Un celular viejo y remendado, los vidrios rotos y ningún policía identificado: así es la Comisaría de la Mujer de Rojas

El dibujo de Úrsula rodea a la Comisaría de la mujer de Rojas.

Un policía y una policía mascullan bajito en la puerta de la Comisaría de la Mujer de Rojas, el pueblo en el que vivía Úrsula Bahíllo antes de ser víctima de femicidio. Dicen "periodista" y dicen "Buenos Aires" y ponen la voz en el volumen de tener una conversación normal para asegurar que esa dependencia está abierta las 24 horas de todos los días del año. Que se toman todas las denuncias. Que lo que no está disponible los fines de semana es el Juzgado de Paz al que algunas de esas presentaciones son derivadas, y que eso fue lo que se le explicó a Patricia Nasutti, la mamá de la víctima, luego de que ella sostuviera que no le habían dado lugar a una denuncia de su hija por ser sábado.

Ninguno de los dos viste una placa que identifique sus nombres, y hablan con la puerta de la comisaría entrecerrada. Es la esquina de Muñoz e Hipólito Yrigoyen, a dos cuadras de la plaza principal del pueblo, y alguien pegó un dibujo de la cara de Úrsula por encima del cartel que avisa que allí funciona la Comisaría de la Mujer. Algunos vidrios están rotos: fueron apedreados este lunes, luego de que se supiera que Bahíllo había sido asesinada por Matías Ezequiel Martínez, policía bonaerense con licencia psiquiátrica. El agresor también había sido denunciado por Belén Miranda, otra ex pareja: por amenazas, por violencia y por violar a una sobrina suya de 14 años y con discapacidad.

"Interina, jefa interina", aclara Graciela Peralta apenas aparece en la puerta de la dependencia policial. Ese era su cargo antes de que la comisaría fuera intervenida por orden del ministro de Seguridad de la Provincia, Sergio Berni. De adentro de las oficinas, adornadas con cortinas del violeta que representa la lucha contra la violencia de género, trae un teléfono celular: es un Nokia 5130, un modelo lanzado en 2007, previo a cualquier aplicación de mensajería instantánea y que, en este caso y según Peralta, sólo recibe llamadas. Las partes en las que el teléfono se fue rompiendo están agarradas entre sí con idas y vueltas de cinta scotch. "Este es el teléfono que tenemos para tomar las denuncias", describe la funcionaria.

No es posible comunicarse con el teléfono la Comisaría de la Mujer de Rojas gratis. Hay que tener teléfono fijo o crédito en el celular. "A mucha gente le fui dando mi celular personal y ahí piden ayuda porque pueden mandar WhatsApp", describe Peralta. En su teléfono reproduce un audio: una vecina necesita que la asistan porque la increpa una pareja en la puerta de su casa. El audio llegó en un horario de un día en el que Peralta estaba en servicio y su teléfono estaba cargado: la vecina obtuvo respuesta.

"Le avisamos a la comisaría general que mandaran un móvil. En general hacemos eso cuando nos parece que puede necesitarse un móvil y la comisaría si puede manda -Peralta no puede responder a elDiarioAR sobre cuál puede ser la demora de ese patrullero-. Nosotros acá no tenemos móviles propios. Algunas veces hemos ido con nuestros autos, pero no hay uno que tengamos disponible para cuando piden auxilio acá a la comisaría", describe Peralta. Para recurrir a la Comisaría de la Mujer de Rojas hay que tener teléfono fijo, crédito en el celular y un escenario no tan urgente ni peligroso: que alcance el tiempo para que, en caso de poder, vaya un móvil de la comisaría central o, en caso de no poder, el resultado no sea tan grave.

Según publicó Clarín este jueves, la titular del área Mujer, Género y Diversidad de este pueblo, Carolina Olivera, sostiene que a esa dependencia de la municipalidad llegan entre 10 y 15 denuncias semanales por situaciones de violencia. Es una de las estadísticas más o menos informales sobre cómo la violencia de género opera en Rojas.

También opera desde las instituciones: con juzgados que demoran denuncias, teléfonos de difícil acceso y recursos insuficientes ante el peligro inminente. Pero con las cortinas adecuadas.

JR

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