Qué ver Crítica

Terminal Norte: Todos los géneros el género

CANAL ENCUENTRO. Terminal Norte. Julieta Laso. Crédito Beto Gutierrez

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Relampaguea a cierta distancia sobre lo que podría ser una carretera, pero no se viene la tormenta: el cielo luce plácido aunque fluctuantes nubes se alejan raudas. Pero las luces son de los autos que pasan dejando su estela. Una cantora del Río de la Plata se ha refugiado en el norte del país porque el show que preparaba se ha cancelado, dicen los subtítulos mientras se escucha el valsecito La sombra, de Lucio Mantel.

Corte. Ahora es noche cerrada. Noche amable más que la alborada, diría San Juan de la Cruz, si bien con un propósito menos festivo: entre risas y voces un grupo de mujeres se mueve en la oscuridad, sin otra luz y guía que la que en el corazón ardía (por seguirlo al místico poeta, aunque la verdad es que alguien porta una linterna…). Ellas estacionan en algún lugar no identificable, se trasluce que están a sus anchas. Una morocha argentina (pero no la que al paisano muy de madrugada le ofrece un cimarrón) que oficiará de anfitriona llevando el hilo de esta suerte de recital nada convencional, habla de lo que les pasó en un encuentro de copleros, y ahí nomás se manda a cantar Romance de un negro milonguero, de Zitarrosa. Sí, es ella, la impar Julieta Laso que canta con la voz, la mirada, las manos, el cuerpo entero (antes lo hizo en off, entonando el valsecito). 

La misma que empezó a cantar “años en los antros de los antros”-dirá más adelante- con un trío de guitarras y que en 2014 reemplazó al Chino Laborde en la orquesta típica Fernández Fierro, abandonando de momento su incipiente carrera de actriz. En 2018, se largó como solista, grabó dos discos, Martingala y La Caldera, y acaba de lanzar el tercero, Cabeza negra, que incluye -como es su costumbre- diversidad de géneros del país en su repertorio.

JL presenta informalmente a las chicas. Nada que ver con cabezas parlantes de documental tipo: rostros vivaces, miradas expresivas; sus respectivas voces, haciendo comentarios al pasar, se escuchan como pensamientos, sin que abran la boca: Noelia Sinkunas, “reina de pianistas”; Fidela “Michu” Carrasco, hija bailarina de la supercoplera Mariana Carrizo, la “Cuchi” (por cuchillera) también dando felizmente su presente;  Lorena Carpanchay, primera coplera trans de los Valles Calchaquíes; Daniel “Bubu” Ríos, guitarrista; B Yami, trapera; Maka Fuentes y Mar Pérez, integrantes de Las Whisky, banda feminista de noise; Miguel Moreyra, bailarín…  Está claro que el compañerismo ya está instalado desde antes de que comience el film, donde aparecen dos varones que se integran con total empatía pero sin entrar en diálogo. 

El verdor del monte salteño, los sonidos de la naturaleza, el interior de un coche que deja ver caminos y puentes configuran la cambiante escenografía, con esos distintos planos espaciales, esa personal profundidad de campo tan propia de Lucrecia Martel. Tan reconocible a través de sus largometrajes, en sus trabajos para la tevé, en cortos y clips. La misma LM, que antes de este mediometraje -que algunos llamarán “menor” por su duración, por la modestia de sus recursos materiales, por su aparente sencillez- hizo en los Estados Unidos la dirección artística de Cornucopia, su primera producción teatral, para Björk. Es decir, la grandiosa reinvención de Utopía, el álbum de 2017 de la artista islandesa: imagen y sonido de vanguardia, despliegue alucinante de proyecciones; música, cine y teatro en un ruego por la salvación del planeta que logró que la crítica no encontrara palabras suficientes para elogiarlo. 

Ese despampanante show tuvo su debut en 2019, y retomó las giras en 2022. Vale recordar que en 2018, Martel había realizado el clip Fantasmas (un tema de Diego Baiardi y Lisandro Silva Echeverría) por Julieta Laso, con las bailarinas Jorgelina Contrera y Fidelia Carrizo. Sobreimpresiones envolventes de cuerpos danzantes, la cantora con los ojos orlados de negro cual diva del cine mudo, su pelo recogido en estilizada onda belle époque. Y al cierre, al igual que en Terminal Norte cuando finaliza con Cara de gitana, clavándonos sus ojos con mirada de Medusa, en la mejor versión de las que ofrece la mitología cuando aúna lo terrorífico y lo hermoso, esa idea griega de las mujeres como incivilizadas y peligrosas por naturaleza. Por cierto, a Julieta, cuando suelta su negra pelambre, no hay Perseo que se le anime con su espada, ni aún dormida…

Todas hacen lo suyo yendo por ahí, entre árboles y yuyales, sobre un tronco o en algún interior indescifrable porque Martel es así: nunca una vista postal del paisaje, nunca un paneo para ver detalles de una habitación; ella apenas nos deja entrever, adivinar en esos trasfondos fuera de foco tirando a abstractos si se trata un exterior o de un interior; a veces una o dos figuras bailando en segundo plano un trapeo incitante de BYanin, otras dibujan pasos de una danza criolla. La propia anfitriona bebiéndose los dichos de Carpanchay, su Trava diaguita, su Poemario. Cuando le toca a Mariana Carrizo, tal como fue anunciada en las presentaciones, te despega de la tierra con su caja y su cantar. Maka y Mar, las Whisky traen sus vibraciones. Y más Laso: un deleite cómo saborea Muchacho (de Celedonio Flores y Edgardo Donato), un escalofrío haciendo Hoy es nunca (de Leda Valladares).

Y desde uno de esos viajes en coche no sabremos a dónde, JL recuerda su paso por un colegio de monjas que la pintaban, su duro aprendizaje de teatro que le dio ese plus a la cantora que devino con el tiempo y una ayudita del azar. Como otras intérpretes relevantes de acá y de allá, Julieta es una actriz que canta, una cantora que actúa: Tita Merello, Susana Rinaldi, Marilyn Monroe, Jeanne Moreau, Judy Garland, Marion Cotillard, Dalida… De esa estirpe. Lo último que recicla o más bien hace como si fuera la primera vez es una canción que tiene más de cuatro décadas, Cara de gitana, del jujeño Daniel Magal. Lo hace con una irradiación seductora, juguetona, pícara, provocativa, filmada con tanto amor que invita a volver a San Juan de la Cruz, siempre tergiversando un tanto sus intenciones: “… que si color moreno en mi hallaste,/ ya bien puedes mirarme/ después que me miraste/ que gracia y hermosura en mi dejaste”.

MS

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