Un triángulo amoroso, el pudor como bandera

Una escena de "Lost in Translation", de Sofia Coppola: dos personas introvertidas se cruzan y se abre un mundo

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“Vi a Juan por primera vez un mediodía en una muestra colectiva de un artista amigo. Puro azar. Me cautivó su timidez, una reticencia a preguntar las cosas obvias”. En una de las primeras escenas de la novela Kaidú, de la escritora Paula Pérez Alonso (más abajo cuento más de este libro precioso, ahora detengámonos un momento en esta imagen) una mujer queda encantada por un hombre que acaba de cruzarse de casualidad. Le ve el pudor en la cara y también en su forma de circular: “Observaba los cuadros en detalle y también estaba atento al movimiento alrededor, como si esperara alguna señal mínima para moverse en una dirección de la galería u otra”. 

La escena, con ese hombre retraído en primer plano, me hizo recordar un tweet reciente del escritor Rafa Otegui: “Qué límite noble, a veces, el pudor y el temor a equivocarse”. (Un asterisco: leí por acá que acaba de salir su libro de poesía Demoras en la General Paz, ya con el nombre me tentó, lo busco, lo leo y después les cuento).

Cuando yo era chica no estaba bien vista la timidez, había que combatirla, extirparla apenas se asomaba, arrancarla como una hoja marchita en una planta vigorosa. En mi caso, que llegué al mundo con el cosito de la elocuencia para lo público averiado y arrastro un pudor atávico, mis padres probaron de todo para ver si se me iba: me mandaron a expresión corporal, a tenis, a clases de teatro, a la rama femenina de los boy scouts (spoiler: no, nada funcionó). Como suele ocurrir en las familias –esa sucesión de buenas intenciones y planes inviables; ese elige tu propia aventura grupal guiado por una brújula rota– con el tiempo desistieron, se olvidaron o tal vez se obsesionaron con otra cosa.

De grande me fui convenciendo de que el pudor es un dique que atempera, una batiseñal muda y también un puente hacia otros pudorosos. De hecho, no hay nada mejor para una persona introvertida que encontrarse con otra de su condición (arriba les dejé una imagen de la película Lost in Translation: uno de mis choques de pudores preferidos del cine). Se establece de inmediato una confianza de miradas que bajan, se arma un universo mullido y lleno de torpezas donde no hace falta explicar nada. Porque entre tímidos y tímidas sabemos que todas esas palabras que nos reservamos –como las preguntas que Juan de Kaidú prefería no hacer– se cruzan en algún lugar secreto, se dan la mano y siguen su camino, en silencio.

Con el pudor como bandera a la victoria, les dejo una nueva entrega de Mil lianas.

1. Kaidú, de Paula Pérez Alonso. Aparecen el flechazo, las cavilaciones, los momentos de hipótesis, la observación de los movimientos del ser amado, el roce de los cuerpos, el extrañar, la certeza de un amor arrasador y de a tres. 

Todo esto puede sonar raro, aunque no lo es para Aína, la narradora de la novela, que apenas arranca la historia queda cautivada por Juan y también por su perro, que se llama Kaidú. El animal la inquieta, le abre la puerta a un mundo desconocido al que ella se arroja sin pistas, pero también sin tapujos. Aunque al principio se cuestiona si se trata de una especie de affaire entre ella y Kaidú (“¿se puede ser infiel con un perro?”, se pregunta), con el correr de los días se va dando cuenta de que el vínculo incluye también a Juan, que es tripartito, que hay algo en ese triángulo que atrae a todos por igual y los ubica fuera de los límites conocidos

“Yo solo me entrego a este amor que me sustrae de todos los otros espacios o tiempos por venir. No hay centro, me disgrego; desprovista de coordenadas anteriores que me sirvan de guía, no puedo descifrarlo y aun así, o por eso, soy feliz”, apunta Aína cuando se da cuenta de que está completamente entregada a un trance que la encandila.

Narrada en una primera persona exquisita, con observaciones muy sutiles y un tono intrigante, la nueva novela de la escritora Paula Pérez Alonso es una invitación profunda a pensar en el deseo y también en el desenfreno, en el desborde como una posibilidad concreta y estimulante. En el encanto embriagador que trae siempre lo inesperado. 

Kaidú, de Paula Pérez Alonso, acaba de salir por Tusquets. Pueden leer un fragmento de la novela aquí.

2. Más grande que la vida, por Jorge Bernárdez. Hablábamos de pudores más arriba y no se me ocurre gente más retraída en el mundo que los cinéfilos. Entre ellos se entienden, claro, incluso debaten, rivalizan, pueden llegar a estar horas peleándose por un ranking de mejores películas de tal director, se enfurecen si alguien usa la palabra grabar en lugar de filmar. Pero suelen ser personas con algunas reticencias para socializar con los demás, que dejan en suspenso su timidez por un rato apenas entran a una sala de cine.

El periodista, crítico y cinéfilo Jorge Bernárdez acaba de subir a Spotify una serie de entrevistas que realizó para su proyecto radial Pop Vivant que ahora se convirtió en el podcast Más grande que la vida.

La bajada del ciclo lo dice todo: “El podcast de cine que le pregunta sobre cine a gente que hace cine”. Hay mucho de eso en cada envío, pero también hay conversaciones amenas, anécdotas compartidas con mucha gracia, referencias a los inicios y a los gustos de quienes dialogan, preguntas sobre el futuro.

La selección de entrevistados –todos del ámbito del cine argentino– es muy atractiva: hay directoras y directores como Paula Hernández (hablamos de su última película por acá) o Néstor Frenkel, hay gente del detrás de escena de las películas como la sonidista Jessica Suárez y también hay gestores y gestoras, como la directora del Museo del Cine, Paula Felix-Didier. En el medio, el conductor elige buenas canciones para musicalizar cada entrega.

El podcast Más grande que la vida, de Jorge Bernárdez, está disponible en Spotify.

3. Invierno independiente en el Morán. “Mientras esperamos que el reencuentro presencial en sala sea seguro y cómodo les proponemos un ciclo especialmente curado con las realizaciones argentinas independientes más destacadas de la década. Sí, son las películas que nos quedamos con ganas de proyectar y ahora queremos ponerlas a disposición durante un mes, de manera online y gratuita”, anuncian los organizadores del ciclo Invierno Independiente del espacio cultural Morán, un lugar súper interesante ubicado en el barrio porteño de Agronomía.

De forma gratuita y por streaming hasta el 11 de septiembre, ofrecen una excelente selección de largometrajes contemporáneos, entre la ficción y el documental. Una programación, que como los propios organizadores apuntan “pasea por los recorridos intensos de relatos a primera vista disímiles pero con rasgos distintivos que hacen a un nervio común: mirada introspectiva, perspectiva de género y la búsqueda de aquello que fue y también lo que aún permanece”.

Les dejo dos que me interesaron especialmente, pero la verdad es que vale la pena todo. Por un lado, está disponible Beatriz Portinari. Un documental sobre Aurora Venturini, de Fernando Krapp y Agustina Massa, una película que se mete en el universo de una de las escritoras más audaces y sorprendentes de la Argentina. También se puede ver La muerte no existe y el amor tampoco, de Fernando Salem, una película basada en el libro Agosto de Romina Paula (a quien, les recuerdo, pueden leer siempre por aquí).

El ciclo de cine online Invierno independiente en el Morán está disponible de manera gratuita hasta el 11 de septiembre. Más detalles, acá.

¡Hasta la próxima!

AL

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