Elogio del cómplice y un experimento espeluznante

Netflix acaba de subir a su plataforma en Argentina el inquietante documental "Vidas separadas" (Three Identical Strangers)

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Me pasó el otro día, en la farmacia. Estaba en la fila y vi que uno de los empleados, un poco perdido, le preguntaba a otro que aparentaba ser más veterano por un remedio que no encontraba. La respuesta no tardó en llegar: “Rodrigo, ¿no lo ves acá enfrente? ¿Qué tenés, pibe, corpiño en los ojos?”. El despistado se rió –incluso detrás del barbijo pude notar que le había causado gracia el comentario de su compañero–, el más experimentado me miró con las cejas levantadas y después guiñó un ojo.

La escena, además de traerme esa expresión que escuché mucho en mi casa –de chica me imaginaba que se referían a alguien jugando al gallito ciego– me dejó pensando en esos momentos de complicidad que se arman con otros; en ese rapto fugaz, por momentos liviano y a la vez muy íntimo, con la fuerza de un tornado.

Porque a veces pueden convertirse en nuestros cómplices los compañeros de trabajo, como en la farmacia. A veces se da con amigos de toda la vida, pero a veces, también, ocurre con alguien totalmente desconocido, circunstancial o pasajero y se parece bastante a la magia.

Sobre complicidades, entre otras cosas, hablamos en esta entrega de Mil Lianas. Arranquemos.

1. Vidas separadas (Three Identical Strangers). Un chico retraído llega por primera vez al campus de la que va a ser su universidad. Lo miran como si lo conocieran, lo abrazan, le sonríen. Él, toda la vida tímido, no puede creer tanta gentileza por parte de quienes lo reciben. Con el correr de los minutos, se da cuenta de que algo no va bien, que lo confunden con otra persona, al parecer un doble, alguien idéntico. 

Así comienza el impactante documental Vidas separadas (el título original es Three Identical Strangers), que fue estrenado en 2018 y llegó por estos días a la plataforma de Netflix en la Argentina. La película reconstruye la historia de trillizos estadounidenses que a los 19 años se enteran de casualidad que fueron separados al nacer y dados en adopción a tres familias bien distintas, aunque cercanas (todas ellas vivían en el estado de Nueva York, no muy lejos entre sí).

Era 1980 y el reencuentro obviamente llegó a la tapa de todos los diarios. Con el tiempo los trillizos reencontrados fueron parte de esa fauna particular de casi famosos que pueblan los medios: dieron entrevistas juntos y vestidos con ropas similares, participaron de eventos solidarios, firmaron cientos de autógrafos y hasta abrieron un restaurante al que llegaban grupos de turistas que querían conocerlos para admirar las similitudes físicas de estos jóvenes, que se mostraban simpáticos y compinches.

Hasta que los chicos fueron creciendo y empiezan a descascararse algunos conflictos que se narran de manera inquietante. Prefiero no revelar mucho, pero sí decirles que todo está en el origen, en la separación que alguien decidió cuando ellos eran apenas bebés y en un experimento espeluznante que el documental despunta con todo detalle. ¡No se lo pierdan!

Vidas separadas (Three Identical Strangers) fue estrenado en 2018 y llegó por estos días a la plataforma de Netflix en la Argentina. Se puede ver por acá.

2. Proyecto Prisma. De a poco vamos perdiendo el hábito y suplantamos las llamadas telefónicas por mensajes escritos, emojis, stickers, audios de Whatsapp y otras opciones que trazan, entre quienes se comunican, una complicidad y a la vez una distancia controlada. En una suerte de vuelta a la vieja ¿y sana? costumbre de hablar por teléfono, un grupo de actrices, escritoras y dramaturgas lanzó por estos días la Biblioteca Sonora de las Mujeres, una propuesta particular que mezcla la performance con la literatura y el teatro. De julio a octubre, las personas interesadas podrán registrarse en una página web para recibir el llamado de escritoras encarnadas por grandes actrices, que a la vez interpretarán textos de escritoras destacadas.

Tal como cuentan en la página web del Proyecto Prisma, los promotores de esta iniciativa, la idea fue “creada por la dramaturga suiza Julie Gilbert como una instalación performática” y “la propuesta original es una instalación con teléfonos antiguos por los que el público circula y elige uno para tener una ‘conversación’ con una escritora de la colección”.

En la versión local, la apuesta es virtual y quienes se anoten recibirán el llamado a sus propios números telefónicos. El triángulo que arranca en julio es más que promisorio: la escritora del mes es Alejandra Pizarnik, que será interpretada por la actriz Pilar Gamboa (pueden leer la nota que le hicimos por acá) a partir de un texto de la escritora Cynthia Edul (hablamos sobre su trabajo acá y también acá).

