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Detrás de las góndolas: 20 grandes empresas controlan las ofertas y los precios en el supermercado

La concentración afecta la oferta y los precios

Una tarde de jueves cualquiera, frente a la góndola de una gran cadena de supermercado, nadie podría decir que faltan ofertas de fideos. Hay paquetes verdes, azules, rojos. Con huevo o sin. Spaghetti, coditos, tirabuzones. Más caros, más baratos. Es probable que el consumidor no se entere, a menos que estudie cuidadosamente el envoltorio de cada producto, que muchos de ellos corresponden al mismo grupo empresario.

En la góndola de fideos secos lucen Luchetti, Matarazzo, Don Vicente, Don Felipe, Favorita y Canale. Todas pertenecen a Molinos Río de la Plata, la firma de la familia Perez Companc. 

Más allá, en el espacio destinado a productos para el cuidado de la ropa, el sello de la multinacional Unilever está detrás de Ala, Skip, Drive, Comfort y Vivere.

En la góndola de productos refrigerados hay mucha oferta de yogures y postres, pero a varios de ellos -Yogurísimo, Ser, Danonino, Danette, Serenito, Original La Serenísima, Vidacol, Activia, Actimel, Gran Compra, La Serenísima Clásico- los une un hilo invisible: todos son de la francesa Danone.

Un poco a la izquierda, en el sector de leche fluida fresca, se apilan sachets de La Serenísima y Armonía, algunas veces también de La Martona: Mastellone Hermanos, casi sin competencia.

Según un informe reciente del Centro de Economía Política (CEPA), el 74% de la facturación de los productos de la góndola corresponde a 20 grandes empresas, entre las que se cuentan Unilever, Mastellone, Coca Cola Company, Sancor, Danone, Molinos Río De La Plata, Procter & Gamble, Papelera Del Plata, Cervecería Quilmes, Pepsico y Arcor, entre otras.

Además, se observa una recurrencia de las mismas empresas en varias categorías. Como ejemplo, el informe de CEPA menciona que la empresa Arcor concentra casi el 71% del mercado de mermeladas -con marcas como Arcor, La Campagnola, La Campagnola BC, Noel y Dulciora-, pero participa también de los enlatados -con Arcor, La Campagnola y Noel-, donde tiene más del 20% del mercado, y en el segmento de jugos en polvo -con Arcor y La Campagnola BC-, con un porcentaje similar.

“No hay ninguna duda que hay mucha concentración en las góndolas. Hay cartelización, lo que afecta a los precios porque el que concentra tiene el poder y puede poner los precios que quiere porque el consumidor no tiene posibilidad de elegir otro producto. Por eso es muy importante la Ley de Góndolas”, dice a elDiarioAR Víctor Fera, dueño de la cadena mayorista Maxiconsumo y de las marcas Marolio y Molto.

Se refiere a la ley sancionada en febrero de 2020, que se comenzará a implementar de manera gradual en los próximos días. Esta norma, que aplica a los supermercados a partir de los 800 metros cuadrados, establece que los productos de una marca no pueden ocupar más del 30% de la góndola y que debe haber al menos cinco proveedores diferentes por categoría. Además, el 25% de los productos deben corresponder a PyMEs, cooperativas o mutuales, lo mismo que el 5% a empresas de agricultura familiar, campesina o indígena o de la economía popular.

Alguien que tiene más demanda y que me hace vender a mí es lógico que esté en un mejor lugar

Según el punto de vista de Fera, los proveedores pequeños tienen prácticamente “prohibido” ingresar a la góndola, donde las “grandes corporaciones” hacen acuerdos para quedarse con los espacios. Dice que él mismo enfrentó la dificultad para ingresar en los comercios y, en 2019, incluso se bajó del programa Precios Cuidados (en el que actualmente sus marcas están presentes) porque “no estaban exhibidos en la góndola”. “Hoy están, aunque algunas cadenas todavía se resisten y prefieren exponer a otras marcas que valen 30% más”, protesta. 

Fuentes del sector supermercadista aseguran que no es cierto que se hagan “acuerdos de exclusión implícitos”, pero sí que se negocian con las grandes firmas los espacios en las góndolas. “Alguien que tiene más demanda y que me hace vender a mí es lógico que esté en un mejor lugar”, explicó un empresario.

Más allá de estos matices, ni siquiera en el sector de los supermercados niegan la existencia de una fuerte concentración de proveedores, aunque se minimiza el efecto que podría tener la Ley de Góndolas como estrategia para revertirla. “Es verdad que Molinos Río de la Plata tiene demasiadas marcas de fideos, pero es porque compró demasiadas fábricas y el Gobierno le permitió comprarlas; ese es el problema”, apunta un referente de las grandes cadenas, y continúa: “Para nosotros sería mucho más fácil en lugar de pelearnos con Molinos por los fideos de consumo masivo poder negociar con seis proveedores diferentes. El problema es que los proveedores que pueden competir con Molinos no se pueden crear con una ley. Aunque yo me ponga a fabricar fideos de excelente calidad, y a precios competitivos, van a juntar tierra en la góndola. Ese va a ser el resultado final de esta ley”.

