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OPINIÓN
OPINIÓN

El Gobierno camina al desdoblamiento del dólar oficial, mientras el establishment se acerca a escuchar a Milei

Massa anuncia el camino a un desboblamiento cambiario, mientras Milei promete eliminar rápido el cepo.

Alejandro Rebossio

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En julio pasado, en un artículo en la revista Noticias, un mes antes de asumir como viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, proponía un desdoblamiento cambiario, es decir, que el Mercado Libre Único de Cambio (MULC), se divida en uno para el comercio y otro para el resto de las actividades financieras, incluido el pago de deuda externa de las grandes empresas. La idea se descartó apenas se incorporó al equipo de Sergio Massa y los precios del dólar se multiplicaron hasta 20, entre el soja, el Qatar (para turismo en el exterior, inaugurado para el Mundial) o el Coldplay (para los artistas extranjeros que llenan estadios como lo hizo la banda británica). Pues ahora al Fondo Monetario Internacional (FMI), tradicional defensor de la abolición de los controles cambiarios y a favor de la unificación del mercado, le parece que ese objetivo resulta imposible en el corto plazo y entonces debe caminarse en forma gradual hacia la reducción de los precios del dólar a dos o tres: dos comerciales, uno para productos con impacto inflacionario y otro para el resto de bienes como la soja y los productos de economías regionales (pueden ser cítricos, peras, uvas, vinos, aceitunas, tabaco, miel o algodón), y un financiero. Es decir, el personal del FMI terminaría dándole la razón al viceministro de Massa.

Hoy se conocerán los detalles de los nuevos tipos de cambio, más allá de que el ministro ya dijo la semana pasada que habrá un dólar agro por unos meses y que se buscará terminar con la dispersión del dólar Qatar, el Coldplay o el tecno.

“Para apoyar la estabilidad externa y aumentar las reservas, las autoridades están listas para anunciar un conjunto de medidas cambiarias”, reza la cuarta revisión del acuerdo con el FMI, que lo difundió anteayer. “Se está elaborando un cronograma para su implementación, con medidas iniciales sobre la promoción de las exportaciones que entrará en vigor a principios de abril. En concreto, las acciones prospectivas buscarán: (i) fortalecer la balanza comercial, a través de la aplicación de un tipo de cambio diferencial por un tiempo limitado período (abril-junio) para un conjunto selecto de exportaciones primarias (incluida la soja y otros productos básicos agrícolas) e importaciones, especialmente turismo y servicios de transporte; y (ii) mejorar la administración y cumplimiento de las importaciones para limitar la facturación, el almacenamiento y otros irregularidades, especialmente en el frente de los servicios. La implementación oportuna de estas medidas apoyará críticamente la acumulación de reservas y los objetivos asociados del programa, aunque esfuerzos continuos serán necesarios para reducir las distorsiones con el tiempo. El personal (del Fondo) evaluará si estas medidas prospectivas dan lugar a unas nuevas Prácticas de Monedas Múltiples o restricción cambiaria, sujeta a la aprobación bajo el Artículo VIII (de constitución del FMI). Si es así, no deben ser un sustituto de sólidas políticas macroeconómicas y su eliminación debe tener lugar durante el período de acuerdo (2022-2024) cuando las condiciones lo permitan”, finaliza el organismo que dirige Kristalina Georgieva.

En el entorno de Massa anticipan que hoy se conocerán los detalles de los nuevos tipos de cambio, más allá de que el ministro ya dijo la semana pasada que habrá un dólar agro por unos meses, que no afectará a alimentos de la mesa de los argentinos, y que se unificarán algunos precios para terminar con la dispersión que trajo la creación del Qatar, el Coldplay o el tecno, para las exportaciones de grandes firmas de economía del conocimiento.