Más información en la web de Proyecto Prisma y en su cuenta de Instagram.

3. Corpus Christi. En algunos lugares esta película de origen polaco se estrenó con un subtítulo bien elocuente: “Pastor o impostor”. Y ya saben la debilidad que tenemos por esas personas (cada 15 días, más o menos, escribo perfiles de grandes estafadores, de simuladores, artistas del engaño de todos los tiempos, los pueden leer por acá).

En este caso, el protagonista es Daniel (el actor polaco Bartosz Bielenia, en un trabajo extraordinario) un joven con una mirada punzante, que apenas empieza el relato está a punto de salir de un reformatorio, probablemente después de cumplir una condena que lo mantuvo detenido un buen tiempo. 

Ya desde el encierro se lo ve interesado por las imágenes religiosas y se exhibe el vínculo estrecho que tiene con un cura que asiste a los detenidos. Aunque Daniel insiste, el religioso le deja claro que, más allá de su buena conducta, no podrá ser seminarista por sus antecedentes penales y le consigue trabajo en el aserradero de un pequeño pueblo cuando el joven obtiene la libertad condicional.

Una serie de peripecias lo llevará a acercarse a la iglesia del lugar y a terminar ocupando el puesto de su párroco, mientras los pobladores se sorprenden con los movimientos de este cura exótico que fuma, baila y canta de un modo magnético. Lo que más me gustó es la discreción con la que se van desarrollando las escenas y una distancia en la narración que no juzga al impostor (como si el director nos estuviera recordando a cada rato: impostores somos todos) en medio de un pueblo en el que la mayoría guarda secretos.

Para quienes estén en Buenos Aires, ahora que volvieron con aforo algunas salas, la película está disponible en el Cine Lorca. Si no, tratándose de un sacerdote poco ortodoxo, siempre quedan como opción los pasillos non sanctos de internet.

Corpus Christi, de Jan Komasa, recibió varios premios internacionales y estuvo nominada al Oscar.

4. Vivir en la literatura. Son días de despedidas, de desconsuelo y de miles de elegías públicas que en muchos casos nos acompañan para atravesar el dolor por la muerte de personas valiosas y queridas.

Admiro profundamente a quienes, a veces por el vínculo que tenían con quienes murieron, a veces porque se trata de una obligación laboral –algo que no deja de parecerme inquietante: ¿se puede ser lúcido ante la muerte o tener, incluso en esos momentos de tanta tristeza, algo para decir? ¿el amor derrota al espanto?– se lanzan a esa tarea.

Entre los textos más conmovedores y atinados que leí está el de la escritora y editora Paula Pérez Alonso, quien hace unos días despidió a su amigo y colega Juan Forn, en Página 12. Está la complicidad, de la que hablábamos al principio, y también esa combinación de cercanía con perspectiva sobre la importante tarea de Forn como editor y como impulsor para el trabajo de los otros (“en la cárcel de la neurosis, siempre es importante que afuera de la reja haya alguien convencido de que saldremos”, apunta Paula Pérez Alonso al referirse al propio vínculo con su amigo y también a esa figura universal que necesitamos todos). Si no la leyeron, les dejo el link por acá, es un texto bellísimo.

4 bis. Y eso fue lo que pasó. Sobre escribir con tristeza, hace poquito leí la novela Y eso fue lo que pasó, de Natalia Ginzburg (desgarradora, breve, y contundente, como siempre). La edición de Acantilado que conseguí trae un comentario de la autora que recordé y quería dejarles por acá.

Ahí ella cuenta que escribió esas páginas en un momento de una crisis personal tremenda y señala: “Algunas personas, cuando han leído esta historia, me han llegado a decir: ‘Si hubieses sido más feliz, habrías escrito una historia más bella’. Yo nunca decía nada porque me parecía que tenían razón. Es cierto que tenían razón, pero era más cierto aún que no se trataba de que yo estuviese intentando ser menos infeliz escribiendo aquella historia, sino sencillamente intentaba llegar a escribir algo a pesar de mi infelicidad y sin haberme curado, escribir sin dejar que mi infelicidad enturbiara e hiciera enfermar las cosas que escribía. Aunque para llegar a ese punto es necesario que la infelicidad no sea en nosotros una pregunta lacrimosa y llena de ansiedad, sino una conciencia absoluta, inexorable y mortal”.

¡Hasta la próxima!

AL

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