El 'niño gurú' de las criptomonedas desató el caos en su empresa y se prestó a sí mismo dinero de sus clientes

FTX

Carlos del Castillo

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“Nunca en mi carrera he visto un fallo tan completo de los controles corporativos y una ausencia tan completa de información financiera fiable como ha ocurrido aquí”. Son las palabras de John Ray, un liquidador de empresas quebradas con 40 años de experiencia (famoso por liquidar gigantes como la energética Enron) sobre su nueva misión, FTX. El proceso legal que investiga la bancarrota de la plataforma fundada por el niño maravilla de las criptomonedas, Sam Bankman-Fried, ha empezado este jueves en Delaware y las primeras revelaciones apuntan que la empresa carecía de la estructura de trabajo más básica.

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FTX quebró oficialmente el pasado viernes. Unos días antes había declarado un corralito y bloqueado la retirada de fondos de la plataforma, que operaba como una bolsa para especular con criptomonedas. Su más de un millón de usuarios vio como su dinero se congelaba tras unas horas de pánico en las que se corrió el rumor de que FTX —que llegó a estar valorada en 32.000 millones de dólares, lo mismo que el BBVA— se había quedado sin liquidez.

De poco sirvió que la compañía fuera una de las líderes de la industria cripto con profundos vínculos en Washington gracias a las millonarias donaciones de Bankman-Fried al Partido Demócrata. Tampoco de la casi inmejorable imagen que su fundador tenía en el sector tras amasar 22.500 millones de dólares con 29 años, la mayor criptofortuna del planeta. Ni siquiera el acuerdo de rescate firmado con Binance, la plataforma referencia en esta industria, que se comprometió a salvarla. Cuando echó una ojeada a los libros de cuentas de FTX canceló el precontrato y la suerte de Bankman-Fried y su compañía estuvo echada.

Lo que vieron los auditores de Binance y ha confirmado Ray este jueves es un absoluto descontrol en los procesos internos de FTX, comandados por una anárquica gestión de Bankman-Fried. Lo que el milmillonario dejaba ver desde fuera, con una apariencia descuidada, llegando a presentarse con los zapatos excéntricamente anudados ante el Congreso de EEUU, era como se manejaba dentro de su compañía.

No era una doble cara. El liquidador de FTX ha declarado ante el tribunal que la compañía no tenía libros de contabilidad ni “una lista exacta” de sus propias cuentas bancarias. Las claves de seguridad de sistemas que manejaban decenas de miles de millones de dólares en activos de sus clientes se compartían en una lista de correo electrónico interna que no se supervisaba. Muchas decisiones importantes se tomaban en apps de mensajería que tenían configurado el autoborrado de mensajes por orden de Bankman-Fried, lo que complicaba saber lo que había establecido la dirección pasados unos días.

El agujero total que ha dejado entre sus clientes y el resto de la industria cripto, con la que estaba profundamente entroncada al haber hecho inversiones y comprado múltiples empresas de la competencia, está en algún punto entre los 10.000 y los 50.000 millones de dólares.

FTX prestó dinero de sus clientes a Bankman-Fried

Lo peor de las revelaciones del liquidador, al menos para el futuro legal de Bankman-Fried, es el falta de fronteras entre sus cuentas personales, las de FTX, las de Alameda Research y las de FTX.US, su negocio estadounidense. Todas son organizaciones fundadas por el niño gurú de las criptomonedas, pero con propósitos y áreas de operación diferentes. Al menos, en teoría. En la práctica sus actividades y su dinero se confundían, lo que acabó con decenas de miles de millones de dólares moviéndose de forma irregular entre ellas.

La quiebra de FTX se produjo después de que esta plataforma prestara a Alameda Research (que se dedica al trading) una cantidad muy alta de dinero que no le pertenecía, lo que la dejó sin liquidez para afrontar las devoluciones de los depósitos de sus clientes. La cifra exacta y en qué dirección salió deberá dilucidarse en los tribunales. Bankman-Fried afirma que fueron 8.000 millones de dólares y según ha declarado esta semana al Financial Times, el préstamo se produjo a causa “un error” y que él en realidad no quería traspasar esos fondos a Alameda. El contexto descrito ahora por John Ray apoya la versión del caos que pudo derivar en algo así, aunque eso no supone un punto positivo para el gurú cripto.

"El control [estaba] en manos de un grupo muy pequeño de individuos inexpertos, poco sofisticados y potencialmente comprometidos"

John Ray Liquidador de FTX

La declaración del liquidador enumera que FTX prestó dinero de sus clientes al propio Sam Bankman-Fried. En total, 1.000 millones de dólares directamente a sus cuentas personales y otros 2.300 millones a una entidad controlada solo por él. El documento presentado ante el tribunal revela préstamos de un total de 4.100 millones de dólares concedidos a Alameda. La “concentración del control en manos de un grupo muy pequeño de individuos inexpertos, poco sofisticados y potencialmente comprometidos” provocó la confusión total en todas las plataformas fundadas por Bankman-Fried, ha declaro Ray.

El caos llevó a que los fondos del grupo FTX se usaran “para comprar casas y otros artículos personales” para el personal y sus asesores. Los pagos se aprobaban mediante el uso de “emojis personalizados” en aplicaciones de chat, según Ray.

FTX fue hackeada tras declarar la bancarrota

Cuando ya solo quedaba salvar los muebles, el líder de FTX y sus colaboradores lograron depositar 740 millones de dólares en criptoactivos en carteras “frías”, donde pudieron quedar asegurados. Sin embargo, la empresa informó horas después de la bancarrota que había sufrido un ciberataque en el que le habían robado otros 400 millones de dólares.

Ray ha avisado, en cualquier caso, que incluso estas cifras deberían ser cogidas con pinzas. Todos los balances de la empresa se elaboraron siguiendo los caóticos métodos de Bankman-Fried y el liquidador las considera poco fiables. Ha puesto en duda incluso las cuentas auditadas de la empresa de 2021.

Bankman-Fried no se ha posicionado respecto a la primera declaración oficial del liquidador, cuya misión es disolver su empresa y devolver el máximo dinero posible a sus acreedores. No obstante, durante esta semana ha hecho algunas entrevistas en medios de comunicación. También ha tuiteado de manera errática, llegando a poner una letra por tuit para formar la expresión “Qué ha pasado” al cabo de unas horas.

“Mi objetivo -mi único objetivo- es hacer lo correcto para los clientes. Estoy contribuyendo con lo que puedo. Me reúno en persona con los reguladores y trabajo con los equipos para hacer lo que podamos por los clientes. Y después, los inversores. Pero primero, los clientes”, ha acabado asegurando en un hilo de 22 publicaciones en Twitter. Asegura que FTX tenía activos por valor de 2.000 millones de dólares pero que no pudo convertirlos en líquido a tiempo, lo que le llevó a la bancarrota.

En una larga entrevista con el New York Times, el niño gurú de las criptomonedas reconoció que se dejó llevar por el contexto. Muy rápido, muy volátil. Aceleró hasta que todo lo que sucedía a su alrededor eran luces que pasaban a toda velocidad. Su inmensa fortuna, la mayor que nadie ha acumulado a su edad al margen de Mark Zuckerberg, ha desaparecido tan rápido como vino. “Si hubiera estado un poco más concentrado en lo que estaba haciendo, habría podido ser más minucioso”, ha reconocido: “Eso me habría permitido captar lo que estaba pasando en el lado peligroso”.

CC

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