Milei vuelve a Davos con la intención de consolidarse como referente de la derecha regional
A menos de una semana de su viaje a Suiza, Javier Milei termina de definir el discurso que pronunciará en el Foro Económico Mundial de Davos, el tercero desde su llegada al poder. No será una novedad ni un experimento: en la Casa Rosada admiten que el Presidente volverá con una hoja de ruta conocida, pero con una ambición ampliada. Esta vez, el objetivo no es solo incomodar al auditorio ni reforzar su identidad libertaria, sino ordenar un espacio ideológico y proyectarse como referente regional de una derecha liberal y conservadora en ascenso.
El mandatario partirá el domingo 18 de enero para participar del encuentro que se desarrollará entre el 19 y el 23 bajo el lema “Un espíritu de diálogo”. Será su primera gran aparición internacional de 2026 y viajará acompañado por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el canciller Pablo Quirno. Antes, hará una escala política doméstica: el 16 visitará Córdoba para participar del Festival de Jesús María, en una señal de que la agenda externa no se desacopla del frente interno.
En su exposición en Davos, Milei insistirá en la defensa irrestricta del libre mercado, la propiedad privada y el sistema capitalista, pero el mensaje tendrá un tono más explícitamente cultural y político que económico. “El Presidente va a plantear la necesidad de que el mundo occidental recupere el sentido común”, deslizó una fuente con acceso directo a Balcarce 50. En ese marco, volverán a aparecer la reivindicación de la familia, las tradiciones y la crítica a lo que el oficialismo define como los excesos del progresismo global.
El sesgo “anti-woke” no será un subproducto del discurso, sino uno de sus ejes centrales. Cerca del Presidente explican que Milei concibe Davos como una plataforma estratégica para proyectar sus ideas a escala global y consolidar una identidad internacional que lo diferencie de los consensos moderados que históricamente dominaron el foro. No se trata solo de defender un programa de ajuste o exhibir resultados fiscales, sino de dar una batalla cultural en un escenario global.
Ese posicionamiento no es nuevo. En su primera intervención en Davos, Milei sorprendió al auditorio con un discurso frontal contra el colectivismo, el intervencionismo estatal y las agendas identitarias, a las que responsabilizó por el estancamiento económico y la crisis de valores en Occidente. Aquella exposición lo colocó rápidamente en el centro de la conversación internacional, con aplausos, críticas y una repercusión que excedió largamente el ámbito económico. En el Gobierno consideran que ese discurso marcó un punto de inflexión en su proyección global. El de este año, aseguran, busca ser continuidad y profundización, no repetición.
Ese antecedente incluye también uno de los momentos más controvertidos de su paso por el foro. En su intervención del año pasado, algunas formulaciones del Presidente en el marco de su crítica a las políticas de diversidad sexual fueron interpretadas como una equiparación entre la homosexualidad y la pedofilia, lo que desató una ola de repudios de organizaciones de derechos humanos y dirigentes políticos que derivó en una masiva marcha a Plaza de Mayo. En la Casa Rosada relativizaron entonces el alcance de esas expresiones y hablaron de una “operación de tergiversación”, pero el episodio dejó en claro hasta qué punto Davos amplifica cada palabra y convierte el discurso libertario en un hecho político global, tanto por adhesión como por rechazo.
En ese marco se inscribe también el guiño explícito a Donald Trump. Milei no oculta su respaldo a la figura del líder republicano ni su intención de alinearse con su visión sobre el escenario internacional, incluida la situación en Venezuela. El mensaje que busca transmitir es claro: Trump como mandamás global de un nuevo orden conservador-liberal y él mismo como su principal referencia en América Latina.
El Presidente incluso podría retomar en su discurso la idea de convocar a una cumbre regional de líderes de derecha, una iniciativa que ya había mencionado en ediciones anteriores del foro y que ahora vuelve a cobrar sentido ante el avance de gobiernos y fuerzas afines en la región. Entre los dirigentes que Milei ha mencionado como posibles participantes figuran el chileno José Antonio Kast, el boliviano Rodrigo Paz, el ecuatoriano Daniel Noboa, el paraguayo Santiago Peña, el salvadoreño Nayib Bukele y el peruano José Jeri.
El desafío de Milei será transformar el impacto discursivo en capital político duradero. El foro ofrece visibilidad, pero también expone a quienes deciden salirse del libreto tradicional. El libertario parece cómodo en ese terreno. Con esa lógica viajará a Suiza. No para moderar el tono ni para buscar consensos amplios, sino para reafirmar una identidad y ensayar un liderazgo. En un mundo atravesado por tensiones geopolíticas y disputas culturales, Milei apuesta a que Davos vuelva a ser el escenario donde la Argentina no solo participe, sino que marque posición.
PL/MG
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