Un boom exportador con pies de barro
El gobierno festejó el saldo superavitario de la balanza comercial en septiembre, gracias a los valores récord de las exportaciones. Aunque se inflan las ilusiones de “salvarse” con esta coyuntura, la evidencia es palmaria: hay una ausencia manifiesta de cualquier clase de derrame de esa expansión concentrada en muy pocas ramas de actividad y territorios. Esas divisas preciadas se escurren de las arcas públicas y de la economía nacional con la velocidad de una puerta giratoria.
Ocurre que para entender la dinámica económica de la Argentina reciente es necesario desarticular de manera categórica las visiones ortodoxas que conciben al comercio exterior como un mero canal de asignación eficiente de recursos basado en ventajas comparativas estáticas. Desde la perspectiva de la economía política y del estudio de la inserción internacional de las economías periféricas, estas transformaciones en el patrón de acumulación responden a la consolidación de lo que denominamos mandato exportador. Este mandato se define como un esquema regresivo, estructurado en torno a la primacía del capital concentrado, reprimarizador y extractivo orientado prioritariamente a la generación intensiva de divisas para cumplir con las exigencias del capital financiero internacional y los procesos internos de valorización financiera.
El éxito exportador que hoy se festeja es resultado de un triple extractivismo: de recursos comunes, de divisas y de recursos fiscales. Contra el sentido común que entiende que esto “resuelve un problema” y que ahora solo quedaría ver cómo se transmite a otros sectores, debe entenderse que este éxito se basa en la generación de rentas que no se reinvierten en el resto de la economía, por lo cual no es esperable derrame alguno.
El mandato exportador no constituye entonces una estrategia neutral de “desarrollo orientada hacia el exterior”, sino una reconfiguración estructural y profunda de las relaciones socioeconómicas del país. Bajo la gestión del gobierno de Javier Milei, este planteo ha sido llevado a su paroxismo doctrinario y operativo. Mediante el desmantelamiento activo de los mecanismos de regulación sobre el mercado interno, el desamparo sistemático del tejido industrial, la eliminación de instrumentos cambiarios e impositivos y la erosión deliberada de los salarios reales y otros ingresos fijos, el aparato estatal queda subordinado al imperativo de maximizar los saldos exportables primarios a cualquier costo.
Sin embargo, el núcleo problemático de este modelo radica en una contradicción estructural e insalvable: la obtención de guarismos récords en las exportaciones comerciales no se traduce en la acumulación sostenida de reservas internacionales en el Banco Central ni en el fortalecimiento de la soberanía macroeconómica. Por el contrario, los volúmenes inéditos de divisas generados son succionados por canales institucional e históricamente diseñados para la fuga de capitales, la remisión de utilidades y dividendos al exterior y, de manera determinante, el pago continuo de los servicios de la deuda externa. Entre otras cosas, el impulso exportador se basa en que, así como entran, las divisas puedan salir.
Radiografía del sector externo
Durante los primeros nueve meses de 2026, las exportaciones de bienes realizadas desde el país registraron cifras récord, alcanzando un total de USD 77.267 millones, lo que implicó un incremento interanual del 21,6% en comparación con el mismo período del año anterior. Este comportamiento estuvo apuntalado fundamentalmente por la consolidación del superávit del sector energético (USD 9.445 millones) y por la recuperación y el dinamismo del complejo agroexportador tradicional. De acuerdo con las estimaciones presentadas en el último informe del MATE, los ingresos comerciales netos acumulados durante el ciclo de gobierno de La Libertad Avanza se ubican en máximos históricos, llegando a duplicar o incluso triplicar los registros de ejercicios comparables en gestiones anteriores.
No obstante, la balanza de pagos exhibe un comportamiento asimétrico y profundamente heterogéneo que anula cualquier mejora en la autonomía económica del país. La masa de dólares que ingresa por la vía del superávit comercial es drenada de forma vertiginosa a través de otros componentes. En promedios mensuales, desde el inicio del gobierno hasta el presente la balanza comercial de bienes arrojó un saldo positivo de casi USD 2.000 millones. Esos recursos se erosionaron por varias vías, entre las que sobresalen:
- El saldo de servicios, que incluye tanto turismo como los servicios reales de las propias empresas (fletes, seguros, etc.), implicó un drenaje mensual de USD 660 millones;
- Los pagos de servicios e intereses de la deuda externa se llevaron casi USD 1.000 millones mensuales;
- La remisión de utilidades y dividendos al exterior fue de “sólo” USD 135 millones, aunque viene aumentando vertiginosamente desde la flexibilización del “cepo cambiario” en abril de 2025. A ello hay que computar otros USD 54 millones que salieron cada mes por desinversión extranjera (hay una salida neta de inversiones productivas);
- La formación de activos en el exterior, la famosa fuga, se llevó más de US 1.700, un promedio que en realidad esconde niveles mensuales mucho más altos desde que se eliminaron las restricciones cambiarias.
