Han Kang: “El arte y la literatura nos permiten estar del lado de la vida y no de la muerte”
En medio de toda la efervescencia que se vive en Barcelona durante esta semana por el Día del Libro, la voz de Han Kang opera como un bálsamo para el nerviosismo. La escritora surcoreana acaba de publicar en España Tinta y sangre, traducida por Sunme Yoon al castellano para Random House. La escribió en 2010 y es el último de sus títulos que llega a las librerías.
Aunque tiene fama de reservada, llegó a Barcelona dispuesta a darse un baño de masas, dentro de lo que cabe. El lunes 21 participó en una charla en el CCCB titulada junto a la escritora Mar García Puig y firmó cien ejemplares (sin dedicatoria personalizada ni foto). En el acto se dirigió al público con “bona tarda a tothom”, declaró que ya había oído hablar de la fiesta del libro y que le atraía mucho. Mientras tanto, afuera los trabajadores de las Bibliotecas de Barcelona protestaban por sus condiciones laborales.
En su reunión con los medios de comunicación este miécoles, repitió que estaba muy contenta de poder vivir en primera persona la llamada “diada de Sant Jordi”. “Cuando pasé por mi hotel, me dijeron que la calle se vería totalmente diferente ese día y me ilusiona”, dijo, además de anticipar que le gustará estar este jueves en una ciudad entera llena de literatura a la luz del sol.
“El libro, también como objeto, siempre fue importante para mí. Tanto que abrí una librería”, recordó. “Desde chica me fascinaba la existencia de los escritores. Me preguntaba: ¿Quiénes son estas personas? ¿Por qué escriben estas cosas y plantean estas preguntas sobre las emociones humanas?”, sostuvo.
En un programa de televisión al que acudió en la capital catalana le regalaron tres títulos de la catalana Mercè Rodoreda. La famosa escritora tiene en este momento una exposición dedicada a ella en el CCCB. “Me pareció fascinante conocer su mundo y su vida; fue una oportunidad para aprender sobre la historia de Catalunya”, explicó. Además, vio que en una de sus novelas un personaje se quería convertir en una planta, un detalle que la hizo relacionarse con su propia obra.
Un thriller de amor
Tinta y sangre, que publica ahora en castellano y catalán, salió por primera vez después de La vegetariana (2007) y antes que Clase de griego (2011). Tiene espíritu de thriller pero no lo es o, al menos, al uso. La trama se basa en el esfuerzo de la protagonista Cheonghee para demostrar que la muerte de su mejor amiga, que era una reputada artista, en un accidente de tráfico no fue un suicidio, como asegura un crítico de arte.
“Quien espere una historia de misterio o detectivesca convencional podría encontrarla extraña, pero es una historia llena de tensión sobre el amor y el sufrimiento”, advirtió. Cuando comenzó a escribirla, rememoró, se preguntaba a sí misma si “a pesar de todo, debemos vivir” y cuando terminó, se respondió con un rotundo “sí”. “Lo que yo quería expresar es que hay que amar”.
Los sueños son un ingrediente esencial en su literatura. Aseguró que no todos los que tiene son representativos, pero a veces siente que le dicen algo y lo anota. Algunos de esos apuntes terminan reflejados en sus textos como la piedra azul que se encontraba en un río cristalino que aparece en Tinta y sangre. “Pero, sobre todo, me gusta meditar sobre el significado de los sueños que tengo. Y sobre las preguntas que me hago a mí misma para que se vayan mostrando en lo que escribo”.
Sus libros están conformados por capas y capas de temas y sensibilidades. En esta novela, por ejemplo, fue imprescindible una conversación con un médico que le explicó que tuvo pacientes con tal instinto de supervivencia que, al ponerles el respirador, sus propios pulmones intentaban respirar por su cuenta, creando un choque con la máquina. “Esa imagen de ‘choque’ se superpuso con la protagonista que estaba creando. Mi literatura trata de esos encontronazos: entre la vida y la muerte, entre el amor y el dolor”, manifestó.
Para ella es esencial la experiencia sensorial, más allá de la intelectual. “Todo ser humano vive en este mundo con un cuerpo y creo que es muy importante en nuestra vida. Cuando describo lo que sienten los personajes físicamente, intento sentirlo yo también para poder contarlo mejor”. Es decir, eso plasma la suavidad de lo que toca, el frío o la incomodidad, por ejemplo. “A través del cuerpo del personaje, intento que el lector sienta esa misma corriente eléctrica”, ha afirmado.
El gran premio que no cambió nada
Hay historias sobre qué estaban haciendo los premiados cuando se enteraron de que les habían concedido el Premio Nobel divertidas o curiosas, como la de Doris Lessing llegando a su casa con las bolsas de la compra y su hijo con el brazo enyesado. Pero Han Kang no tiene demasiado que decir el momento en que recibió el premio: “No hubo grandes cambios en mi mundo interior ni en mi cotidianidad. Cada día vivo pensando en completar la novela que estoy escribiendo”.
Lo más notorio es que la gente la para por la calle para decirle cosas e incluso abrazarla (se intuye que es algo que no le gusta demasiado), lo que la “desconcierta”, aunque se imagina que “lo hacen con buena intención”. Ese libro que tiene en proceso tratará sobre su vida familiar: lo define como “muy personal” y cada día se pregunta si será capaz de terminarlo, aunque “últimamente siento con más fuerza que sí lo lograré”.
Puede que lo que más haya cambiado sea ella misma a lo largo del tiempo. Cuando releyó Tinta y sangre por su publicación en España una década después de que saliese en el mercado coreano, se sorprendió de cómo era ella en aquellos momentos. Cree que es el libro en el que más amor se siente entre los personajes, que se cocinan para los demás y se cuidan. “La escribí cuando tenía más de 30 años y si lo hubiese leído como una lectora más, habría pensado: ‘esta autora está llena de amor’”, reconoció.
En cuanto al oficio de escritor y, un poco en referencia a las diferencias que pueden darse dentro de su propia bibliografía, consideró que la novela “es la expresión de cada autor en su propia forma”. En el encuentro se le preguntó por algunos autores en lengua castellana que le gustaran y mencionó a varios argentinos: Mariana Enríquez como escritora contemporánea; el título El beso de la mujer araña, de Manuel Puig, y a Jorge Luis Borges, que la ayudó durante un periodo en el que no podía “ni leer ni escribir” con su astrofísica.
Momentos oscuros
Pese a lo que pudiese parecer, Han Kang tiene un espíritu optimista. O, al menos, no se muestra excesivamente catastrofista de cara al futuro. Para ella, “estamos viviendo épocas oscuras, lo sabe todo el mundo. Y estamos llegando a un pico”, pero una de las cosas que más le sorprende es que “siempre hay gente que quiere sobrevivir”. Y es lo que hace que ella se mantenga en pie, además de pensar que esto no es la primera vez que ocurre porque la historia humana se repite.
Su consigna es que hay que cuidar la esperanza porque “no es algo fácil, tenemos que sujetarla para que siga viva. Tenemos que aferrarnos a ella”. Opinó que es fácil no preocuparse por el sufrimiento de los demás, pero hay que ser firmes para que esto no suceda. “El arte y la literatura nos permiten estar del lado de la vida y no de la muerte”, concluyó.
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