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Alerta en el sistema sanitario agroalimentario

El deterioro del Senasa ya impacta en exportaciones: “La reputación de la 'marca argentina' se está poniendo en juego”

China y Bulgaria rechazaron exportaciones argentinas por no superar controles sanitarios, en un contexto de vaciamiento del Senasa.

León Nicanoff

3 de abril de 2026 16:46 h

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Así como una persona en un supermercado abandona una marca tras comprar un producto en mal estado, en el comercio internacional los países dejan de comprar cuando la calidad de lo que se exporta no está garantizada. En el negocio de los alimentos, la reputación lo es todo.

Por eso, la suspensión de China a las importaciones de uno de los frigoríficos que más exporta en el país y el rechazo de Bulgaria a un cargamento de girasol tras no superar los controles sanitarios, encendieron las alarmas en el sector. “La marca Argentina, por los controles de calidad y sanidad, eran modelo en el mundo, pero esa reputación se está poniendo en duda”, alertó Mercedes Cabezas, trabajadora del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa).

El Senasa atraviesa un proceso de vaciamiento, según denuncia ATE. La combinación de desregulación –como la flexibilización del registro de agroquímicos–, salarios que quedaron por debajo de la línea de la pobreza (entre $1 millón y $1,3 millones con exclusividad en el trabajo) y el éxodo de profesionales (la planta pasó de 6.000 trabajadores en 2023 a menos de 4.900 en la actualidad) que se produce en forma sostenida, está deteriorando la capacidad operativa del organismo.

Con controles cada vez más limitados, el impacto ya se siente en las exportaciones y pone en riesgo el estatus sanitario de un país dependiente del agro para le ingreso de dólares. “El control se sostiene por la sobrecarga de quienes permanecen. No sé hasta cuándo más se puede aguantar, estamos al límite de la capacidad operativa”, advirtió Cabezas, quien también es secretaria adjunta de ATE.

Trabajadores del Senasa denuncian el vaciamiento del organismo.

En marzo, dos episodios encendieron alertas en el frente externo. Por un lado, Bulgaria rechazó un cargamento argentino de semillas de girasol tras detectar niveles de malatión y deltametrina que superaban hasta tres y cinco veces, respectivamente, los límites de la Unión Europea, en un embarque declarado oficialmente “en incumplimiento” y con otros diez buques en camino por unas 440.000 toneladas.

En paralelo, China suspendió las importaciones de carne del frigorífico ArreBeef, uno de los principales exportadores del país, por la presunta presencia de cloranfenicol, un antibiótico prohibido en el comercio internacional, lo que obligó a gestiones diplomáticas urgentes para intentar revertir la medida. Ambos casos están relacionados con las fallas en los controles sanitarios.

“Con el pretexto de desregular, solo se bajan los estándares sanitarios y de control para facilitar las importaciones de productos veterinarios, herbicidas y demás”, señaló el ex vicepresidente del Senasa, Carlos Milicevic.

“El organismo atraviesa una situación delicada; a las intromisiones políticas se le suma la poca valoración que se da a sus agentes, que con magros salarios buscan otros horizontes laborales, y este deterioro lo podemos pagar muy caro”, agregó el ingeniero en Producción agropecuaria.

“Cualquier enfermedad que aparezca en el consumo interno rápidamente se traslada a frigoríficos exportadores. Y eso nos preocupa. Ya vimos cargamentos devueltos: carne desde China, girasol desde Bulgaria. Eso refleja problemas que ya no se pueden tapar y que tienen que ver con la baja capacidad operativa del organismo, denunció Cabezas.

Menos controles, más riesgos

Detrás de estos episodios, los trabajadores del organismo describen un sistema bajo presión. En los últimos años se fueron más de 1.200 profesionales, en su mayoría por salarios que no alcanzan y condiciones laborales deterioradas. Sin reemplazos, el personal restante absorbió tareas o directamente dejó de realizar ciertos controles.

En áreas sensibles como fronteras, los controles comenzaron a volverse más aleatorios. Esto implica riesgos no solo comerciales sino también sanitarios: el ingreso de alimentos o productos vegetales sin la fiscalización adecuada puede introducir enfermedades o plagas que luego impacten en la producción local.

“El sistema funcionó durante décadas justamente porque evitaba estos problemas. Argentina no tuvo grandes epidemias en los últimos 50 años por la calidad de sus controles. Si eso se debilita, el deterioro es inevitable”, explicó Cabezas.

China suspende exportaciones de carne argentina a frigorífico por posible contaminación.

A la sobrecarga laboral se suman demoras en viáticos y gastos que, en algunos casos, terminan siendo afrontados por los propios trabajadores. “Estamos hablando de personas que toman decisiones en nombre del Estado. Eso requiere condiciones dignas y claridad mental”, advirtió.

Del comercio exterior al plato local

El impacto no se limita al frente exportador. En el sector advierten que el debilitamiento del Senasa también puede trasladarse al mercado interno.

Advierten que una falla en los controles sanitarios puede derivar en la circulación de productos no aptos para el consumo. Y, en sentido inverso, cualquier problema detectado en el mercado interno puede escalar rápidamente hacia el circuito exportador, con consecuencias comerciales.

“Si se sigue debilitando el sistema, pueden aparecer enfermedades o situaciones que hoy están controladas. El Senasa está justamente para evitar eso”, señalaron desde el organismo.

A contramano del mundo

El deterioro local ocurre en un contexto internacional que avanza en sentido opuesto. Los principales mercados endurecen sus exigencias sanitarias y ambientales, con límites cada vez más estrictos a los residuos químicos y mayores controles sobre toda la cadena productiva.

En la Unión Europea, por ejemplo, las regulaciones abarcan desde el uso de agroquímicos hasta la trazabilidad completa de los productos: transporte, almacenamiento, contenedores y análisis de laboratorio. Cualquier falla en ese recorrido puede terminar en un rechazo en puerto.

Rechazan un cargamento de girasol argentino en Europa por no cumplir requisitos fitosanitarios.

En ese marco, según los especialistas, los rechazos recientes pueden derivar en controles más estrictos para todos los productos argentinos, mayores costos logísticos y pérdida de competitividad.

“Argentina logró recuperar mercados después de crisis sanitarias, como ocurrió con la fiebre aftosa. Pero si ahora se percibe una baja en los controles, esos mercados pueden volver a cerrarse”, advirtió Cabezas.

El riesgo, coinciden en el sector, no es solo inmediato. Es estructural, ya que la pérdida de confianza en la “marca país” puede erosionar uno de los principales motores de ingreso de divisas en un contexto económico ya frágil.

LN/MG

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