En uno de los grandes bancos extranjeros se preguntan qué tantas reservas adicionales se podrán acumular con los nuevos tipos de cambio o si impactarán en los precios, dado que muchos ya están acomodados al valor del contado con liquidación. Algunas empresas de relevancia que son sus clientes les han confesado que un salto cambiario podrían complicarles el pago de deuda externa, pero admite que es más sencillo explicarles a sus acreedores que la Argentina devaluó y no tener que recurrir a sacar un seguro contra default. Operadores telefónicos temen por el encarecimiento de las importaciones. “No hay solución buena que no haga daño -opina en el banco foráneo-. Son soluciones para evitar un mal mayor que sería un tipo de cambio unificado alto. Quizás las medidas alivian una mayor presión sobre algún dólar paralelo o alivian el acceso restringido al dólar para importadores que los necesitan ya. Hoy en día están perdiendo reservas pese a las SIRA (Sistema de Importaciones).”

En la entidad financiera también advierten que la cuarta revisión del acuerdo dejó ajustes por hacer en cuanto a subsidios energéticos, obra pública, ayuda social y moratoria previsional. “¿Cómo van a ajustar en año electoral, en recesión, con la sequía. Son como 2 puntos del PBI en ajuste. Hoy el apoyo político al programa del FMI está peor. Y aun llegando a la meta fiscal, habrá pesos que se impriman para financiar el déficit. Si los imprimen a fin de año, el impacto caerá al próximo gobierno”, comentan en el banco.

En la revisión, el Fondo también toca el asunto del recambio gubernamental, habida cuenta de que faltan sólo dos meses para definir candidatos, cuatro para las primarias, medio año para las elecciones y que en 2024 el programa continuará pero bajo los criterios que negocie el sucesor de Alberto Fernández (si es que no logre el milagro de la reelección). “Si bien todavía es demasiado temprano en el proceso electoral para buscar garantías políticas, tales garantías se convertirán en un elemento esencial en futuras revisiones”, comenta el FMI. Se refiere a las garantías de que, por ejemplo, no se impague o reestructure la deuda doméstica en pesos, como ha amenazado Juntos por el Cambio. Por eso, cuando dentro de tres meses ocurra la quinta revisión del acuerdo, es de prever que el staff técnico del organismo se reúna con precandidatos presidenciales o sus economistas.

Por lo pronto, el establishment está acercándose a escuchar al aspirante que crece y crece en las encuestas a partir del hartazgo de parte de la sociedad por el fracaso de las dos grandes coaliciones en la resolución de los problemas económicos y de seguridad de la vida cotidiana: Javier Milei. Hace dos semanas lo recibieron en la Cámara de Comercio de los Estados Unidos (Amcham, según sus siglas en inglés) en la Argentina. Allí no cobró US$ 10.000 o 25.000, como pide a otros hombres de negocios y finanzas que lo quieren conocer. Fue gratis. Allí Milei dejó un mensaje de que, más allá de la Casa Rosada, busca sembrar las semillas para que la sociedad argentina abandone lo que él considera políticas económicas populistas. Admirador de Carlos Menem y Domingo Cavallo, el libertario reconoció que valores a algunos cambiemitas y a otros no, sin explicitar que entre los primeros están Mauricio Macri y Patricia Bullrich y entre los segundos, Horacio Rodríguez Larreta, al que alguna vez tildó de “comunista” pese a que está rodeado de economistas que protagonizaron el anterior gobierno. Ante los ejecutivos de empresas norteamericanas prefirió hablar contra el “populismo social” y el “voluntarismo”, sin personalizarlo. Tiempo atrás, Larreta ya había desfilado ante el mismo auditorio, que espera encontrarse con los principales postulantes.

