En un año, las exportaciones cayeron 14,6% y el intercambio fue negativo con los tres principales socios comerciales: Brasil, China y EEUU

Un barco carga cereales. La soja y el maíz expresan 40 por ciento de las exportaciones argentinas

La crisis económica disparada por la pandemia -sólo equiparable al colapso de 1930 y la recesión de la subprimes de 2008- se tradujo en una contracción del comercio global durante 2020 de entre 7% y 9%, según estimaciones preliminares de la Conferencia sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés). En ese contexto global, las exportaciones de bienes argentinos retrocedieron 14,6% entre enero y noviembre de 2020 respecto del mismo período de 2019, de acuerdo a cifras oficiales, un dato crucial que supone un desafío para el plan económico de Alberto Fernández que tiene a la falta de dólares en el centro de las preocupaciones.

Argentina frente al ascenso de China

La abrupta caída en las ventas al exterior dela Argentina se explica por el impacto del COVID-19, pero también por las condiciones económicas locales, que hicieron que fuera todavía mayor si se la compara con el promedio de la región: el Mercosur tuvo el año pasado un descenso de 8,4%, mientras que América Latina y el Caribe bajaron 10,5% en promedio.

La Organización Mundial del Comercio (OMC) prevé para 2021 un aumento de 7,2% del comercio mundial, aunque esa estimación está sujeta a un grado de incertidumbre elevado que depende de la evolución de la pandemia, las tensiones comerciales entre las grandes potencias, el peso de las dinámicas geopolíticas y los primeros pasos del gobierno de Joseph Biden en Estados Unidos. Entonces, si bien se prevé que el comercio internacional tenga un leve crecimiento que lograría compensar en parte la pérdida sufrida en 2020, no sería suficiente para recuperar los niveles previos.

En ese contexto, las posibilidades de que la Argentina incremente sus exportaciones “requieren de un nivel de intervención muy agudo por parte del Gobierno”, dijo a elDiarioAR Julieta Zelicovich, doctora en Relaciones Internacionales y docente de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

“Un elemento para pensar en el crecimiento de las exportaciones es mejorar los niveles locales de competitividad a partir de la revisión de algunas políticas fiscales, de tipo de cambio, crediticias, energéticas y de logística que le faciliten a las empresas nacionales participar en los mercados globales”, resumió Zelicovich.

El contexto comercial del mundo, comentó la investigadora del Conicet, “muestra que hay un mayor nivel de competencia. Si Argentina quiere imponerse allí tiene que mostrar certidumbre, y eso requiere mucho acompañamiento de la Cancillería y las cámaras empresariales para identificar mercados y estrategias”, sostuvo.

Volatilidad, el sello de la política

La volatilidad de las políticas económicas y fiscales de los últimos años es una de las varias condiciones que “no permitieron a las empresas planificar y tomar decisiones con un horizonte de largo plazo” en materia de exportaciones, opinó ante elDiarioAR Roberto Bouzas, profesor plenario del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de San Andrés (UdeSA) e investigador superior del Conicet.

Sin una perspectiva integral sobre cómo promover las exportaciones, “no hay formato institucional o iniciativa puntual de promoción que pueda tener éxito. El apoyo a la participación en ferias y la asistencia a nuevos exportadores es, sin dudas, importante, pero si no hay un marco general que estimule la vinculación al mercado internacional serán iniciativas aisladas y rutinarias”, aseguró Bouzas.

En una línea similar, Andrés Borenstein, economista y profesor en las escuelas de Negocios y Derecho de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), expresó que, más allá de las complicaciones ocasionadas por la pandemia y las disputas comerciales a nivel global, la Argentina tiene que resolver sus propios problemas “y después de ver qué pasa en los mercados” externos.

“Se necesita invertir más porque, de lo contrario, no hay producción para exportar. Y aumentar la productividad implica tener una mejor infraestructura y capital humano, menores impuestos y fomentar la inversión”, explicó a elDiarioAR.

En los primeros 11 meses de 2020, la Argentina exportó productos de bienes y servicios por un valor de US$50.996 millones, un 14,6% menos que el mismo período de 2019. En 2011, las exportaciones de bienes habían representado ganancias por US$84.268 millones.

Los resultados comerciales a noviembre 2020 fueron negativos con los tres socios principales que tiene el país: Brasil (-27,1%), China (-20,9%) y Estados Unidos (-19,3%). En tanto, se obtuvieron ganancias en el intercambio con India (+21%) y Vietnam (+53,5%). En cuanto a las operaciones concretadas a nivel bloque económico, Argentina sufrió una caída de 19% en el Mercosur, de 47% en la Unión Europea (UE) y de 9% en el NAFTA, y consiguió un margen de ganancias del 5% en la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN) y de 30% con países de Medio Oriente.

