del PJ. Es una mecánica de poder. “La única forma de ganarle al kirchernismo es con el peronismo de todo el país”, puntualiza un operador que participa de mesas donde se planifican acciones en ese sentido.

Hay un detalle, no menor, en esa mutación. Quizá Fernández no se detenga en la semántica política, pero el albertismo emite la lógica de que es para sostener la continuidad de Alberto mientras el peronismo es más abarcativo y, de facto, puede prescindir de Fernández. Detrás de eso aparece un elemento disruptivo: la teoría del doble renunciamiento para que los dos Fernández, Alberto y Cristina, se corran de la escena, se aparten de la disputa presidencial para habilitar, irrupciones de figuras más nuevas y jóvenes mediante, una interna en la que su protagonismo sea menor.

Cristina ya se bajó una vez, en 2019, porque entendía que con ella como candidata, el espacio se arriesgaba a perder o, si ganaba se le dificultaría gobernar. Lo primero no ocurrió, lo segundo sí. A Fernández, que se topó con una oportunidad inimaginada, se le escurre un proceso que hasta hace meses se aceptaba en todo el FdT: que las chances del espacio para el 2023 necesitan imperiosamente que “Alberto llegue bien”. Ese mandamiento ya no está en la Biblia del oficialismo.

La PASO inevitable

Con posturas antagónicas y diferencias explícitas, en todos los campamentos del FdT perciben como inevitable la PASO del 2023 sobre la lectura de la imposibilidad de construir listas únicas pero, sobre todo, como táctica electoral sobre todo frente a Juntos que se mueve en esa dirección. Un dirigente bonaerense que charló hace días con Cristina Kirchner la escuchó decir -o dice que la escuchó decir- que la vice quiere primarias en todos los niveles. “Muchos candidatos en todos lados, en la provincia también”, le apunta a Axel Kicillof.

En paralelo, en el camporismo se abraza como certeza que Cristina volverá a ser candidata el año que viene. Como senadora nacional por Buenos Aires, como diputada, como vice o como presidenta. El tiempo dirá. La guerra fría del panperonismo, ese TEG futurista, sugiere un match en el plano candidaturas: Alberto y Cristina serán ambos candidatos a presidente -en una PASO-, o en tándem se correrán de esa pelea. Aparece, dicen en Gobierno, como una bala de plata cruzada, comodines que se anulan aunque no tengan las misma entidad.

Pero Cristina, dicen sin margen de error en el dispositivo K, estará en las boletas del 2023. Esa convicción entierra toda posibilidad que circularon algunos dirigentes de anticipar las elecciones en la provincia de Buenos Aires para despegarla de la nacional. “Imposible: si separás la elección, te quedás sin el nombre de Cristina en la boleta. ¿Quién quiere renunciar a los 30 puntos duros que garantiza ella?”, afirma un operador camporista. Formalmente es así: si se separa la elección de gobernador, todos los cargos nacionales quedan en otra fecha, incluso la de senadores.

La otra renuncia de Máximo

Antes de renunciar, por carta, el 31 de enero, Máximo Kirchner renunció dos veces, en la quinta de Olivos. Las dos veces frente a Alberto Fernández que le pidió que no lo haga. El diputado entendió como una traición que dos diputados recientes, Victoria Tolosa Paz y Leandro Santoro, se muevan en el bloque del FdT como voceros directos de Alberto. Los convocó, se los reprochó y luego le trasmitió la misma queja, renuncia mediante, al Presidente. Luego de unos días de descanso en el sur, se anunció lo del FMI, y se bajó de la jefatura del bloque, hecho que si no ocurría el 31 de enero, hubiese ocurrido en febrero o marzo, pero era inevitable.

Pero esa renuncia tuvo otro efecto, quizá más profundo, para el jefe de La Cámpora y el PJ: astilló feo la construcción que durante dos años hizo para presentarse, sobre todo ante el Círculo Rojo, como un dirigente confiable y sereno, el que cerraría la grieta. Hasta su carta de renuncia, el mensaje era transmitir que no tenía apuro, que su plan era el 2027. Tras la carta, todo quedó en el aire y la orfebrería para construir un estadista, se rompió. Queda, entonces Eduardo “Wado” De Pedro, que en una entrevista desde España marcó un perfil diferente al de Máximo y La Cámpora respecto al acuerdo con el FMI. De Pedro transitó el mismo tono, y el mismo término, que Kicillof: el acuerdo evita una catástrofe.

Es el acuerdo que enoja a Mauricio Macri, que se queja porque el FMI no le exigió más ajuste al gobierno de Fernández. El karma presidencial es que un sector de los propios lo critica por “ajustador” y el principal jefe de la oposición, dice que el Fondo lo protege porque fue muy laxo en el acuerdo.

PI

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