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TEATRO

La tragicomedia de la vida en una Nochebuena

Juan Cruz Wenk, Tomás Castaño y Silvia Kalfakian atendiendo un ansiado llamado.

Moira Soto

9 de mayo de 2026 16:31 h

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La Nochebuena es en nuestro país un festejo que trae su costado teatral, con su puesta en escena (arbolito, la mesa navideña, los regalos de Papá Noel (o Santa Claus), sus intérpretes (miembros de una familia, algún/a colado/a) que cumplen sus respetivos papeles tendientes a representar alegría, espíritu arriba, diversos grados de afecto. 

Pero cada vez menos, en esas juntadas, en ocasiones conflictivas, se tiene en cuenta el motivo que origina la celebración: según el nuevo Testamento (evangelios de Lucas y Mateo), el nacimiento –en un establo de Belén, Judea– de Jesús, a quien su madre, la Virgen María, lo envolvió en unas mantas y lo colocó, a falta de cuna, en un pesebre o comedero de los animales. Los primeros visitantes, avisados por ángeles, fueron unos pastores.

Laura Otermin y Ana María Castel, nieta y abuela en complicidad

Con el tiempo, la fiesta navideña se fue volviendo más consumista y menos piadosa. Empero, la Nochebuena se mantuvo como paradigma de reunión familiar, intercambio de obsequios y comida lo más abundante posible, incluyendo ciertos clásicos casi obligados como el vitel toné. El arbolito ornamentado, las guirnaldas, manteles y servilletas con motivos verdes, rojos y blancos, han ido reemplazando el armado del pesebre. Que, básicamente y en el material que sea, se compone de las figuras del Niño, María y José, un par de animales del establo, algunos pastorcitos con sus ovejas y, algo alejados, los Reyes Magos en camino para llegar el 6 de enero, zapatitos de niños y niñas en la puerta del dormitorio.

En la obra de teatro, actualmente en cartel, Hay que ser bueno porque Dios mira, que transcurre respetando las clásicas unidades de lugar, tiempo y acción, hay un sencillo pesebre sobre una mesa baja que –siguiendo un famoso consejo de Chejov– forma parte necesaria de la escenografía porque, cerca del final, alcanzará un importante valor simbólico, dramático.

Juan Cruz Wenk, Silvia Kalfakian, Davis Páez, Ana María Castel, Tomás Castaño y Laura Otermín en el saludo final

El susodicho pesebre, junto con otros elementos típicos de la ambientación de las Fiestas, aparece en la casa donde viven la Abuela, católica de ir a la iglesia (sin descuidar otras formas de magia), su sufrida hija Susana y su pizpireta nieta Priscilla, estudiante terminando el secundario. A este hogar modesto del conurbano llegará dos invitados: Brian, el hermano de Pri ya independizado, y Lauti, flamante novio de Susana, más joven y más adinerado que ella, generoso y con la mejor onda. Inesperadamente, Brian hace su entrada con “un amigo del trabajo”, un hombre mayor trajeado de Papá Noel, barba postiza blanca incluida. Solo está faltando que llegue Uriel, el hijito de Brian, nacido de la relación con una tal Carla, acaso un embarazo no buscado, pero ahora muy querido el niño por su joven padre que tiene pocas oportunidades de verlo, y que ahora espera impaciente.

Laura Otermin, dramaturga

Más allá de lo que podría deducirse de las primeras escenas que revelan la amorosa complicidad de la Abuela y Priscilla, de las quejas de Susana que vuelve cansada del trabajo y del viaje parada en el colectivo lleno, de la inquietud de la Abuela porque no encuentra su rosario de oro, de los roces entre hermana y hermano, Hay que ser bueno… no es una previsible comedia costumbrista al uso. Sutilmente se sale de esos límites y, sin dejar del todo de lado -en personajes como la Abuela, la adolescente y Lauti- situaciones o réplicas bien graciosas, la obra se va poniendo seria y profunda, nunca melodramática (dicho sea sin subestimar este género). De intentar encuadrarla, se podría aventurar que es una tragicomedia plebeya, donde no habrá héroes ni dioses del Olimpo, pero sí el Dios de los cristianos que todo lo ve, nada se le escapa y, en todo caso, la mitología que se cita es la de la religión católica… Desde luego, el desenlace no es funesto como en la tragedia donde los destinos están sellados desde el vamos, sino que arrima a sus personajes a alguna forma moderada de la felicidad, de la esperanza

Y sí, una vez más se confirma aquello de que el mundo es un escenario donde todos, hombres y mujeres, somos actrices y actores, con entradas y salidas, y cada persona puede llegar a representar diferentes papeles según el contexto. Palabras más, palabras menos, tal el concepto shakespeariano verbalizado por Jaques el melancólico en Como Gustéis. Comedia que llevara con muy buena fortuna a escena Jorge Azurmendi en 2014, con la impagable actuación de Ana María Castel, en tres papeles masculinos (los dos duques y un ocasional clérigo borrachín). Actriz que por cierto está muy presente en el rol de la Abuela, aggiornada pero que se escandaliza cuando Pri dice que su mama Susana “está caliente”. “Enamorada”, la corrige, “las madres nunca se calientan”. Por otra parte, vale señalar que cuando, en dos oportunidades se conjuga el verbo deslomar -que figuraba en el texto original- el público suelta la risa, convencido de que es un guiño de actualidad…

Patricio Azor, director

A su vez, Priscilla está prodigiosamente encarnada por Laura Otermín, treintañera que le hace creer, sin la menor duda, al público que tiene 17. Ella es además la autora de esta obra, y de otras cinco piezas estrenadas anteriormente. Por añadidura, este año se ganó el premio Ricardo Monti con La cueva de las bestias.

Evidentemente, este espectáculo ha contado con la muy afinada dirección de actores y una inteligente puesta de Patricio Azor, que valoriza el espacio y la escenografía, marcando con claridad escenas simultáneas en primer plano, segundo, tercero con ojo coreográfico. Además de Castel y Otermín, justo es remarcar que Tomás Castaño, David Páez, Juan Cruz Wenk y Silvia Kalfaian no solo brillan en sus respectivos roles sino que, junto a Castel y Otermín, transmiten una perceptible concordancia colectiva. 

Hay que ser bueno porque Dios mira, los sábados a las 20,30 en Ítaca, Humahuaca 4027. Entradas por Alternativa

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