Massa visita a una Georgieva dispuesta a evitar que se caiga el acuerdo con su mayor deudor

La titular del FMI, Kristalina Georgieva, recibirá este lunes al ministro de Economía, Segio Massa.

Por primera vez como ministro de Economía, Sergio Massa se reunirá este lunes con la directora gerenta del Fondo Monetario Internacional (FMI), la búlgara Kristalina Georgieva, en lo que supone el cierre de una semana de gira por Estados Unidos. En Washington, en la sede del organismo, lo esperan con el entusiasmo de ver a la Argentina aplicando por fin un ajuste con apoyo político, a diferencia del que intentó instrumentar sin éxito el ex ministro Martín Guzmán. No por nada el economista ex investigador de la Universidad de Columbia (Nueva York) renunció recomendándole a Alberto Fernández que nombrara en su lugar a alguien con consenso en el Frente de Todos. Quizá por resignación, Cristina Fernández de Kirchner apoya a Massa y su hijo Máximo lo ha explicado con el argumento de que el abogado tigrense debe arreglar los “desastres” que dejó Guzmán. No importa que haya sido el cristinismo el que en 2021 frenó el recorte de subsidios energéticos. Ahora lo permite. Tal vez para evitar el abismo.

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En conclusión, el ministro está aplicando reducciones de gastos para llegar a fin de año a la meta de déficit fiscal primario (antes del pago de la deuda) del 2,5% del PBI, uno de los tres objetivos comprometidos con el FMI. También arrancó en el cargo anunciando que dejaría de financiarse con el Banco Central, de modo de cumplir la segunda meta del acuerdo. La tercera es la más complicada: la de acumulación de reservas. Para el final del segundo trimestre, cuya revisión se está terminando por estos días entre técnicos de Massa y del Fondo en Washington, se debían llevar acumuladas reservas netas por US$ 4.100 millones en el año, lo que se logró la última semana de junio a fuerza de un parate total de importaciones. Para el tercer trimestre, es decir, al 30 de septiembre, deben sumarse 300 millones más, es decir, 4.400 millones. Más exigente es el objetivo del cuatro trimestre, al 31 de diciembre: 1.400 millones más, para completar 5.800 millones en el año.

Ahora el FMI debe verificar que se cumplieron las metas del segundo trimestre para seguir desembolsando los fondos para el repago del préstamo récord que le concedió en 2018 al gobierno de Mauricio Macri. Sin embargo, en la revisión también se analiza la marcha del tercer trimestre. En el equipo económico consideran que se aprobará la meta de reservas con los US$ 5.000 millones que esperan que se liquiden con el dólar soja a $ 200 y la aceleración de créditos que esta semana consiguió Massa de parte de los bancos Mundial e Interamericano de Desarrollo (BID), que aportará US$ 500 millones antes de fin de mes.

Fuentes de diálogo frecuente con el Fondo observan que Georgieva y su staff están muy predispuestos a aprobar la segunda revisión del acuerdo y a continuar haciéndolo en lo que resta del año y en un 2023 electoral. Al FMI y a las potencias que lo dominan, con Estados Unidos a la cabeza, no les interesa que el principal deudor del organismo entre en impagos y que la situación socioeconómica y política de la Argentina, tercera economía latinoamericana, se descontrole. Incluso se prevé que, aunque el Gobierno prometa bajar el déficit al 1,9% del PBI en 2023 y así lo plasme en el proyecto de presupuesto que presentará el jueves en el Congreso, el organismo se mostrará tolerante en un año de elecciones presidenciales, con la consiguiente presión sobre el gasto.

Es difícil ganar unos comicios con ajuste, como le pasó a Macri en 2019. Los bancos y consultoras relevados por la firma FocusEconomics prevén un crecimiento económico de sólo 0,9% para 2023. Claro que Carlos Menem fue reelecto en 1995 con una economía cayendo 2,8% y un salto del desempleo por el efecto tequila procedente de México, pero el entonces presidente venía de derrotar la hiperinflación de 1989/1990 y con cuatro años posteriores de expansión (1991/1994). El gobierno de Alberto Fernández, con una inflación que amenaza con superar el 90% a fin de 2022, al menos podrá mostrar que el PBI creció por segundo año consecutivo por primera vez desde 2011 y que el empleo supera los niveles heredados de Macri. No por nada algunos inversores sostienen que los precios de los bonos y acciones de la Argentina han repuntado con Massa pero siguen baratos y lo atribuyen a que no descartan una victoria electoral peronista en 2023.

Pero más allá de las especulaciones políticas, el FMI valora que el ajuste se haga y con apoyo de la vicepresidenta. Pero también mantiene sus dudas: por el nivel de las reservas, por la inflación y por la brecha cambiaria. Sobre eso le preguntará Georgieva a Massa. El ministro además conversará al respecto con la número dos del Fondo, la indio-estadounidense Gita Gopinath, y el director del Departamento del Hemisferio Occidental, el brasileñoisraelí Ilan Goldfajn. Durante esta semana discutieron sobre estos asuntos los técnicos del Fondo, encabezados por el venezolano Luis Cubeddu, y el viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, los secretario de Hacienda, Raúl Rigo, y de Finanzas, Eduardo Setti, el director del Instituto de Estadística (Indec), Marco Lavagna, y sus pares del Central Lisandro Cleri y Jorge Carrera.

Tal como analiza la consultora Eco Go, de Marina Dal Poggetto, en su nuevo informe mensual, el ingreso de Massa a Economía supuso un reordenamiento de la coalición de gobierno que pasó de “cascotear” el acuerdo con el FMI a aplicar “sin decirlo” un ajuste fiscal y monetario en línea con el que había comprometido Guzmán a principios de año. No obstante, Eco Go advierte de que para lograr bajar el rojo de las cuentas públicas, el Gobierno requiere que la inflación se siga acelerando y alerta que las posibilidades de estabilizar los precios antes de las elecciones se complican.

AR/MG

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