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Tiempo perdido

Tiempo perdido

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Carta al lector

Arrancamos a escribir este libro a principios de 2019, cuando se estaba por cumplir un año del inicio de una nueva crisis económica, la sexta desde que ambos autores tenemos uso de razón.

Nadie vislumbraba en octubre de 2017, luego del rotundo triunfo del Gobierno de Macri en la elección de medio término, que una nueva crisis estaba próxima a desatarse. Aun cuando los riesgos inherentes a los enormes desequilibrios económicos como consecuencia de la herencia que había dejado el kirchnerismo y del manejo voluntarista e inconsistente de esa herencia en los primeros pasos de la gestión de Cambiemos estaban a la vista de todos, la crisis llegó de sorpresa. Explicarla fue la primera intención de este libro.

Escribirlo nos llevó más tiempo del que pensamos originalmente porque la propia coyuntura nos fue desviando del proyecto. Ambos trabajamos como consultores independientes y el teléfono literalmente no dejaba de sonar en medio de una incertidumbre que se retroalimentaba. La crisis que había arrancado cuando se le cortó el acceso al mercado a una economía sobre expandida, endeudada y con libre movilidad de capitales, empezaba a impactar sobre la economía real, la inflación y las encuestas. Esto, a su vez, pegaba sobre la dinámica financiera en un círculo vicioso que no pudo ser frenado ni siquiera con un acuerdo con el FMI que era inédito en magnitud y, a diferencia del pasado, incluía pocas condicionalidades e importantes desembolsos frescos a la economía.

La incertidumbre electoral no hacía más que agravar los problemas. La opción del centro, que podría haber acotado esta dinámica, se pulverizó antes de empezar y nos adentramos en una competencia electoral por la presidencia con ambos extremos denominándose mutuamente el “caos” y el “abismo”, con diagnósticos cruzados sobre el origen de los males en la Argentina y por ende propuestas distintas y antagónicas sobre cómo resolverlos.

La visión binaria del mercado no cambió aún cuando el armado electoral implicó un corrimiento al centro de ambos espacios: Cristina invitando a Alberto Fernández a compartir la fórmula, él como presidente y ella como vicepresidente del Frente de Todos; y Macri invitando a Miguel Ángel Pichetto (también armador del peronismo) a acompañar como vicepresidente la fórmula de Juntos por el Cambio.

A medida que nos adentrábamos en la recta final de una carrera electoral con obstáculos (las Primarias Simultáneas y Obligatorias -las PASO- el 11 de agosto de 2019), las encuestas iban relatando día a día, como en el hipódromo, las diferencias en la intención de voto entre ambos espacios con los mercados sobre reaccionando en simultáneo. Se llegó al blooper de tener una euforia del mercado frente a encuestas que mostraban un empate técnico, el viernes previo a que las PASO convalidaran una diferencia de 15 p.p. a favor del Frente de Todos. Resultado que gatilló una abrupta salida de capitales que terminó por derrumbar las reservas del BCRA y los precios de los bonos argentinos disparando el riesgo país, y terminando de romper el programa financiero y económico de Cambiemos. La propia vorágine de los acontecimientos a lo largo de 2019 iba agregando páginas al libro.

Escribir de a dos con énfasis tan distintos desde la economía y la política sobre una historia que se estaba construyendo, y a distancia (uno desde Buenos Aires y otro desde Washington), tampoco era fácil y dilató los tiempos. La idea de tener publicado el libro para las elecciones presidenciales de 2019, se movió para el traspaso del mando el 10 de diciembre.

Cuando logramos cerrar una primera versión del libro y empezamos a buscar quien lo publique las primeras respuestas fueron que un libro sobre el Gobierno de Macri no tenía mercado. “¿Otro libro sobre Macri?”, nos decían. Aparentemente, a nadie le interesaba entender los motivos de la crisis que estaban viviendo, especialmente sí la explicación no estaba posicionada en alguno de los dos extremos de la grieta. 

Decidimos correr el riesgo de mantenernos en el proyecto original, poniendo el punto final del libro en el traspaso del mando, sumando el relato de la “herencia de la herencia”, la exasperante falta de cooperación de Alberto Fernández en la transición y sus primeros pasos en la gestión. En gran medida porque creemos que sin comprender este nuevo fracaso, escapando a explicaciones maniqueas que se pierden en la grieta y que se enfocan en la política económica de un Gobierno y no de un país, no será posible salir del estancamiento crónico que afecta a la Argentina. 

Reflotando una frase de Javier Cercas: “El pasado nunca acaba de pasar. Porque el pasado del que hay memoria y del que hay testigos, no es pasado, es solo una dimensión del presente sin la cual el presente está mutilado”. Recordar este pasado reciente “significa darse los instrumentos para no cometer los mismos errores”. Este fue desde el inicio el principal interés del libro. 