El peso de la soja

En todos los casos, el aumento de las exportaciones estuvo dado por el incremento de las manufacturas de origen agropecuario. Las mayores caídas interanuales, por su parte, se dieron en las exportaciones hacia China, debido a la reducción en las ventas de productos primarios; la Unión Europea y el Mercosur, en ambos casos en el rubro de manufacturas de origen industrial, detalló la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional (AAICI).

La Argentina cuenta con 9.500 empresas exportadoras, pero sólo 12 venden al exterior por más de US$ 1.000 millones anuales

En 2020, según destacó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), las exportaciones del complejo sojero sumaron US$ 7.676 millones, el 28,1% de las exportaciones totales que concretó Argentina. Detrás se ubicaron las ventas del complejo maicero sumaron US$ 3.322 millones (12,2% del total) y las del petrolero-petroquímico, que totalizaron US$ 1.919 millones (7% de las exportaciones totales). Más lejos se ubicaron las exportaciones del complejo triguero (6,8%), automotriz (6,3%), carne y cuero bovinos (5,9%) y oro y plata (4%).

En los primeros once meses de 2020, los principales 50 productos comercializados (de un total de 4.613) concentraron el 77,8% de las exportaciones totales. Entre ese medio centenar destacado, los complejos con mayor participación en las ventas externas fueron soja (27,7%), maicero (11,9%), triguero (6,5%), petrolero-petroquímico (5,3%), carne y cuero bovinos (4,9%), automotriz (4,8%) y oro y plata (4,0%), entre otros.

Poco más de 9.500 empresas participan del comercio internacional, de las cuales alrededor del 85% son pymes, según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). Sin embargo, la entidad indicó en un informe reciente que de cada 50 pymes que hacen envíos al exterior, sólo una exporta de manera constante. La cantidad de empresas exportadoras nacionales cayó un 28% desde 2009, mientras que en el mismo lapso el número aumentó 11% en Latinoamérica.

“En la última década la cantidad de empresas exportadoras en Sudamérica creció en Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú, se mantuvo relativamente estable en Uruguay, bajó algo en Ecuador, pero cayó fuertemente en Argentina: de 13.259 a 9.529”, remarcó en un estudio el consultor empresarial Marcelo Elizondo.

El analista indicó también que la cantidad de empresas exportadoras con cifras significativas es muy escasa en Argentina: en 2018 sólo 12 empresas de Argentina habían exportado por cifras mayores a los US$ 1.000 millones en el año.

Por su parte, de las 20 principales empresas exportadoras en el país, diez se dedican a los agroalimentos, mientras que entre las 50 con mayor flujo de comercio exterior hay cinco automotrices, cinco mineras y tres petroleras.

La famosa sustitución

El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, se mostró confiado en que las exportaciones aumentarán en 2021 a partir de los beneficios crediticios y de capacitación entregados en el último tiempo a empresas locales proveedoras de productos que hasta el momento son importados y que pueden abastecer a los sectores estratégicos de la industria. Como parte de una estrategia de promoción comercial, la Cancillería presentó un reporte que identificó 82 mercados externos y 280 productos con potencial para explorar negocios concretos. El documento detalló las características de cada sector, los factores que favorecen la demanda y especialmente, los productos que pueden tener mayor interés en el exterior. El 31% de los productos identificados correspondieron a mercados de la región americana, mientras que el 29% se vinculó a mercados europeos y el 21% a los asiáticos.

“El contexto comercial del mundo muestra que hay un mayor nivel de competencia. Si Argentina quiere imponerse allí tiene que mostrar certidumbre, y eso requiere mucho acompañamiento de la Cancillería y las cámaras empresariales para identificar mercados y estrategias”, comentó Zelicovich.

Si bien Argentina exporta a destinos de América Latina gran parte de sus productos con mayor valor agregado, los especialistas coincidieron en que debe diversificar los destinos comerciales e incorporar una lectura de geopolítica sobre las entradas y salidas de la pandemia en las distintas zonas del planeta.

Promover y retener

El Gobierno puso a disposición de las empresas una serie de programas especiales de financiamiento, aportes no reintegrables e incentivos fiscales a los que pueden acceder según su rubro de actividad y con el estado de su proyecto productivo.

Según la AAICI, el sistema de promoción de inversiones en Argentina se funda en tres pilares: incentivos aplicables a todas las regiones y actividades; por sector para fomentar el desarrollo de determinados rubros de la economía; y a los sistemas de promoción y de estructuras de apoyo a las inversiones provinciales.

Los incentivos fiscales se definen como tratamientos especiales que el Estado otorga a ciertas actividades económicas o regiones con el objetivo de atraer inversiones y promover su desarrollo. Los estímulos tributarios pueden tener diferentes formas: exenciones temporales de impuestos y reducciones de tasas; créditos fiscales; diferimientos impositivos; zonas especiales con tratamiento tributario privilegiado; e incentivos al empleo.

