Después de 20 años
Un país, un capitán, una era: lo que deja el retiro de Messi de la Selección Argentina
Empiezo por el final, terminaré en el principio, como decía el Indio Solari en “Encuentro con un ángel amateur”. Por ese final que nadie quiere que llegue, pero hoy es el día. Lionel Messi se retira de la Selección Argentina y es el fin de una era.
Se convirtió en leyenda, cuando nadie imaginaba que podía haber otro “Diez” después del “Diez” (no hace falta que aclare de quien estoy hablando). Nos enseñó tantas cosas, a todos los que amamos el fútbol y a los que no, deja un legado enorme. Messi logró cosas imposibles, y no hablo sólo de goles y gambetas que jamás olvidaremos. Messi logró que hasta los que no lo querían, los que le decían “vende patria”, los que lo acusaban que él jugaba de otra manera con la camiseta celeste y blanca en sus tiempos donde la rompía con el Barcelona, hoy terminan rendidos a sus pies, diciéndole “gracias” y pidiendo perdón.
Messi es, fue y seguirá siendo un ejemplo. Como jugador, pero sobre todo como persona. Los niños y los no tan niños aprendieron con él que los hombres también lloran, que nunca hay que bajar los brazos, que la pelota se pelea hasta el último minuto, y que los partidos se ganan y se pierden cuando el árbitro toca el pitazo final.
Muchos nos preguntamos: ¿Y ahora qué? La camiseta de la Selección da vueltas al mundo con el apellido Messi en la espalda, hay hinchas de Messi por todo el planeta que no son argentinos y cada vez que se refleja eso fuera del país, se te infla el pecho de orgullo. Porque sí, Messi es nuestro.
Gracias Capitán. Hace poco me di cuenta que no hubo ningún grito de gol en donde no le agradecía a su compañero que le hizo el pase. Los señala con un dedo, los mira y los abraza. En los torneos conseguidos siempre reunía al equipo entero para llevarse los aplausos todos juntos. Porque el líder de verdad devuelve el mérito y consigue que los demás sientan que también fueron parte. ¿Decime si eso no es humildad? Las cámaras lo buscan, los estadios se caen coreando su nombre, los chicos lloran, pero él jamás dijo que él es el mejor del mundo.
Buen padre, buen hijo: todo lloramos con él cuando se murió su papá, después del Mundial. Era como si hubieramos perdido a nuestro propio papá. Así se siente, así se lo quiere.
Ganó todo lo que pudo ganar, hasta un mundial. Sí, se le dio. Y fuimos todos muy felices, por supuesto, pero gran parte de los argentinos fuimos muy felices por él, porque se le había dado, porque lo había conseguido todo. Perdió cuatro finales y quiso volver a jugar la quinta, siempre volvió a la celeste y blanca, hasta cuando avisó que renunciaba, pero ni él se lo creyó.
Dejó hasta la última gota de sudor para poner la camiseta argentina en lo más alto, lo dio todo. Siendo el mejor de todos y nunca nadie le regaló nada. Con trabajo, con esfuerzo y con sacrificio.
El 31 de agosto de 2026 anunció que se iba de la Selección, que era una decisión que le dolía, pero entendió que es el momento. Fueron 20 años de amor y admiración. Dijo en el final: “Gracias Dios por hacerme argentino”. Nosotros le decimos: “Gracias Dios porque nació argentino” y no habrá argentino más argentino que Lionel Messi.
Hoy habrá muchas lágrimas, muchas ganas de llorar, porque llegó el día del Adiós, se va. Es una realidad. Pero el sentimiento es el mismo, de agradecimiento y de admiración. “Messi, Messi, Messi” bajará desde todos los rincones del Monumental, en el partido de esta noche a las 20.
Los que somos contemporáneos de la era Messi le decimos “gracias por todo Capitán, hasta siempre” y sabemos que no habrá otro igual. ¿Lo habrá?
NB