El acuerdo era cerrarlo en marzo de 2020 y publicarlo en mayo, pero entonces nos agarró la pandemia. En el medio, la dinámica siguió agregando páginas. En esta última versión, incorporamos el primer año y medio de Alberto Fernández, que por su intensidad, podría formar parte de un nuevo libro y no sólo un par de capítulos.

El intento de estabilización en el arranque de la nueva gestión chocó con los costos económicos asociados al manejo de una cuarentena eterna para manejar la pandemia en un país sin crédito y sin moneda, recrudeciendo la interna dentro de la propia coalición de gobierno. La reestructuración agresiva de la deuda privada sin un acuerdo con el FMI que descomprimiera los vencimientos, que desde el vamos arrancaban en septiembre 2021 y se concentraban en 2022 y 2023, y sin una solución a la deuda de pesos, mantuvo muy alto el riesgo país y llevó a exagerar el cepo impuesto inmediatamente después de la elección de octubre de 2019. Situación que agregó presión sobre la brecha cambiaria y la inflación, aún cuando el deterioro fiscal coordinado por la pandemia empezó a corregirse más rápido de lo que el propio mercado esperaba en un contexto de inédita liquidez global. 

La crisis cambiaria desatada en 2018 que, a los tumbos, llevó el dólar oficial de $17 a $100, y el dólar marginal a $180, continúa, con una tasa de inflación que -con muchos precios contenidos por la política-, retornó al 50% y un Gobierno que vuelve a intentar forzar el corto plazo para llegar a la elección, esta vez de medio término, consumiendo los dólares que, cual maná del cielo, recibió el país en 2020 por el salto en el precio de la soja y la tardía emisión de DEGs del FMI. 

El final de esta “tragicomedia de enredos” vuelve a quedar abierto frente a la necesidad de la gestión de Alberto Fernández de cerrar y pasar por el nuevo Congreso un acuerdo con el FMI, con un programa que extienda el horizonte de la Argentina después del próximo 14 de noviembre y evite una disrupción monetaria que vuelva a cambiar el régimen inflacionario. 

Otra vez una elección vuelve a paralizar el país mientras el BCRA consume los dólares de las reservas para financiar un aumento del bienestar transitorio con rendimientos decrecientes. Todo esto mientras en la recta final, el electorado se entera que el presidente y su familia habían violado las reglas de la cuarentena para festejar el cumpleaños de la primera dama, cuando todos estábamos confinados en nuestras casas y alejados de nuestras familias.

Debemos entregar el libro y poner fin a un relato del derrotero de la Argentina que exaspera. La historia continúa, pero su final no está predeterminado. Como mostramos en este libro, lo que sucedió fue resultado de decisiones que los actores políticos fueron tomando en cada momento con un horizonte en extremo cortoplacista. 

La grieta, y la falta de planificación que ha marcado la política argentina de las últimas décadas hace difícil ser optimista respecto a que el final no sea, una vez más, uno disruptivo.

15 de Agosto de 2021  

El libro

Lo que se ofrece en este libro es el resultado del diálogo permanente entre una economista y un politólogo que desde sus trabajos vienen analizando in situ el desarrollo de los acontecimientos. La confluencia de la visión politológica, centrada en el análisis de la construcción política y de la economía, que centra el análisis en la restricción presupuestaria, intenta reconstruir la historia escapando a interpretaciones maniqueas de izquierda y de derecha.

Las metáforas de la náutica que se incluyen en el nombre de los capítulos surgen de las usadas por el propio gobierno de Macri para alentar a la tropa a medida que la corrida contra el peso se agudizaba. En julio de 2018 el mensaje oficial sostenía: “nos dieron un barco que estaba destruido, lo empezamos a arreglar de a poco para corregir el rumbo y en el medio del camino nos agarró la tormenta. Hoy la prioridad es tapar los agujeros porque nos está entrando agua, pero lo importante es que vamos a mantener el rumbo”. 

Las versiones fueron mejorando, a veces pasaban de la náutica al automovilismo, como la del “auto en la banquina”, pero siempre se hacía alusión a mantener el rumbo. Esto aun cuando en medio de las turbulencias financieras, el gobierno de Macri se vio obligado a ir al FMI y a dar marcha atrás con decisiones que hasta entonces actuaban como dogmas. 

Una de las últimas versiones de la metáfora náutica mencionada en una arenga a la tropa en boca de un alto funcionario fue: “Preparé un velero de muy buena calidad y al poco de andar me topé con una tremenda tormenta de frente. Ahora lo único que queda es aferrarse al mástil hasta que pase la tormenta”. Mientras se reafirmaba la estrategia de polarización con Cristina apuntando a un peronismo dividido para asegurar el resultado de la elección en medio de una brusca recesión con la cuenta capital abierta. Una vez definido el resultado de las PASO que coordinó una agresiva toma de ganancias sobre Argentina y la ruptura del programa con el FMI, cambio de ministro mediante, la nueva metáfora náutica pasó a ser: “Ahora el desafío es estacionar el barco en el muelle el 10 de diciembre de 2019, no antes”.