“Los regímenes basados en subsidios, si bien implican un grado de proteccionismo, pueden tener justificación si son transitorios o diseñados para un corto plazo. En la práctica, sin embargo, suelen ser permanentes y tienen consecuencias negativas, porque generan una peor asignación de los recursos, desalientan la innovación y terminan protegiendo a sectores más ineficientes”, explicó a elDiarioAR Tobías Pejkovich, analista macroeconómico en la consultora ABECEB.

En forma paralela, el Estado argentino establece tributos a distintos sectores productivos que gravan a las exportaciones. Para Daniel Enrique Novak, docente de la Universidad Nacional Arturo Jauretche, estas retenciones “son un instrumento fundamental de política económica para equilibrar la dispar estructura productiva local”, publicó tiempo atrás en el diario Página/12.

Bouzas, sin embargo, opinó que “los derechos de exportación son un impuesto extremadamente ineficiente, que pueden ser usados como una herramienta de emergencia frente a situaciones excepcionales”, como por ejemplo las vividas por el país 2001 y 2002, pero cuya “permanencia en el tiempo es extremadamente perniciosa”.

“Las retenciones -mencionó Pejkovich- son una herramienta poco usada en el mundo porque resulta un castigo a las exportaciones. Son una mala aproximación a un impuesto a las ganancias”, comparó.

Mercosur, 30 años después

Argentina necesita construir procesos de integración en la región para desarrollarse, algo que ha sido dejado de lado en los últimos años, evaluó con elDiarioAR Dolores Gandulfo, especialista en Relaciones Internacionales e integrante de la Red de Politólogas.

“El gran desafío es reconstruir la integración latinoamericana luego de mucho tiempo de deinstitucionalización”, dijo Gandulfo, y recordó que el 26 de marzo se celebrarán 30 años de la creación del Mercosur.

El crecimiento más fuerte se va a dar en las manufacturas de origen industrial, donde habrá un crecimiento del 26% porque fue el rubro más golpeado por la pandemia y porque el crecimiento de Brasil empujará un alza

Tobías Pejkovich

El bloque económico regional puede ser un buen instrumento para generar confianza entre gobiernos, establecer mecanismos de diálogo más rápido, pero no representará un rápido aumento directo del flujo de dólares por exportaciones. A eso se suma que dentro del Mercosur, Argentina debe mejorar su relación política y comercial con Brasil, que a criterio de los consultados se encuentran en un punto crítico, difícil de encontrar otro similar al menos desde la vuelta de la democracia en ambos países.

La relación comercial entre ambos es crecientemente asimétrica y, en este contexto, Argentina es cada vez menor relevante para Brasil. “Es difícil vincularse con un socio para quien esos cada vez más irrelevante”, sostuvo Zelicovich. "Brasil tendrá en términos de PBI uno de los mejores desempeños en el ciclo 2020-2021: va a quedar 1,3% por debajo del nivel de 2019. Esa recuperación económica traccionará las exportaciones argentinas.”

Pejkovich detalló que, en 2021, las ventas nacionales al mundo van a crecer en todos los rubros. “El crecimiento más fuerte se va a dar en las manufacturas de origen industrial, donde habrá un crecimiento del 26% porque fue el rubro más golpeado por la pandemia y porque el crecimiento de Brasil empujará un alza. Sin embargo, no van a alcanzar los niveles de 2019 porque la caída en 2020 fue más fuerte que lo que se recuperará este año”, explicó.

Borenstein, en tanto, afirmó que cuando Brasil crece, por ejemplo, un 1% de su PBI, le “regala” entre 0,2% y 0,3% de ese incremento a Argentina gracias a la complementariedad industrial que une a ambos países. “La relación con Brasil es importante, tendrá sus vaivenes, pero es insustituible más allá de las inclinaciones ideológicas de los presidentes”, agregó.

Urgen dólares

“A partir de 2025 las necesidades de dólares de Argentina van a ser más altas porque habrá que pagar los primeros vencimientos de la deuda reprogramada con los acreedores privados, por eso será fundamental aumentar las exportaciones, que son el ingreso genuino de divisas”, recordó el analista de ABECEB.

A excepción de las exportaciones, mencionó el Pejkovich, “no hay otra fuentes de ingreso de dólares, porque la inversión directa, en un contexto de restricciones cambiarias, no va a aumentar y se encuentra en los niveles mínimos. Según el balance cambiario que publica el Banco Central todos los meses, Argentina tiene un ingreso neto de US$60 millones, casi nada”, indicó.

Para Borenstein y Pejkovich, por su parte, llegar a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) no va a facilitar el acceso a nuevos mercados, pero ayudaría a resolver algunos problemas internos de credibilidad y disminuir las expectativas inflacionarias, de devaluación y la brecha cambiaria entre el dólar oficial y el blue, que para los economistas no debería superar el 40%. “La fuerte suba de la brecha cambiaria a lo largo de 2020 tuvo tenido un rol significativo y negativo sobre los incentivos a exportar”, cerró Pejkovich.

GT

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