Aborto legal: historia de un reclamo que lleva medio siglo en la Argentina

Las referentes históricas de la Campaña Nacional festejaron la media sanción en 2018.

Era 1973 y el volante decía: “El embarazo no deseado es un modo de esclavitud. Basta de abortos clandestinos. Por la legalidad del aborto. Feminismo en marcha”. Lo repartían integrantes de la Unión Feminista Argentina (UFA): es que hace casi 50 años la legalización del aborto ya estaba en la agenda de las agrupaciones de mujeres que luchaban por ampliar sus derechos.

La legalización de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) que este jueves empezará a tratarse en la Cámara de Diputados tiene un largo recorrido histórico en el país. Alcanza con decir que la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito presentó 8 veces su proyecto de ley ante el Congreso: la última vez fue este año y la vez anterior fue en 2018, cuando la iniciativa alcanzó media sanción antes de ser rechazada por el Senado. Pero esos son los últimos capítulos disponibles de una serie que está en pleno desarrollo y que empezó a formalizarse en los años setenta.

Es que después de que la UFA repartiera esas consignas, en 1975 se creó el Frente de Lucha por la Mujer, integrado por feministas que también reclamaban aborto legal y gratuito. Hacia los setenta, e incluso antes, la psicoanalista Martha Rosenberg fue una de las que empezaron a luchar por esa legalización. “Empecé trabajando con niños, madres y familias, y siempre que surgió el momento de plantearse la maternidad vino a colación el tema del aborto. La decisión del aborto forma parte de la vida de cualquier mujer héterosexual en nuestra sociedad porque está relacionada con el ejercicio de la sexualidad”, dice, y suma: “No hay que pensar que el aborto es un acto sin significación sobre cada biografía: queremos que las mujeres, cuando abortan, puedan inscribirlo en su biografía, sin tener que esconderse ni callarse”.

La lucha que empezó hace casi medio siglo no paró durante la dictadura pero volvió a hacerse bien visible tras la recuperación de la democracia. Enseguida, porque el primer Día Internacional de la Mujer tras el restablecimiento del Estado de derecho hubo volantes manuscritos que decían “No queremos abortar. No queremos morir de aborto” y hubo mujeres que cantaron “Qué destino, qué destino, muere una mujer por día por aborto clandestino” en una manifestación.

“Ya hacia finales de los ochenta y principios de los noventa muchas mujeres nos incorporábamos a movilizaciones que exigían la legalización, pero eran todavía muy menguadas, muy limitadas respecto de la masividad de hoy. Lo que pasa es que, a medida que el derecho a abortar se extendió en los países europeos, aquí y en toda Latinoamérica se reposicionaron los que se enfrentan a este derecho, como si dijeran ‘por acá no van a pasar’. Y ante eso, el movimiento fue creciendo”. Lo dice Dora Barrancos, socióloga feminista, asesora ad honorem de la Presidencia y ex integrante del directorio del Conicet.

“La gestación no puede ser producto de una contingencia, sino que tiene que tener la convicción del compromiso del maternaje. Maternar no tiene solución de continuidad, entonces no debe ser algo trivial sino profundamente entrañado”, reflexiona la socióloga, que se incorporó a las manifestaciones a favor de la legalización a fines de los ochenta, cuando ya se llevaban a cabo encuentros anuales organizados por la Asociación de Trabajo y Estudio sobre la Mujer (ATEM). Fue en ese contexto que hacia 1987 se promovió la creación de la Comisión por el Derecho al Aborto, formalizada en marzo de 1988. La integraban abogadas, médicas, enfermeras y antropólogas, entre otras mujeres. El nombre de ese cuerpo era una primera vía para sacar al aborto del silencio: desde el principio estaba nombrado.

A fines de los ochenta y principios de los noventa esa comisión juntó firmas para que el aborto fuera legal, editó revistas sobre el tema y organizó charlas y debates. Fue también la organización que, en 1992, presentó por primera vez ante la Cámara de Diputados un anteproyecto que preveía, entre otras cosas, la legalización del aborto hasta la semana 12 de gestación.

