El chalet “estilo Mar del Plata”, patrimonio de remate en La Feliz

Según inmobiliarias de la zona, un chalet de 150 metros cuadrados se vende a entre 220.000 y 250.000 dólares blue en barrios como Los Troncos o Stella Maris.

La primera reacción es pensar en el Casino Central y en el Hotel Provincial, esos dos edificios de ladrillo a la vista y techos de tejas azules que pensó Alejandro Bustillo para que protagonizaran la rambla marplatense y casi cualquier postal de la ciudad balnearia más importante de la Argentina. Y sin embargo, al pensar en el patrimonio arquitectónico y urbanístico de ese pedazo de tierra que se ganó un apodo como “La Perla del Atlántico”, hay un nombre que pasa más desapercibido: el del romano Alula Baldassarini.

Baldassarini fue agrimensor, ingeniero y, también, el inventor de un paisaje. Fue él el que impulsó el uso de la piedra que grisácea que reviste los frentes de miles de chalets marplatenses. Su uso, también en el interior de las casas, se generalizó tanto en la ciudad que el material se conoce popularmente como “piedra Mar del Plata”. En el frente de cientos de esos chalets, en barrios cercanos a la costa como Los Troncos, Stella Maris o La Perla, se reproduce un cartel: “Se vende”.

“El chalet marplatense es un producto de exportación. Es un diseño derivado de las grandes mansiones pintoresquistas llevadas a una escala doméstica, con un living, dos habitaciones y un lugar de paso que distribuya todo eso. Mar del Plata ha inspirado este tipo de construcciones en distintos lugares del país. Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires son algunos de esos lugares”, describe Graciela Di Iorio, arquitecta y presidenta de la Asociación Amigos de la Casa sobre el Arroyo, un emblema arquitectónico de la ciudad.

“Si ves fotos aéreas de Mar del Plata, donde predominan estos chalets también predomina lo verde de sus parquecitos, a comparación con las zonas donde hay más edificios. Cuando hablamos de parquecitos, en un contexto en el que las ciudades se hormigonan cada vez más, hablamos de la calidad de vida de esa ciudad. Los chalets pueden ser patrimonio arquitectónico y también patrimonio ambiental. Entonces, ante tanta venta de estas casas, es un buen momento de pensar si no estamos en peligro de matar a la gallina de los huevos de oro, porque podemos estar destruyendo una singularidad de la ciudad y convirtiéndola en otra ciudad, igual a tantas otras, y también estamos disminuyendo la calidad de vida”, suma Di Iorio.

Guillermo Barrera encabeza la inmobiliaria Barrera Propiedades que abrió su padre hace sesenta años. Es una de las que vende casas en barrios como Los Troncos, Stella Maris y Chauvin. Según estima, un chalet de 150 metros cuadrados -y el lote- se vende a entre 220.000 y 250.000 dólares (blue, si se los cotiza en pesos).

“Lo que ocurre en esas zonas de la ciudad es que no hay lotes disponibles, entonces por un lado mucha gente compra casas viejas a las que costaría mucho actualizarles el diseño y las tiran abajo para construir de nuevo. También, en las zonas en las que está permitido, se compran casas para tirarlas abajo y construir un edificio de la altura que esté autorizada. Hay gente que compra y recicla el chalet, pero ahora mismo lo que más ocurre es que hay construcción, o de una casa nueva o de un edificio”, describe Barrera. “En los últimos años no registro grandes modificaciones a los códigos que determinan qué se puede construir en cada calle”, suma.

En esos barrios donde los chalets cada vez abundan menos cambió la composición de quiénes los habitan. “Hace veinte años el 80% de las casas pertenecían a gente de Buenos Aires, y el 20%, a marplatenses. Eso se revirtió y ahora mismo los marplatenses redescubrieron esas zonas para vivienda de todo el año, cuando antes pasabas y las casas estaban casi siempre cerradas, excepto en verano”, describe Barrera. Entre quienes le consultan para comprar una propiedad -a veces un chalet, a veces un departamento en el centro- predominan dos grupos: “Todos en algún momento de la vida quieren venir a vivir a Mar del Plata. Recibimos muchas consultas de personas que se están jubilando, o aún más mayores, y también de marplatenses que forman su familia y buscan un lugar en el que instalarse”, explica.