La apertura y desregulación, que demandan las empresas para exportar más, hacen que lo que entra por un canal, se filtre por todos los demás. Incluso más, la flexibilización y desregulación de los marcos normativos permite que una porción significativa de las divisas liquidadas por las grandes corporaciones exportadoras no se liquide plenamente en el mercado oficial de cambios.
De hecho, si bien el gobierno de Milei logró acumular reservas por USD 20.834 millones, dicha cifra que es explicada exclusivamente por los préstamos del FMI y bancos de desarrollo, que aportaron un total de USD 21.788 millones. Es decir, préstamos que no pasan por el mercado, sino por decisiones geopolíticas y relaciones diplomáticas, son lo único que sostiene el esquema cambiario. Debemos recordar que Argentina atraviesa uno de los mejores momentos históricos en materia de precios internacionales y no está sufriendo por el momento ninguna catástrofe climática que afecte a sus exportaciones. Si no logra despegar su actividad en este contexto, ¿qué pasará si esos precios bajan o un evento climático extremo afecta al país, al estilo de la sequía de 2023 o pérdidas eventuales asociadas al “Súper niño”?
De este modo, la economía real –sometida a una recesión inducida, una caída vertiginosa del consumo popular y una drástica pérdida de poder adquisitivo de salarios y jubilaciones– opera como una verdadera “oficina extractiva” cuyo único propósito es transferir excedentes primarios hacia la órbita del capital financiero global y los acreedores privados, manteniendo las arcas de la autoridad monetaria en una situación permanente de extrema fragilidad. Fragilidad que es “cubierta” con la toma de nueva deuda y con el apoyo financiero del gobierno estadounidense.
La narrativa oficial: “Vaca Muerta es una nueva pampa húmeda”
Esta desconexión entre el comercio exterior y la sustentabilidad macroeconómica se evidenció en la reciente intervención de Milei en la exposición Argentina Oil & Gas (AOG) Patagonia 2026. Ante la dirigencia petrolera, el presidente celebró la proyección de superar los USD 100.000 millones en exportaciones totales y un superávit energético superior a los USD 10.000 millones, adjudicando este hito al cambio de marco regulatorio trazado a partir del DNU 70/23 (especialmente la desregulación de precios y la eliminación del “barril criollo”) y a las prerrogativas otorgadas mediante el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI).
Bajo la narrativa oficial, Vaca Muerta y el sector hidrocarburífero operan como el motor casi milagroso de un “shock de oferta” capaz de posicionar a la Argentina como potencia energética global. Sin embargo, desde una mirada de economía política, el discurso oficial incurre en serias falacias teóricas y omisiones estructurales.
En primer lugar, Milei omite que la infraestructura básica, el aprendizaje tecnológico y las inversiones de largo plazo que permitieron la maduración de Vaca Muerta fueron fruto de políticas públicas, la recuperación del control estatal de YPF y años de planificación. Pretender que la formación no convencional “siempre estuvo allí” y que solo bastó la libertad de mercado para activarla ignora la complejidad de los procesos de acumulación de capital en sectores intensivos.
En segundo lugar, la pretensión gubernamental de que el RIGI constituye “la política industrial y de desarrollo más importante de la historia” disfraza lo que en verdad es un esquema que consolida enclaves exportadores de productos primarios bajo control transnacional. Al garantizar privilegios impositivos, aduaneros y cambiarios extraordinarios –por ejemplo, con libertad total para no ingresar divisas al país a partir de determinado año–, el RIGI desvincula el crecimiento extractivo de la red de proveedores industriales locales y del desarrollo tecnológico interno, reduciendo la economía nacional a una mera proveedora de insumos básicos y energía primaria y minerales para el exterior. Y al desfinanciar al Estado, impacta sobre la vida de millones de personas por la vía del ajuste. El deterioro de la vida de las mayorías es el sustento del privilegio de los exportadores.
