¿Cuánto tiempo puedo dejar a mi gato solo?

¿Se puede dejar a un gato solo en casa?

Eva San Martín


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Ni ariscos ni tan independientes como los pintan. El estereotipo de que los gatos son seres que requieren menos cuidados, tiempo o atenciones que los perros no es, ni mucho menos, cierto. Y sabemos, gracias a la ciencia, que los gatos nos quieren, y que lo pasan mal cuando no estamos, igual que sus compañeros perrunos.

Esto nos lleva a la pregunta de cuánto tiempo podemos dejar solos a nuestros gatos en casa; una duda muy repetida en las consultas de comportamiento felino; sobre todo, cuando se acerca el momento de planear un viaje, una escapada de fin de semana, incluso unas vacaciones.

Los gatos también sufren cuando se quedan solos

Pues bien: el tiempo que nuestra bola de mimos preferida debería quedarse sola en casa puede que no sea tan extenso como pensábamos. Primero porque los gatos sufren ansiedad cuando se quedan solos, igual que los perros.

De hecho, según un estudio de la Universidad Juiz de Fora, de Brasil, publicado en la revista científica PLOS ONE, uno de cada diez gatos padece ansiedad por separación, y sufre de manera notable cuando su familia humana sale de casa.

Aclarado: los gatos tienen necesidades emocionales y sociales; además, nos quieren, y mucho, y sufren cuando se quedan solos durante un periodo largo de tiempo. 

¿Cuánto tiempo puede estar mi gato solo en casa? 

El anteproyecto de ley de protección y derechos de los animales del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 (que sigue, desde octubre, pendiente de aprobación), establece que un gato no se podrá quedar solo, sin supervisión, durante un máximo de tres días; aunque reduce el plazo a un máximo de 24 horas en el caso de los perros. 

Pero muchos expertos en comportamiento felino coincidimos en aconsejar que los gatos no se queden solos en casa, sin supervisión, más de 24 horas. Así, el plazo máximo que la futura ley de derechos de los animales establece para los perros, sería ideal también para los gatos.

Puede que nos tiente dejar a nuestro camarada de ronroneos solo, con el cuenco de comida lleno y un plato de agua, y aventurarnos a pasar el fin de semana lejos de casa. Total, no tiene que salir de paseo, y puede desalojar su vejiga en el arenero. El problema es que no es tan sencillo, y esta ausencia larga puede comprometer la salud de nuestro querido amigo.

Por un lado, porque los gatos pueden comer en exceso por culpa de la ansiedad, y atiborrarse, algo que veo a diario en mis pacientes gatunos; y hasta hacerse daño; así que cerrar la puerta y cruzar los dedos, no resulta una buena idea.

O puede que nos preguntemos si un comedero automático para nuestro gato, que dispensa una cantidad de comida determinada a ciertas horas del día, nos resuelve el dilema. No necesariamente: los comederos automáticos a veces fallan, o se estropean.

Además, no solo se trata de comer y beber: puesto que queremos a nuestros gatos, y mucho, cada vez nos preocupa más su salud emocional. Si nuestro gato lo pasa mal cuando no estamos en casa durante una ausencia prolongada, puede que nos lo muestre con algunos síntomas de ansiedad emocional.

Entre ellos, con vómitos, pérdida de apetito, diarrea y hasta puede que nuestro amigo deje de utilizar su arenero por culpa de la ansiedad, como veo en muchos gatos a los que visito en su entorno doméstico.

Entonces, ¿mi gata necesita alguien que la cuide cuando no estoy?

Eso es. Si planeamos pasar unos días fuera de casa, lo ideal es pedir o contratar a alguien que cuide de nuestros gatos mientras que no estamos.  Alguien que eche un vistazo a nuestros amigos peludos, al menos, una vez al día; mejor aún, cada 12 horas.

Puesto que los gatos pueden tener miedo de las personas que no conocen, lo ideal es que contemos o contratemos a alguien familiar, que nuestro amigo gatuno ya conozca y, mejor todavía, al que le gusten los gatos tanto como a nosotros.

Lo ideal es que, además, este cuidador o cuidadora le ponga la comida a nuestros compañeros maulladoras a las mismas horas que solemos hacerlo nosotros, para no romper sus rutinas. Y, si suele tener miedo de las personas que no conoce, es extraño pedirle que juegue con nuestro amigo.

Aún así, nuestro adorable compañero peludo agradecerá que, al menos, se ocupe de sus necesidades más básicas; esto es, de llenar el cuenco de comida, cambiar el agua, y asegurarse de que está fresca, y de que su arenero (mejor, varios areneros) estén limpios.

Y esta persona siempre puede quedarse un rato en casa, sentarse y leer, hablar con cariño a nuestro gato; o sencillamente, proporcionar a nuestro amigo bigotudo la típica presencia humana, sentándose en el sofá, viendo un rato la tele o consultando su teléfono.

Lo importante: recordarle que interactúe con nuestro querido compañero según sus propias reglas gatunas; y al ritmo que él o ella marque. Y hay gatos que incluso prefieren que el cuidador se quede en casa a dormir; pero eso depende mucho de cada felino. Ya lo vemos: ellos nos echarán de menos, pero sabremos que están cuidados y atendidos. 

ESM

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