Por la aceleración inflacionaria, las paritarias ya revisadas vuelven a quedar atrasadas

Alberto Fernández en una foto de archivo, durante el plenario de secretarios generales de la CGT, el 8 de noviembre de 2019

A principio de año los sindicatos se sentaron a negociar la suba de sus salarios y acataron la pauta sugerida por el Gobierno, que entonces proyectaba una inflación del 29%. Para mediados de 2021 ya era evidente que la estimación oficial había quedado corta y volvieron a reunirse en una mesa y empujar el promedio de la suba al orden del 45%. Cerca de fin de año, la inflación amenaza con rebasar nuevamente ese porcentaje y se abre la posibilidad de una tercera ronda de revisiones: de revisar sobre lo revisado.  

La inflación de septiembre salta a 3,5% y rompe la tendencia a la baja de los últimos cinco meses

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Según datos oficiales, en los primeros 10 meses la inflación acumulada fue de 37% y, si se compara septiembre con el mismo mes de 2020, la variación interanual de los precios asciende a 52,5%. Incluso el Gobierno, con su optimismo obligado, anticipó en el presupuesto presentado recientemente que el año cerrará por encima del 45%, mientras que las consultoras privadas acercan la proyección al 50%. 

Algunos sindicatos ya anticiparon que volverán sobre la letra chica de los acuerdos si hace falta y uno de los secretarios generales de la CGT, Héctor Daer, lo planteó como escenario general. “Los salarios le tienen que ganar a la inflación y le van a ganar. Hacia fin de año habrá revisiones de paritarias”, dijo en declaraciones radiales.

La herramienta está disponible: la mayoría de los sectores incluyó en su acuerdo una cláusula para volver a sentarse a negociar. Además, hay un aval político para hacerlo; la promesa de que los salarios crecerán por encima de la inflación está en el centro del pacto electoral del Frente de Todos y no puede ser desatendida en la víspera del 14 de noviembre. "Nos preocupa el dato de inflación. El 90% de las paritarias le viene ganando, pero si hay que reabrir paritarias, se hará", anticipó el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, luego de que se conociera el Índice de Precios al Consumidor de septiembre, que saltó al 3,5% y terminó con la racha de cinco meses de desaceleración.   

"Esto te hace entrar en una carrera precios-salarios que nunca termina bien", dice a elDiarioAR Luis Campos, coordinador del Observatorio del Derecho Social de la CTA Autónoma, para quien la dinámica de “revisión de las revisiones” no es algo nuevo, sino más bien una constante desde 2016. “En 2018, particularmente, la pauta inflacionaria original era del 15%; los sindicatos arrancaron negociando eso y algunos, como Comercio, llegaron a tener cinco revisiones en el año, que terminó con una inflación por encima del 47%", recuerda. 

Si se mira la historia reciente, la negociación inicial de paritarias suele plegarse a la pauta sugerida por los distintos gobiernos de turno; es la inflación la que no se cuadra. La revisión es la herramienta que tienen los trabajadores agremiados para “colaborar” con los oficialismos sin atarse de manos. 

Si bien esta gimnasia de negociación constante puede ser una señal de la buena salud de las paritarias, plantea un escenario con varios problemas. Por un lado, no todos los trabajadores pueden acceder a este mecanismo defensivo. De los 19 millones de ocupados en la Argentina, solo 9,6 millones son asalariados registrados, y algunos no tienen el poder suficiente para lograr que se reabra la discusión o pertenecen a sectores donde no hay margen para tensar la cuerda. Otros ni siquiera están bajo un convenio, son informales, o trabajan de manera independiente. 

"La carrera precios-salarios termina en una aceleración que hace correr el riesgo de pasarse de un régimen de alta inflación a un escenario más cercano a la hiperinflación. Yo no creo que estemos todavía ahí, pero es algo que hay que atender", advierte Campos, para quien un proceso de “descontrol” macroeconómico puede terminar con un ajuste que afecte a los trabajadores. 

Es un escenario muy delicado, donde las mismas políticas que el Gobierno impulsa para generar una mejora más o menos rápida en los bolsillos de las familias argentinas tienen el riesgo de alimentar la inflación. Es decir, de acicatear el problema de fondo. 

Los analistas coinciden en que, para disminuir este riesgo, es necesario que las políticas que apunten a mejorar la capacidad de compra de los argentinos deben estar inscriptas en un esquema más grande que apunte a estabilizar la macroeconomía y generar previsibilidad en el mediano y largo plazo.  

Para Guido Lorenzo, director de la consultora LCG, se debe trabajar también sobre las expectativas. Llama la atención sobre lo que considera un error en ese plano: el anuncio del plan —bautizado informalmente— “platita” alimentó la hipótesis de una emisión descontrolada que generó la reacción negativa del mercado, pero que hasta el momento no se concretó. “Al final no hay más plata de la que preveíamos. Entonces, no tuviste una emisión tan fuerte ni el alivio más o menos inmediato sobre los hogares, pero sí una aceleración inflacionaria. Eso es falta de comprensión, de comunicación, de acuerdo interno”, apunta.  

¿El Gobierno va a poder cumplir con su promesa de hacer crecer los salarios por encima de la inflación? Para Lorenzo, no. “Puede ser que en diciembre te den un impulso extra por el que termine dando bien la comparación contra diciembre de 2020, pero si tomás el promedio del año, que es lo que le importa al trabajador, el salario estuvo peor”, precisa. 

Nicolás Segal, economista del Instituto de Trabajo y Economía (ITE - Fundación Germán Abdala), señala que el  grueso del trabajo registrado ya tiene esquemas de aumentos previstos para octubre y noviembre que, si bien va a dejar la recomposición por debajo de la inflación, va a contribuir a mitigar la sensación de aumentos de precios. “Mientras que la inflación este año se encamina a cerrar en el orden del 49%, el salario con los esquemas ya revisados se ubica en torno al 46% o 47%; por lo que pensamos en una caída del salario real de dos puntos para este año”, detalla. Sí consideró, como Lorenzo, que puede haber algún tipo de bono o suma fija de fin de año para intentar compensar a los sectores más postergados. 

También muchos de los sindicatos tienen cuotas previstas para los primeros meses de 2022 (70% de la masa salarial aumentaría alrededor de 8,5% en el primer trimestre) por lo que el analista estima que un esquema posible es que, en vez de que se reabran las discusiones, se adelanten tramos de aumento ya previstos. 

De acuerdo con Segal, desde la convertibilidad en adelante siempre que se discuten paritarias en un contexto con inflación por encima del 40%  el promedio de los trabajadores tiende a perder. “Algún sector puede llegar a empatar, pero es muy difícil que el conjunto de la negociación colectiva alcance esa nominalidad y permita que el salario levante”, apuntó. 

Con una mirada más optimista, Cecilia Garriga, economista del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA-CTA), considera que todavía no se puede hablar de una "aceleración" de la inflación porque solo se constató en el último IPC, de septiembre. Sin embargo, admite que si el aumento de la inflación se sostiene y se da una aceleración "es probable que se den revisiones". 

DT

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