Mientras tanto, hacia 1991 ya se había creado el Foro por los Derechos Reproductivos, que integró a la vez la organización Mujeres Autoconvocadas para Decidir en Libertad (MADEL). Esa agrupación fue clave para enfrentarse -y ponerle un límite- a la intención del gobierno de Carlos Menem, que en la reforma constitucional de 1994 quería incluir una expresión en “defensa de la vida humana desde la concepción”. En el texto se modificó “concepción” por “embarazo”, algo que la Iglesia católica -históricamente en contra de que el aborto salga de la clandestinidad- leyó como una derrota.

El Encuentro Nacional de Mujeres de Rosario, en 2003, fue clave para aglutinar a las mujeres que formaban parte de la Asamblea por el Derecho al Aborto, creada un año antes. El taller organizado para debatir la legalización del aborto no sólo involucró a más de 300 mujeres de todo el país sino que puso en marcha una manifestación por las calles rosarinas en la que por primera vez el pañuelo verde se mostró como símbolo de la lucha por ese derecho: lo había propuesto la organización Católicas por el Derecho a Decidir.

Como respuesta a esa convocatoria aglutinante, en 2005 se lanzó formalmente la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito: en el arranque lo integraban 70 organizaciones de toda la Argentina; ahora son alrededor de 600. Esa es la organización que, desde 2007, presentó 8 veces su proyecto de legalización de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, y la que le sirve de columna vertebral no ya al proyecto que se votará, que esta vez fue enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso, pero sí a esa marea verde que este jueves encabezará, otra vez, la lucha por un derecho en las calles.

“Nosotras sostenemos nuestro proyecto. Lamenté que el Presidente no hubiera sustentado directamente el nuestro, porque había manifestado su adhesión en época pre-electoral, pero entiendo la fuerza que da el hecho de que lo presente el Poder Ejecutivo, que es también el bloque mayoritario”, explica Rosenberg, integrante desde los inicios de la Campaña Nacional. La inclusión de la objeción de conciencia en el proyecto oficialista enciende sus alarmas: “Ojalá los legisladores se den cuenta de que la herramienta de la objeción de conciencia es la puerta de entrada, en la experiencia histórica, al incumplimiento de la ley”.

Nina Brugo, que desde 1986 participa de cada Encuentro Nacional de Mujeres, tiene 71 años y forma parte de la Campaña Nacional, suma: “El aborto legal implica el derecho de las mujeres a decidir, a ser libres y autónomas. Y es también una cuestión de salud pública. En este momento, los hospitales atienden las complicaciones de un aborto inseguro y clandestino, cuando gestionar un aborto seguro es mucho más simple, económico y deja de lado lo traumático de esconderse”.

El epicentro, la casa matriz de la lucha, será en Rivadavia y Callao, pero la onda expansiva ya rebota en todo el país: en redes sociales y en las manifestaciones que están previstas durante toda la sesión de la Cámara Baja.

“Legalizar el aborto significa que las mujeres manejemos nuestra reproducción y que ya no nos mantengan en un rol de tanta sumisión en el que quedan en riesgo nuestra autonomía y nuestra libertad. La legislación actual nos obliga a caer en el delito o a cambiar nuestros proyectos de vida”, lo dice Nelly Minyersky, que tiene 91 años, es abogada, y trabajó en la redacción de los sucesivos proyectos de ley que la Campaña Nacional presentó ante el Congreso. 

El espíritu de la lucha de la que es referente es claro: “Ya no puede tolerarse que una mujer deba elegir entre la cárcel y la vida, es algo muy cruel por parte del Estado y de la sociedad. Cuando se amplían derechos no se obliga a nadie a hacer lo que no quiere, pero no se puede seguir obligando a una mujer a que viva una vida que no es la que quiere”.

Adentró del recinto habrá 255 diputados. Afuera, medio siglo de lucha colectiva.

JR

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