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La infraestructura petrolera llevará al mundo a un calentamiento incontrolable

La emisión de carbono es una de las causas del calentamiento global.

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La infraestructura hidrocarburífera que hoy está en pie alcanza para producir emisiones de gases de efecto invernadero suficientes para empujar un calentamiento superior al de 1,5 C, lo que provocará un mundo mucho más inestable e impredecible del que vemos ahora, afectando tanto para las sociedades humanas como para el resto del mundo vivo.

Esto es lo que se desprende del nuevo informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), el grupo de expertos científicos que bajo los auspicios de la ONU revisa la última literatura producida sobre cambio climático. Este examina las tendencias actuales de las emisiones, los niveles proyectados de calentamiento futuro y cómo hacer la transición a una economía baja en carbono con el fin de limitar el calentamiento global a 1,5°C para 2100.

El mensaje que surge es que todavía no todo está perdido. Pero evitar los peores escenarios significa poner un freno de mano ya en todos los desarrollos de petróleo, gas y carbón, así como poner fin a la deforestación, que es otra de las fuentes importantes de gases que cambian el clima. En menos de 8 años, es necesario reducir al 48 por ciento la cantidad de gases que atrapan el calor del sol en la atmósfera y que transforman a todo el planeta.

Pero la tendencia actual está, sin embargo, muy lejos de garantizar un mundo con un calentamiento más o menos controlado, que evite que se desaten efectos en cadena, que sean muy difíciles de detener o de reparar. En la trayectoria en la que nos encontramos hoy, vamos rápidamente hacia a un calentamiento de 3,2 C por encima de los niveles preindustriales. Con las promesas de reducciones hechas individualmente por cada país en el marco del Acuerdo de París, el panorama no es tanto mejor. El aumento sería de 2,8C.

Por eso, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, dijo: “Algunos líderes gubernamentales y empresariales están diciendo una cosa y haciendo otra. Simple y llanamente: están mintiendo. Y los resultados van a ser catastróficos”.

“Los principales emisores no están adoptando las medidas necesarias para cumplir tan siquiera estas promesas insuficientes. A veces se tacha a los activistas del clima de radicales peligrosos. Pero los radicales que plantean un verdadero peligro son los países que están aumentando la producción de combustibles fósiles.Invertir en nuevas infraestructuras de combustibles fósiles es una locura moral y económica”, agregó.

Vale recordar que la temperatura ya subió 1,2C grados respecto de la era preindustrial, cuando se empezaron a emitir gases provenientes de combustibles fósiles, que alteraron la composición física y química de la atmósfera de manera radical. Esto ya provocó efectos irreversibles en los polos, los mares y los continentes, mientras que ya no hay personas en el mundo que no hayan experimentado los efectos del cambio climático.

Pero con un redireccionamiento de inversiones y la electrificación de la economía -desde la generación de energía, el transporte al uso residencial para calefacción y cocina- es todavía matemáticamente posible evitar los peores escenarios. La buena noticia es que la disminución del costo de la generación renovable ha caído abruptamente: 85 por ciento en el caso de la energía solar y 55 por ciento para la eólica.

“Tenemos suficiente capital y liquidez para cerrar la brecha de inversión y proporcionar la inversión necesaria en la transición, con flujos de financiación públicos y privados para combustibles fósiles aún mayores que los de la adaptación y mitigación del clima”, señala el informe, que agrega que se ha exagerado la narrativa de que es muy caro cambiar el paradigma energético, porque no se tiene en cuenta los graves daños que causan desastres como incendios incontenibles, inundaciones, sequías, pérdidas de líneas de costa, etc.

A partir de los años 90, cuando ya había certezas casi absolutas de que la temperatura estaba subiendo por la quema de los combustibles fósiles, se produjo el 42 por ciento de los gases que ahora nos condenan a un calentamiento seguro. Y después de que se firmaron pactos internacionales, entre ellos, el mismísimo Acuerdo de París, la tendencia tampoco cambió. Sólo entre 2010 y 2019, se había acumulado un 17% de gases en la atmósfera.

O sea, que tanto la ciencia como lo negociado por el mundo entero, poco importó. Entonces, llegamos a la situación que estamos hoy. Con toda la infraestructura que ya existe, hay una capacidad para emitir 660 Gigatoneladas de Carbono (GTN). Ese número oscuro cobra relevancia cuando se lo compara con la cantidad de gases que se pueden emitir para llegar a 1,5 C, lo que comúnmente se denomina como “presupuesto de carbono”: 510 GTN. 

Esta es una clara señal de que no podemos seguir expandiendo la frontera hidrocarburífera como se proyecta, por ejemplo en la Argentina, en Vaca Muerta, que tiene uno de los tipos de petróleo y gas más contaminantes, y los desarrollos offshore en el Mar Argentino.

Si hay realmente voluntad de detener el calentamiento en 1,5C, el primer combustible en pasar a la historia debe ser el carbón, que no puede pasar de 2030, luego el petróleo, que debe registrar una reducción de 60 por ciento en 2050 y el gas, que para esa misma fecha podrá usarse en un 70 por ciento menos. Esto supone que todas las inversiones que se realicen en el sector podrán valer cero a medida de que se acelere la descarbonización.

El propio Guterres lo subrayó en su discurso: “Estas inversiones pronto serán activos varados, una mancha en el paisaje y una ruina en las carteras de inversión”.

Ni las grandes compañías de energía ni los gobiernos pueden recostarse mucho en la esperanza de que una solución tecnológica nos sacará del brete, porque todavía no existen desarrollos económicamente posibles, ecológicamente viables o con la escala necesaria, para sacar el exceso de CO2 de la atmósfera, recalca el informe.

Las emisiones deberían alcanzar un pico máximo antes de 2025 y deberían ser cero para 2050, lo que determinaría una forma totalmente diferente de relacionarnos con el mundo. Pero como esa transición es tan difícil, hasta la publicación de este informe resultó un proceso tortuoso. Como la ciencia que revisa el IPCC es tan complicada, se hace un resumen para los tomadores de decisiones, que se negocia palabra por palabra. Este ejercicio se demoró casi 48 horas, por objeciones, entre otros, de Arabia Saudita y la India. Uno, un gran productor de petróleo; el otro, un gran consumidor de carbón.

MA

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