Viernes de rosca y agenda global: el Gobierno reactiva la mesa política en medio del raid de Milei
Con un viernes cargado de gestos políticos y viajes internacionales, el Gobierno pondrá en marcha la primera reunión del año de la mesa política de la Casa Rosada. El encuentro está previsto para la misma jornada en la que Javier Milei iniciará un raid que lo llevará por la noche al festival de Jesús María, al día siguiente a Paraguay para la firma del acuerdo con la Unión Europea y, luego, al Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza.
La incógnita central es si el Presidente estará presente en la reunión. Formalmente, no está confirmado. En la práctica, en Balcarce 50 dan por probable su participación, según indicaron fuentes oficiales a elDiarioAR. Milei suele alternar entre la presencia física y la conducción a distancia, pero el peso simbólico de este primer encuentro del año empuja a pensar en una señal de involucramiento directo.
La mesa política está integrada por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei; la senadora Patricia Bullrich; los primos Martín Menem y Eduardo Lule Menem; el ministro del Interior, Diego Santilli; y el asesor presidencial Santiago Caputo, además del jefe de Gabinete Manuel Adorni. Es, en los hechos, el núcleo donde se cruzan la gestión, el armado político y la estrategia electoral.
Que la mesa vuelva a reunirse en este momento no es casual. Con la “modernización laboral” en el horizonte inmediato, La Libertad Avanza busca ordenar prioridades en el inicio del año, con una agenda legislativa cargada que incluye las llamadas reformas de “segunda generación” y un clima político atravesado por negociaciones finas con gobernadores y bloques dialoguistas. La foto de unidad aparece como una necesidad en un contexto de hiperexposición presidencial.
Puertas adentro, la reunión también servirá para recalibrar roles.La mesa funciona, desde hace meses, como un delicado equilibrio entre sus piezas, con el Presidente como árbitro final. Si Milei se sienta o no este viernes será, en sí mismo, un mensaje. Su presencia reforzaría la idea de conducción directa en un año que empieza a correrse en clave 2027. Su ausencia, en cambio, confirmaría lo que se volvió un modus operandi: que el mandatario apuesta a seguir delegando la rosca cotidiana mientras concentra capital político en escenarios de alto impacto, con la certeza de que el núcleo duro del poder sigue alineado.
Esa estabilidad, sin embargo, no está exenta de tensiones. Pese a haber sido exitosa, la experiencia reciente de la negociación del Presupuesto 2026, con semanas de rosca fina en el Congreso, concesiones cruzadas y un delicado juego de presiones con gobernadores y aliados, dejó marcas puertas adentro del Gobierno. En la mesa política conviven miradas distintas sobre hasta dónde ceder y cómo administrar el vínculo con los sectores dialoguistas, pero esas diferencias permanecen en sordina, contenidas por una razón central: la conveniencia política de mostrar orden y cohesión en un año de alta exposición presidencial.
Por ahora, la interna se administra con pragmatismo. La mesa vuelve a reunirse con un objetivo concreto: alinear mensajes, bajar tensiones y definir qué batallas dar y cuáles postergar, en un contexto en el que cada movimiento del Presidente se amplifica dentro y fuera del país. La prioridad del oficialismo no es saldar diferencias, sino dosificarlas, más preocupado por evitar fisuras que por saldarlas públicamente.
PL/MG
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