CHILE - PLEBISCITO CONSTITUCIONAL 2022

Es la economía, Boric: el resorte menos mentado del Rechazo chileno a una Constitución innovadora

Detalle de la entrada principal al Banco Central de Chile, en una fotografía de archivo.

Si en el plebiscito constitucional de este domingo vence el Apruebo, Chile dejará atrás el liberalismo y neoliberalismo de la Constitución pinochetista de 1980. Según el texto de la Constitución al que tras un año de sesiones arribó el 4 de julio la Convención reunida para redactarlo, la República se convertirá en el Estado Social y Democrático de Derecho por el que clamaba el país que en octubre de 2019 estalló contra la concentración plutocrática de la riqueza. Sin embargo, desde abril las diversas encuestas electorales, semanales o mensuales, pronostican sin divergencia una derrota del Apruebo, que desde entonces, cuando revertió intempestivamente la tendencia de los tres primeros meses del año, se mantiene diez puntos por debajo del Rechazo. La frustración del ideario del 'estallido social' que signficaría una mayoría del Rechazo ha sido razonada como resistencia republicana atávica, como rechazo a un sesgo identitario, plurinacional, intercultural, 'indigenista' de la nueva Constitución, como intolerancia por la deficiente técnica de redacción, como voto repudio a la gestión de Boric. Menos se menciona un cambio radical: la riqueza y prosperidad de 2019 ha desaparecido, y Chile ve avecinarse la peor crisis económica de su vida democrática.

Hoy Chile decide si entierra o no la Constitución de la dictadura pinochetista todavía vigente

Hoy Chile decide si entierra o no la Constitución de la dictadura pinochetista todavía vigente

Un 4 de septiembre devaluado

Personalmente, a Gabriel Boric la economía le interesa poco. Como la doctrina del nacionalista francés Charles Maurras en el siglo XX o la práctica de la internacionalista argentina CFK en el XXI, el joven gobierno chileno da pruebas de que para él la política está primero. Y primera tarea de todo poder soberano es ratificar la contundencia de su mandato popular para administrar una justicia redistributiva que mitigue las amenazas de la desigualdad social.

Desde que Boric convocó el plebiscito que este domingo dirimirán quince millones de votantes, agenda presidencial y campaña por el Apruebo fueron una y la misma cosa. Esperaba que este 4 de septiembre fuera un reflejo, mejorado, del 4 de septiembre de 1970 que dio la victoria a la coalición de la Unidad Popular y la presidencia al socialista Salvador Allende. Auguran que la magia simpática puede fallar, y que la invocación del día en que Allende venció no será aquel en que el dictador Augusto Pinochet y su Constitución de 1980 sean vencidos.

Las efectividades inconducentes

El Estado ya nunca más ausente y un presidencialismo más firme que el de la actual Constitución neoliberal pinochetista de 1980 para hacer realidad el ideario igualitario del estallido social de octubre-noviembre de 2019 chocarían con que el proyecto redistributivo encuentra menos riqueza que distribuir. Con que al Tesoro le falta dinero, en primer lugar. El Banco Central (BC) acaba de suscribir una línea de crédito flexible por 18,5 mil millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional (FMI): Chile necesita plata prestada y la necesita ya. El ministro de Hacienda Mario Marcel acaba de diseñar un esquema de reforma tributaria al que oposición y empresariado reprochan que se agota en saciar, o intentar saciar, sus fines recaudatorios, sin articularlo con un genuino plan de crecimiento y facilidades para la inversión.

Del último informe del Banco Central de Chile se infiere un año en el que el país verá, mes a mes, una mayor y mayor contracción de su actividad económica.

En julio, la economía chilena registró una caída del 1,1 % en comparación con el mes anterior y anotó un crecimiento del 1 % interanual, según informó el jueves el BC. Es el peor registro interanual desde febrero de 2021, cuando Chile vivía el momento más duro de la pandemia. Queda confirmada la desaceleración que apunta a una recesión económica. Y prevén un año en el que mes a mes Chile verá una mayor y mayor contracción de su actividad económica.

La empresa estatal cuprífera, CODELCO (Corporación Nacional del Cobre), anunció que en 2022 producirá 100 mil toneladas menos de cobre que las proyectadas, y en 2023, serán 170 mil menos. El número de empresas que busca reperfilar su deuda para evitar la quiebra ha aumentado un 183% respecto a estas fechas del año pasado.

En el mundo del trabajo, se abandonaron las esperanzas de regresar a un nivel de empleo como el anterior a la pandemia. Sí ha aumentado, en cambio, el empleo público.

La producción de bienes disminuyó un 1,8 %, debido al desempeño de la minería y la industria. El informe del BC detalla que la actividad comercial disminuyó un 11,1%, resultado explicado por todos sus componentes: “Destacaron las menores ventas minoristas en establecimientos especializados de vestuario, calzado y equipamiento doméstico y en grandes tiendas, y las mayoristas de maquinaria y equipo, y enseres domésticos”, apuntó el organismo.

Si los servicios crecieron un 6,3 %, esto se debe a servicios personales, en particular de salud. La pandemia en Chile deja ya más de 4,4 millones de infecciones y más de 60.400 muertes. En enero y febrero se ha registrado un masivo repunte de contagios debido a la rápida expansión de la variante ómicron.

Nunca en domingo

Desde la izquierda extrema hasta la centro derecha, nadie en Chile quiere retener el neoliberalismo de la Constitución vigente plebiscitada por la dictadura pinochetista en 1981. Para explicar que sin embargo el Rechazo triunfe en los sondeos, se alega que 400 artículos son demasiados, que la redacción es deficiente, que se alejó del foco del 'estallido social' con sus demandas urgentes de mejor salud, educación, transporte y vivienda para preferir una impronta identitaria. Se cita la mala imagen que dejó el año de sesiones de la Convención y el descontento con el gobierno del presidente Gabriel Boric, jefe de la campaña del Apruebo.

Menos se menciona que, de fondo, está el abismo económico que separa a 2019 del actual 2002 pospandémico: si entonces la desigualdad era el motor de las protestas, hoy la crisis, la recesión, la desinversión, la inflación, la depreciación del peso, las dudas sobre el destino de las AFP y el vacimiento de los fondos de pensión por sucesivos retiros, más el riesgo país (Chile califica peor que Perú) son motivos de desánimo o aprensión. Y en todo caso, en nada incentivan el entusiasmo o siquiera la aquiescencia, salvo entre la juventud de Santiago y Valparaíso, en particular la de clases pudientes, por innovadores experimentos constitucionalistas. 

AGB

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