El hombre insiste: la mera presencia en góndola no asegura venta y, tampoco, los productos PyME son siempre más baratos. Sugiere, como medida más efectiva contra la concentración, que el Gobierno aplique las herramientas legales que ya tiene y, por ejemplo, anule fusiones o obligue a desinvertir a las empresas que corresponda. 

“Es un mito urbano que el supermercadismo no quiere proveedores PyME. Hay exigencias en cuanto a formalidad fiscal y laboral, inocuidad alimentaria y capacidad de abastecimiento que muchas veces hace que ciertas PyMEs no puedan o no quieran completar. Al contrario, no nos conviene la concentración de proveedores y las PyMEs que cumplen esas exigencias son buscadas y bienvenidas”, aseguran en el sector. 

Para Santiago Urbiztondo, economista de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), si bien es posible que existan conductas abusivas vinculadas a la gran participación de ciertas empresas en el mercado, la concentración “no tiene que ver en absoluto con la variación de precios, con la inflación, aunque sí con el nivel de precios que una determinada competencia puede dar como resultado”. “Si tenés una situación de mayor competencia los niveles de los precios son más bajos o, al mismo nivel de precio, la calidad de los productos es mejor”, explicó.

Por este motivo, para Urbiztondo no tiene sentido pretender que una norma como la Ley de Góndolas sea una herramienta efectiva de acción contra la inflación. Según su mirada, la introducción de un shock de competencia por esa vía podría generar cierto reacomodamiento del nivel de precios, pero no aplacar el ritmo con el que se ajustan mes a mes. Además, coincide en que es una herramienta demasiado generalista, que presupone problemas de competencia en vez de intervenir caso por caso. 

Por otro lado, en el sector de supermercados mencionan que tienen precios más económicos que los de otros canales con los que compiten, aún cuando esos otros canales tienen una mayor incidencia de informalidad laboral y fiscal. Según datos de la consultora Scentia, si se compara enero de 2021 contra el mismo mes de 2020, se advierte que en las grandes cadenas los precios subieron 16% menos que en los autoservicios, aunque gran parte se explica por la incidencia de los programas Precios Máximos y Precios Cuidados en las grandes superficies. 

Para Urbiztondo hay incluso regulaciones que deterioran el “proceso competitivo” en la Argentina, como por ejemplo Precios Cuidados. De hecho, son varias las voces que advierten que los acuerdos de precios tienden a consolidar un proceso de concentración de la economía, ya que el Gobierno debe sentarse a negociar con las compañías más grandes para asegurar el abastecimiento. 

En este sentido, Fera reclama que se deje de apuntar las políticas de precios exclusivamente a las grandes superficies y se enfoquen en “la gente que más necesita, del barrio”. Por eso resalta la iniciativa anunciada esta semana por el gobernador bonaerense Axel Kicillof, Comprá más Cerca, que impone una canasta de productos básicos y genéricos (sin marca) a precios bajos en los comercios de cercanía de los 135 distritos de la provincia. 

Según la ASU, la participación de todos los supermercados en el mercado de bienes de consumo masivo es de 37%

Para Juan Vasco Martínez, director ejecutivo de la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), en la Argentina “no hay concentración del sector de supermercados, sino una sobrerrepresentación simbólica en el imaginario social y político”. Según sus datos, la participación de todos los supermercados en el mercado de bienes de consumo masivo es de 37%. Porcentaje que, con leves oscilaciones, se mantiene desde hace por lo menos 15 años. Lo compara con otros países: en el Reino Unido la participación de los supermercados es del 76% (una sola cadena, Tesco, tiene el 25% del total mercado), en Brasil y Chile la concentración ronda el 65% y en México y Colombia, está en torno al 50%. 

Según una de las grandes empresas multinacionales de gran predominancia en ciertas góndolas, la ley generará un aumento en el costo de reposición, porque al tener menos espacio los productos más vendidos deberán ser repuestos más rápido. “Eso nos lo van a cobrar a nosotros”, se ataja un supermercadista, que asegura que esa transferencias de costos es un procedimiento habitual. 

“A mí me da risa cuando ciertas grandes empresas dicen que respetan los congelamientos, porque lo respetan hasta un cierto punto -continúa-. Mantienen el precio de lista, pero al supermercado le bajan todos los acuerdos comerciales: las bonificaciones por volumen o por diferentes conceptos, bajan el número de repositores. Hay un montón de costos ocultos que le permiten mejorar su ecuación mientras que nosotros tenemos el precio clavado en góndola.”

DT

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