Ante el directorio de la Amcham (donde se sientan Facundo Gómez Minujin, de JP Morgan; Sergio Kaufman, de Accenture; Gabriela Renaudo, de Visa; Roberto Alexander, de IBM; Mariana Schoua, de Orazul Energy; Daniel De Nigris, de Exxon Mobil; Martín Genesio, de AES; Luis Guastini, de Manpower; Paula Altavilla, de Schneider Electric; Silvia Bulla, de IFF o Gabriela Bardin, de Procter & Gamble), Milei aclaró que su radical e insólita propuesta de eliminar el Banco Central en realidad apunta a mantener pero reformado para que sea autónomo, tal como plantea JxC. Habló de eliminar el cepo cambiario, de una reforma tributaria, de una velocidad en los cambios mayor a la planteada por sus rivales opositores. Los empresarios lo percibieron igualmente heterodoxo en sus pensamientos, sin experiencia en la administración pública, sin la capacidad de consenso que creen que será necesaria para gobernar desde el 10 de diciembre. Lo imaginaron sin más que un 15% de los votos porque, aunque reconocen la frustración de la población por la economía, descreen que triunfe la antipolítica. Quizás se equivoquen, vivan demasiado lejos de las mayorías. Calculan que si el Frente de Todos y JxC resuelven sus rencillas y se presentan como dos bloques, difícilmente se quiebre el bicoalicionismo de 2019 y Milei se abra camino. No creen que escale en las urnas como Donald Trump o Jair Bolsonaro en sus países en su momento. También advierten que el mundo es muy distinto al de Menem en los 90, en el que reinaba la hegemonía del Consenso de Washington.

Entre los ejecutivos de empresas norteamericanas advierten que la coyuntura está complicada porque a partir de este mes comenzará a sentirse la ausencia de ingresos fiscales y de dólares por la seca, limitaciones aún mayores en las importaciones, lo que deteriorará la oferta resentir, una recesión en la que es difícil contener la inflación del 100%. Esperan la definición de alianzas y candidatos en junio, pero tampoco dan por sentado que pierda el peronismo. Sí esperan que gane quien gane aplique políticas más pro mercado. Advierten que el panorama es peor que en 2015 y apenas mejor que en 2001 porque al menos no hay crisis bancaria, como la que afecta a algunas entidades de Estados Unidos y Suiza.

En su visita de la semana pasada a Joe Biden, Alberto Fernández y Massa vieron a un presidente norteamericano que quiere evitar un descalabro económico y social en la transición electoral argentina. Estados Unidos necesita un aliado en el Cono Sur porque desconfía de Lula da Silva y de Gustavo Petro. Espera que el próximo presidente argentino sea pro occidental. Busca mostrar oportunidades para la Argentina en caso de alinearse con Estados Unidos y advierte sobre las limitaciones de China en sus ayudas a Latinoamérica.

El ministro de Economía viajará la semana próxima de vuelta a Washington para la reunión de primavera boreal del FMI y el Banco Mundial, que ayer rebajó la perspectiva de crecimiento de la Argentina para 2023 del 2% al 0%. Ante una pregunta de elDiarioAR en rueda de prensa ayer, el economista jefe del banco para Latinoamérica, William Maloney, destacó la necesidad de agregar valor a las exportaciones de bienes y servicios para evitar la dependencia de cosechas afectadas por el clima. No quiso pronostica en cuánto terminará la inflación. Es posible que sí lo haga el FMI en su informe de perspectiva a propósito de su encuentro primaveral. Massa aprovechará para pedir fondos del Banco Mundial y del Interamericano de Desarrollo (BID), con sede también en la capital norteamericana.

La semana próxima también estará lista la licitación del 5G, otra posible fuente de dólares para la Argentina. Sin embargo, el Gobierno ya reconoce que no podrá juntar US$ 1.500 millones como sumó en 2014 con la subasta del 4G. Las operadoras telefónicas lo han convencido de que su facturación en divisas cayó a un tercio y de que el negocio del 5G en el mundo no está siendo tan fructífero como se pensaba. Pero aún discuten Ejecutivo y las empresas del sector, Telecom (Clarín), la española Telefónica y la mexicana Claro, sobre cuánto desembolsarán y que obligaciones de despliegue de la red asumirán. Lo que se desestima es la presión del gobierno estadounidense por vedar la contratación de la tecnología de la china Huawei. Tras el encuentro con Biden, el canciller Santiago Cafiero ratificó que la Argentina seguirá trabajando con compañías de todo el mundo, sin discriminar a nadie. Por más diferencias que mantengan con el Gobierno o que Bullrich ya se haya acercado a conversar con el sector, en Telecom son los primeros defensores de Huawei a la hora de sus contrataciones de equipamiento.

AR

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