El barco se estacionó, pero el manejo de la deuda y la pandemia del nuevo Gobierno hicieron que volviera a entrar peligrosamente agua al barco. Cuando el mundo nos volvió a ayudar a fines de 2020, la decisión fue chapotear en el barro para evitar tomar decisiones en el año electoral.  

El libro está conformado por siete capítulos y un epílogo. 

El primer capítulo, analiza la competencia electoral de 2015, la llegada de Macri a la presidencia y la herencia que recibió. “Recibimos un barco averiado”

El segundo ahonda en el primer año de la gestión de Cambiemos, los errores de diagnóstico y el choque que provocó la fragmentación de las decisiones. “En el astillero, listos para zarpar”. 

El tercero revisa el camino hacia las elecciones legislativas de 2017: la primera gran prueba política del gobierno de Macri, frente al mercado que sólo pedía la gobernabilidad, financió y festejó una duplicación del desequilibrio de las cuentas externas en un país que no tenía moneda y había quitado todos los controles de capitales. “Saquen los botes salvavidas, quedan feos y no los necesitamos”

El cuarto se centra en el intento de corregir en 2018, las complicaciones que aparecieron en un país donde todos están de acuerdo en que el ajuste lo haga el otro y que además enfrentó una doble sequía: el corte al crédito y la pérdida de una tercera parte de la cosecha. Acá se relata el desarrollo de la toma de ganancias que arrancó con el desarme del carry trade que había alentado el BCRA con una meta de inflación inconsistente en los dos años previos y derivó en una fuga de capitales que no se detuvo con el salvataje inédito del FMI. “Colgados del mástil hasta que pase la tormenta”. 

El quinto abarca el camino a la elección presidencial; la estrategia de polarización del Gobierno apostando al big data con la sociedad “aguantando” la recesión con la cuenta capital abierta; la decisión de Cristina de competir como vicepresidenta detrás de un armador del peronismo como Alberto Fernández; la unificación del peronismo y la reacción del mercado complicando una transición donde la cooperación entre el FMI, Alberto Fernández y Mauricio Macri no apareció, ni siquiera una vez definido el 27 de octubre el resultado electoral. “Con big data y estrategia esquivamos el iceberg”.

El sexto, “Vuelve a entrar agua al barco”, abarca el primer año de gestión de Alberto Fernández. Del discurso inaugural y el ajuste denominado “Solidaridad Social y Reconversión Productiva”, al exasperantemente lento manejo de la deuda privada que finalmente se reestructuró sin holdouts y sin enmarcar en un acuerdo con el FMI.  Analiza la cuarentena eterna y el recrudecimiento de las internas dentro del Frente de Todos, a medida que los costos económicos emergieron con la brecha cambiaria que llegó al 130% en noviembre pasado. La carta de Cristina y el llamado al FMI de noviembre 2020.    

El séptimo, “Chapoteando en el Barro”. El cambio en la liquidez global con la rápida recuperación económica mundial coordinado por la vacuna contra el Covid-19 y el estímulo fiscal en Estados Unidos. En un contexto económico más benigno, con dólares frescos (soja y DEGs), llegó la decisión de transitar 2021 sin acuerdo con el FMI, apostando a que el avance de la vacunación y la apertura de la economía cambien el ánimo de cara a la elección.      

Finalmente, el Epílogo pone esta crisis en el contexto de las muchas anteriores, e intenta una mirada un poco más larga sobre los desvaríos de la Argentina. Describe cómo el país volvió a dilapidar una oportunidad histórica, como la que le dio el mundo a América Latina en los últimos años, para sentar las bases de un crecimiento menos errático y más inclusivo.

La dificultad para buscar consensos y el péndulo entre gobiernos “populistas” que llegan al poder con la economía en recesión y distribuyen para crecer  y consolidarse en el poder hasta tropezarse con desequilibrios macroeconómicos insostenibles, y gobiernos que intentan hacer ajustes para devolverle competitividad a la economía apelando al crédito en dólares que se corta antes de tiempo y termina en una crisis macroeconómica, vuelve una vez más a repetirse. La diferencia es que esta vez, un Gobierno peronista agarró una economía que no terminaba de aterrizar, se enfrentó a una situación única con la pandemia y sin reservas suficientes y una concentración agresiva de vencimientos con el FMI deberá enfrentar los dos años que le quedan.  

La debilidad institucional y la escasez de dólares autogenerada hace que ningún gobierno pueda tener objetivos de largo plazo, y que la búsqueda de soluciones rápidas para resolver las herencias que se acumulan termine convalidando el péndulo al cual como Sísifo parecemos condenados como país.

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