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Opinión

Artemisa II en la Luna y el techo de cristal en la Tierra: el largo camino hacia la paridad científica

Los cuatro astronautas de la misión Artemisa II. Entre ellos, una mujer.

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Vivimos la misión Artemisa II con otra mirada. La posibilidad de que una mujer llegue a la Luna rompe un simbolismo que, durante décadas, fue patrimonio casi exclusivo del imaginario masculino. Como señaló The Atlantic, asistimos —al menos en el plano narrativo— al cierre de una era de exclusión.

Sin embargo, mientras admiramos la conquista lunar, las estructuras científicas en la Tierra mantienen una inercia de desigualdad difícil de ignorar. Como en los relatos de la antigua Grecia, donde Artemisa —diosa de la luna, de la caza y de la autonomía— recorría los cielos con una libertad que en la vida terrenal las mujeres no tenían, hoy volvemos a mirar hacia la Luna con la misión Artemisa II, celebrando un símbolo profundamente femenino… pero todavía habitando sistemas que no siempre están a la altura de ese símbolo.

La brecha no aparece en la cima: nace en la base misma de la carrera académica. Resulta paradójico observar que, a nivel global, las mujeres representan cerca del 53% de quienes obtienen títulos de grado y el 57% de quienes finalizan maestrías (UNESCO, 2023), pero su presencia comienza a diluirse en el doctorado y, con mayor fuerza, en los niveles superiores de investigación. Los datos de la UNESCO muestran un panorama persistente: solo el 33% del personal investigador en el mundo son mujeres (UNESCO Institute for Statistics, 2021). No se trata de falta de vocación, sino de trayectorias atravesadas por sesgos, interrupciones y obstáculos estructurales.

Ese “techo de cristal” se vuelve más visible en los espacios de poder y decisión. En campos como la ingeniería y la tecnología, las mujeres ocupan aproximadamente entre el 25% y el 28% de los puestos (UNESCO, 2021; WEF, 2023), proporción que se reduce aún más en cargos directivos. En áreas estratégicas como la inteligencia artificial, la brecha es todavía más marcada: alrededor del 20% de las personas que trabajan en IA son mujeres (World Economic Forum, 2023; LinkedIn Economic Graph, 2020–2023).

En otras palabras, quienes están diseñando el mundo que viene lo hacen desde una matriz fuertemente masculina. A este ritmo, el Foro Económico Mundial advierte que la paridad en STEM aún está a décadas de distancia —con estimaciones que la ubican recién hacia la segunda mitad del siglo (World Economic Forum, 2023).

El reconocimiento histórico también arrastra esta desigualdad. Los Premios Nobel funcionan como un termómetro incómodo: menos del 4% de los galardones en Física, Química y Medicina han sido otorgados a mujeres desde su creación (Nobel Prize Organization, datos históricos). Más que una casualidad, esta cifra evidencia siglos de invisibilización, acceso desigual y legitimidad restringida.

Una reflexión necesaria

Para que este viaje no quede reducido a una postal o a un hito de relaciones públicas, la política científica y educativa debe ir más allá de los discursos inspiradores. No alcanza con promover vocaciones si el sistema continúa reproduciendo sesgos en la formación, en la evaluación y en las condiciones materiales de desarrollo.

Las brechas de cuidado, la precarización en etapas tempranas de la carrera, la falta de redes y referentes, y los criterios de mérito aparentemente neutros pero estructuralmente desiguales siguen operando como filtros silenciosos.

El verdadero impacto de Artemisa no debería medirse solo en kilómetros recorridos, sino en su capacidad de interpelar lo que ocurre en la Tierra: en aulas, laboratorios y centros de investigación. Porque el desafío no es únicamente que una mujer llegue a la Luna, sino que miles puedan sostener, desarrollar y liderar sus trayectorias científicas sin tener que atravesar un sistema que todavía les exige más para reconocerles lo mismo.

Quizás ahí esté la verdadera pregunta estratégica que esta nueva carrera espacial nos deja: ¿Estamos construyendo un futuro donde las mujeres solo inspiran el nombre de las misiones… o donde efectivamente participan en las decisiones que definen el rumbo?

 Fuentes y datos

· UNESCO Institute for Statistics (2021). Women in Science

· UNESCO (2023). Global Education Monitoring Report

· World Economic Forum (2023–2024). Global Gender Gap Report

· LinkedIn Economic Graph (2020–2023). Gender Gap in AI Talent

· Nobel Prize Organization (estadísticas históricas por género)

· The Atlantic (cobertura sobre Artemis y representación)

Los autores son Integrantes del equipo de la asociación Mujerygobierno.

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