En tercer lugar, la promesa de alcanzar el millón de barriles diarios de petróleo se presenta como la solución definitiva al estrangulamiento externo. Eso sería ver solo la “foto” y no la “película” entera. Como ya se dijo, por un lado se trata de una actividad basada en recursos naturales no renovables que genera una renta que, como tal, no tiene la obligación de que sea reinvertida de forma productiva para acumular capital (a lo cual se agrega que muchas de las inversiones en el up stream petrolero han sido solventadas a partir de una multiplicidad de prebendas estatales en el marco del RIGI). Por otro lado, si el marco normativo permite a las operadoras multinacionales disponer libremente de las divisas generadas en el exterior, el récord de exportaciones de Vaca Muerta no engrosa las reservas del Banco Central. Así, el “boom” no hace más que acentuar el patrón de reprimarización sin soberanía monetaria.
La trampa de la restricción externa y la relevancia del endeudamiento
Desde la perspectiva que aquí sostenemos, el esquema vigente ilustra la trampa recurrente de los programas de corte neoliberal en la periferia. La premisa ortodoxa de que la desregulación, el libre mercado y la apertura comercial irrestricta conducen indefectiblemente al equilibrio externo y a la estabilidad macroeconómica vuelve a revelar una vez más su falsedad teórica y empírica. Lejos de resolver la histórica restricción externa que ha paralizado reiteradamente el crecimiento argentino, el modelo actual la acentúa y agudiza, en tanto desarticula la densidad del entramado industrial y multiplica las exigencias de divisas por conceptos de rentas financieras y patrimoniales.
Por eso, el programa económico del gobierno de Milei depende del incremento de las exportaciones, de un reducido consumo interno para mantener a raya las importaciones, de la continuidad de los flujos de endeudamiento externo y del estímulo al ingreso de capitales especulativos de corto plazo. En este esquema la apelación al endeudamiento no representa una anomalía ni una medida contingente, sino constituye uno de los pivotes estructurales para postergar el estallido de una crisis de liquidez y sostener un regimen cambiario artificialmente apreciado que resulta completamente incompatible con la estructura productiva real del país. De allí el industricidio que se está desplegando.
Esta lógica de funcionamiento engendra un círculo vicioso de severas consecuencias para el futuro del país:
- El uso persistente de la deuda en moneda extranjera para financiar el plan de ajuste eleva los compromisos de pago, con un impacto creciente en las cuentas externas y también en las arcas fiscales (donde confluye con el aumento del endeudamiento público en moneda local, que viene incrementándose principalmente, aunque no de forma exclusiva, a partir de la estrategia de capitalización de intereses que lleva adelante el gobierno nacional para sostener el superávit fiscal).
- A medida que crece la factura mensual de los intereses y la fuga de capitales, incluso las cosechas agrícolas o las producciones energéticas y mineras más extraordinarias se vuelven insuficientes.
- Como respuesta a este estrangulamiento, la receta de la ortodoxia al mando del Estado consiste en exigir un redoblamiento del mandato exportador, profundizando el sesgo extractivista, otorgando mayores beneficios fiscales e inmunidades regulatorias a los sectores concentrados y presionando por una flexibilización laboral y ambiental todavía más drástica para intentar atraer capitales primario-exportadores.
En la Argentina contemporánea, la subordinación de la política económica al mandato exportador no genera desarrollo, no diversifica la matriz productiva ni aporta estabilidad macroeconómica de largo plazo.
Bajo la orientación ideológica del gobierno de La Libertad Avanza, el país profundiza su condición de enclave exportador reprimarizado, caracterizado por una dinámica donde la generación récord de divisas comerciales tiene como contrapartida directa el vaciamiento de las arcas públicas, la transferencia neta de riqueza al exterior y la destrucción de amplios segmentos del tejido social e industrial interno. El modelo no cierra mediante las virtudes del comercio ni por el crecimiento genuino, sino por la vía del recurso sistemático al endeudamiento externo y al ajuste perpetuo sobre las mayorías populares.
Sin una revisión de fondo que desmantele la lógica de la valorización financiera, restituya la capacidad regulatoria del Estado sobre el circuito del comercio exterior y la gestión de las divisas, y reoriente la estructura productiva hacia el desarrollo industrial soberano y la redistribución progresiva del ingreso, la economía argentina permanecerá atrapada en una espiral recurrente de ilusión exportadora, despojo de recursos y una dependencia externa cada vez más asfixiante.
AR / NB
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