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Este viernes

Milei va a Jesús María y pone en juego su discurso contra el gasto cultural

Javier Milei durante una recorrida de campaña por Córdoba.

Pedro Lacour

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El próximo viernes Javier Milei pisará por primera vez en funciones el Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María, en Córdoba. Será su debut político de 2026 en el interior del país y no ocurrirá en cualquier contexto ni en cualquier noche: eligió la más convocante del cronograma para buscar lo que en el oficialismo definen sin rodeos como un “baño de masas”. La provincia mediterránea vuelve a ser el escenario elegido para ese reencuentro, dos días antes de su viaje al Foro de Davos.

Lejos de la rigidez de los actos oficiales porteños, Milei apostará a una postal popular, cargada de simbolismo y con público afín. Jesús María no es solo folklore y doma: es campo, identidad productiva y un electorado que acompañó al libertario desde el inicio. No por casualidad, el Presidente vuelve a una provincia que fue decisiva en su consolidación política y que ya visitó en diciembre, durante el llamado “tour de la gratitud” tras la victoria legislativa de octubre.

Javier Milei durante su cierre de campaña en Córdoba.

Detrás de la visita aparece una arquitectura política clara. El interlocutor privilegiado del Presidente en Córdoba sigue siendo Gabriel Bornoroni, jefe del bloque de La Libertad Avanza en Diputados y operador central de los acuerdos con los sectores dialoguistas. Bornoroni será uno de los anfitriones de la noche y el encargado de contener la alta demanda política que despierta la presencia presidencial. Intendentes, legisladores y dirigentes nacionales quieren estar en una foto que inaugura el calendario político de 2026.

La comitiva, por ahora, confirma la presencia del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem. Está en duda que viaje Karina Milei, quien suele manejar este tipo de recorridas y cuya ausencia o presencia no es un detalle menor. Tampoco se descarta que llegue el jefe de Gabinete, Manuel Adorni. En el plano local estarán Bornoroni y una larga lista de referentes libertarios y aliados, mientras que sigue sin confirmarse la asistencia de figuras clave como Luis Juez o Rodrigo de Loredo.

Javier Milei en Córdoba, junto al gobernador Martín Llaryora. Esta vez no está previsto que se encuentren.

El operativo de seguridad, coordinado por Casa Militar, recibió una consigna precisa: cuidar la investidura sin encapsular al Presidente. La idea es permitir el contacto directo, las selfies, el saludo corto, la escena de cercanía. Milei quiere mostrarse cómodo en el territorio, en contraste con la imagen distante que proyectó en otras situaciones críticas, como en los recientes incendios en la Patagonia.

Pero la visita tiene también una lectura interna inevitable. Jesús María fue, en las últimas ediciones, territorio de alta visibilidad para la vicepresidenta Victoria Villarruel. La decisión de Milei de ocupar ahora ese escenario, sin agenda compartida con el gobernador Martín Llaryora, no pasa desapercibida en una provincia donde las tensiones con la Casa Rosada siguen latentes.

Javier Milei y Victoria Villarruel, en tiempos felices.

Hay, además, una contradicción política difícil de esquivar. Durante los primeros meses de su gestión, Milei fue uno de los críticos más duros del financiamiento estatal de los festivales populares. Jesús María, sin embargo, aparece ahora como una excepción al dogma. El intendente Federico Zárate y Bornoroni trabajaron para convencer al Presidente de que se trata de un festival superavitario, con destino a una ONG y con impacto económico concreto: 30 millones de dólares de derrame en la última edición, un millón en Ingresos Brutos para la Provincia y tres millones en IVA para la Nación.

La pregunta que sobrevuela la noche es inevitable: ¿dirá algo Milei sobre este modelo? ¿Lo destacará como ejemplo de “buen gasto” o evitará el tema para no abrir una fisura discursiva con su prédica contra el Estado? En el entorno presidencial no lo descartan. Saben que cada palabra será leída en clave política, especialmente en Córdoba, donde Llaryora defiende el rol activo del Estado en la promoción cultural y el turismo como generadores de empleo.

PL/MG

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