La mujer que murió tras ser desalojada
Indignación en España por la muerte de Maricarmen: “Si ella no pudo, iremos nosotros”
Una mujer de 87 años pasó sus últimos siete años enredada en juicios y telegramas; todo por conservar la casa en la que entró siendo adolescente. Ese tiempo, sumado al peso de la edad, bastó para hundirla en un proceso de desgaste físico y emocional que terminó solo 14 días después de su desalojo, ejecutado al cuarto intento y ante una amplia contestación social. Maricarmen Abascal (1938-2026) murió este miércoles estando aún en el hospital. No había logrado recuperarse del golpe pese a la negociación histórica que llegó después, en la que Urbagestión (actuales propietarios del inmueble) cedió a la presión y permitió volver a casa a una inquilina recién desalojada, algo insólito según su abogada. Pero ya era tarde. “¡No es muerte, es asesinato!”, se oía gritar a la multitud cuando, pasadas las ocho de España, se inició el paso.
La de este jueves fue una marcha más silenciosa que de costumbre. Frente a los habituales coros con consignas cada pocos minutos, vistos en otras manifestaciones recientes por Maricarmen o la vivienda, esta noche pudieron oírse algunos cánticos que, en cuestión de minutos, volvían a disolverse. El ambiente era de luto y así lo fue hasta que la marcha cruzó el Palacio de Cibeles, la sede del Ayuntamiento. “¡Ayuso, Almeida, iros a la mierda!”.
La noticia de la muerte de Maricarmen se supo el miércoles a última hora. Poco antes de las ocho y media de la tarde, el Sindicato de Inquilinas emitió un comunicado informando del fallecimiento, del que ya había empezado a correrse la voz. “Los acontecimientos desencadenados ante la injusticia de su desahucio sin duda son un antes y un después en la historia de este país [...] El debate de la vivienda está en el centro, pero el coste para llegar hasta aquí ha sido demasiado alto”. Lo señalaba uno de los grupos directamente implicados en la negociación para a huelga general y, hasta poco, también en el mantenimiento de las acampadas. Tenían la confianza de la vecina, que incluso pidió su participación en conversaciones con Urbagestión.
En esas primeras consideraciones después de su muerte fueron insistentes: su historia no acaba aquí. La indignación ciudadana que estos días queda al descubierto “cumplirá” con la que, entienden, fue una de las principales enseñanzas de Maricarmen; o al menos de las más repetidas en declaraciones a la prensa y alegatos públicos: “Luchad, seguid luchando por lo que es vuestro”.
La repercusión social del caso, que encadena semanas de manifestaciones masivas, colmó el vaso de la indignación por la vivienda. El precio de una casa, ya sea en alquiler o en propiedad, vuelve un bien básico en un lujo cada vez más inaccesible en España, especialmente en ciudades como Barcelona o Madrid, donde el precio medio ronda los 6.500 euros el metro cuadrado en caso de compra y 23,4 €/m² para el alquiler, según datos recientes de los principales portales inmobiliarios.
Así que, en paralelo a la transformación de la anciana en un símbolo contra el mercado inmobiliario, se ha ido configurando a su alrededor una campaña de desprestigio e informaciones sobre supuestos roces con otros vecinos, o que aluden a su rutina y carácter. “No solo hablan mal de ella sino que, hasta el último minuto, no la han dejado volver a su casa. Si no pudo ella, hoy iremos nosotros”, reseña Pablo, que enciende una vela mientras anda hacia Retiro.
La movilización pública por Maricarmen ha encumbrado al mismo tiempo al Sindicato de Inquilinas, que ya rebasa su propio récord con más de 5.000 afiliados. Su acompañamiento durante años a la vecina de Retiro, su participación en las acampadas o el desbloqueo de una huelga general, convocada finalmente para el próximo 11 de noviembre, le han convertido en uno de los protagonistas del mes. Aunque recientemente ha ido retirando su implicación en las protestas de Sol, otras plataformas de vivienda, vecinales o políticas presentes desde su estallido han ido cobrando relevancia.
Muchas se han agrupado ahora bajo nuevas siglas: Pucvm, Proceso de Unión de Colectivos de Vivienda de Madrid; una entidad recién creada para coordinar las luchas por la vivienda en los distintos barrios o municipios, ya sea de la capital u otras zonas de la región. Aún hoy mantienen cerca de 2.000 tiendas en mitad de una de las plazas más turísticas del centro.
Poco después de saber que Maricarmen se había marchado sin poder volver a la que fue su casa durante 70 años —y que su familia había alquilado por primera vez en 1956 con un contrato de renta antigua que ella no pudo subrogar—, el Sindicato de Inquilinas llamó a concentrarse este jueves a las 20.00 horas frente a la estatua del Oso y el Madroño, símbolo de Madrid y un emblema en plena Puerta del Sol.
El recorrido anunciado arrancaba desde el acampe por la vivienda y llegaba al número 46 de Alcalde Sainz de Baranda, calle donde Maricarmen residía antes de ser sacada en camilla el mismo día de su desahucio. Una imagen para la historia. “Esa era la casa en la que solo querías permanecer hasta el final”, reseñaron desde el órgano sindical, que ha decidido volver igualmente en una marcha simbólica junto a miles de personas y rumbo a la vivienda donde empezó todo. “Si a mí me agobia el alquiler porque el contrato me cumple el año que viene y tengo a mi madre, que me ayuda, no me imagino lo que esto supone para alguien de casi 90 años”, reflexiona Carla, que ha venido con su pareja con una idea clara: “Esto no puede volver a pasar”.