“Se aceleró el cambio del paisaje marplatense en los últimos años. De los 90 para acá, pero sobre todo en la última década, los chalets sobre la costa, que eran una postal de la ciudad, fueron quedando cada vez más encerrados entre edificios porque otros chalets eran demolidos para edificar. La costa es la fachada de la ciudad, pero ese mismo proceso ocurre también al interior del territorio en las zonas perimetrales de las arterias comerciales”, describe Lorena Sánchez, doctora en Arquitectura, investigadora del Conicet y especialista en historia urbana y preservación de patrimonio.

“El cambio de paisaje es multifactorial: vinieron generaciones que ya no pueden mantener esos chalets, y tampoco tenemos una protección extendida en la ciudad respecto de qué se puede construir o no construir en áreas de valor. Los bienes que se protegen se determinan de forma individual, casa por casa, y no en términos de proteger una zona”, suma Sánchez. En Mar del Plata existe el Código de Ordenamiento Territorial que, entre otras cosas, delimita hasta qué altura se puede construir en cada zona. “Se actualiza todo el tiempo, está como emparchado”, explica la investigadora del Conicet.

Según Sánchez, “es poca la gente que gestiona la protección patrimonial a través del municipio, porque el rédito que genera la venta de un chalet que ya está enmarcado entre dos torres es tan alto que resulta mucho más tentador que un salvataje cultural”.

Jorge Luis González es secretario de Obras y Planeamiento Urbano del Municipio de General Pueyrredón, del que Mar del Plata es epicentro. “En zonas como Los Troncos, Chauvin o Stella Maris predominan las arterias en las que se puede construir una o dos viviendas por lote y de planta baja o hasta de un piso más. En la zona más cercana a calles comerciales eso puede crecer hasta los cuatro o cinco pisos”, describe el funcionario.

“Intentamos preservar el chalet marplatense. En octubre de 2020 se mandó un proyecto al Concejo Deliberante que buscaba incentivar la construcción. Fue aprobado en mayo de 2021 y se hicieron correcciones muy chiquitas respecto de alturas para construir. Pasamos, en alguna zona, de permitir edificios de planta baja y tres pisos a planta baja de cuatro o cinco, no hubo mayores correcciones”, destaca. Consultado sobre la superficie de la ciudad que sufrió algún cambio de ese tipo, responde: “Mar del Plata tiene 8.800 manzanas de ejido urbano, se habrá corregido el 1%. Las ciudades se mueven, crecen, van apareciendo otros usos del territorio y da más certidumbre a los desarrolladores que quieran venir tener actualizado el código según esas necesidades”.

“Mar del Plata siempre fue una ciudad muy cambiante. Alcanza pensar que sólo en sus primeros 50 años de existencia las ramblas cambiaron 5 veces, y que en los 70 fue el lugar donde más metros cuadrados se construían en el mundo. Siempre es momento para mirar la ciudad y pensar qué hay que hacer para preservar valores. No congelando la ciudad, que es un organismo vivo, pero sí preservando su singularidad. No creo que todo lo antiguo se pueda y deba conservar, pero sí creo que se debe pensar en cómo cuidar aquello que habla de nosotros. Sería una pena perder las zonas homogéneas de chalets”, explica Di Iorio.

Si bien Mar del Plata cuenta con un Código de Ordenamiento Territorial, existen los “casos de excepción”. “En la costa se puede construir entre siete y ocho pisos, pero después pueden aparecer casos particulares, por la superficie de terreno que tienen o por una ordenanza que les permita pedir la excepción. El Ejecutivo opina sobre ese pedido de excepción y el Concejo aprueba o no”, describe. 

Ante la consulta sobre cuántos trámites de excepción se piden en promedio por año, responde: “No tengo el dato a mano. Destacables serán tres o cuatro”. Dos ejemplos de excepciones: el arquitecto César Pelli diseñó un grupo de tres edificios que superan los veinte pisos de altura. Sobre lo que era el chalet costero de Mariano Mores se construye una torre de planta baja y 21 pisos. Desde la playa, esos edificios se interponen entre el atardecer y quienes estén en la arena.

“El chalet no va a cambiar, se va a preservar. Ya no quedan chalets en la costa, y en zonas como Los Troncos o Stella Maris no hay demanda de los desarrolladores”, asegura el funcionario municipal.

“El problema es que muchas veces no se valoran justamente los valores de algún paisaje urbano. Los chalets estilo Mar del Plata suman un valor ambiental, paisajístico, patrimonial, si se tiene en cuenta lo nobles que son los materiales con los que están construidos. Mar del Plata es un destino de sol y playa pero también tiene una imagen cultural y constructiva dada por esos chalets. Esta es una ciudad muy mutante, que cambia mucho, y esos chalets son una identidad de la que agarrarse”, define Sánchez.

JR

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