Opinión - Panorama de las Américas

Elecciones en Chile: Marco Enríquez-Ominami, Gabriel Boric y José Antonio Kast entre la razón y la fuerza

Alfredo Grieco y Bavio Panorama de las Américas rojo

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El mejor candidato en las elecciones chilenas es el que este domingo va a salir último. Más probablemente, penúltimo. En el fondo, eso seguro. Pero el lunes Marco Enríquez-Ominami había salido limpiamente primero por encima de sus seis rivales en el debate presidencial definitivo. El que perdió rotundamente fue el derechista reaccionario José Antonio Kast, a quien los sondeos auguran el primer lugar en la primera vuelta y la victoria en la segunda del del 19 de diciembre. M-EO lo llamó una veintena de veces ‘Dr. Miedo’. Hay que decir que en los estudios de Anatel, este pinochetista ‘teo-neoconservador’ no metía miedo. La suya era una imagen penosa, que movía al sarcasmo. Kast probó ser incapaz de recordar qué decía su Programa de gobierno, incapaz de encontrar en el texto del Programa la parte que se refería a lo que le preguntaban. Este profesor de la Universidad Católica fue incapaz de responder cuál es el PBI tendencial de Chile, a este devoto de la virgen de Schoenstatt lo había desertado el Espíritu, y era incapaz de encontrar las palabras. La cámara de Anatel lo enfocaba, nervioso, revolviendo papeles, en mitad de pantalla, con 40 puntos de rating.  A este campeón del autoritarismo le faltó lo que de M-EO emanaba como una fuerza tranquila: la autoridad.

“Por la razón o por la fuerza”, dice el escudo chileno. En su Programa, en aquellas partes por las que no le preguntaron pero que sin duda habría recordado, Kast quiere a su patria fuera o lejos de la ONU. Pero ve un horizonte nacional glorioso, un futuro donde Chile es Capitán General de un nuevo Plan Cóndor contra el comunismo (hoy más boliviano que soviético), contra la subversión del feminismo y la igualdad del matrimonio, contra la barbarie mapuche y el narcotráfico enemigo, contra la violación de las fronteras y la migración extranjera, contra la laxitud de fiscales tan intolerantes con la tolerancia cero. Otro renglón  asevera que el Presidente debe tener la facultad de dotarse, por DNU, de la Suma del Poder Público, para combatir mejor y más rápido a enemigos de la Patria: la dictadura a sola firma. En eso nomás consiste su Programa, en 826 frases simples pero altisonantes, dogmáticas y fanfarronas, más megalómanas que severas, que nunca condescienden a explicaciones.  

Como Kast es un cristiano social, promete lujosas obras de beneficencia; como es un liberal, promete generosas reducciones de impuestos. La contradicción se le escapa. Al candidato presidencial teo-neoconservador chileno no le importa.

Poca razón asiste al candidato del Partido Republicano, pero tampoco queda claro de dónde va a sacar las fuerzas. Como es un cristiano social, promete lujosas obras de beneficencia, como es un neo liberal, promete generosas reducciones de impuestos. La contradicción se le escapa. No le importa. El Programa parece un fósil de una era anterior, pero de apenas un par de meses atrás, cuando, antes de que la huida de votos del centro y de la derecha vinieran a favorecer a la ultraderecha. Kast pensaba sacar como mucho un 15 por ciento. Y había compuesto con regocijo esa fantasía masturbatoria-vindicativa, que sabía que nunca iba a tener consecuencia, pero que estimularía a sus círculos de votantes, en comunas ricas como Las Condes, donde el jueves cerró su campaña. Sin acudir a la fuerza, sólo con la razón, M-EO fue el ganador del debate. Aunque esta sea una conclusión ociosa, porque M-EO ni va a ganar la presidencia, ni, aparentemente, va a aumentar su base electoral gracias al debate.

Cuatro veces candidato presidencial, impulsor de una nueva izquierda moderna, M-EO obtuvo el 20% de los votos en las presidenciales de 2009. Abrió una brecha en el binominalismo que había gobernado desde el fin de la dictadura, y que gobierna Chile hasta hoy. Donde por un lado estaba la Concertación de centro-izquierda. Una alianza democristiana y socialista que, transformada en Nuevo Pacto Social, lleva este domingo como candidata a la ex senadora democristiana Yasna Provoste, una profesora de educación física que en las pruebas de aptitud académica se había sacado 4,5 de promedio (pero ella mentía -hasta que la pescaron- con que era siempre superior a seis). Por el otro, la coalición de derecha dividida internamente entre ‘personalistas y antipersonalistas’. Por un lado, ex pinochetistas de la Unión Democrática Independiente (UDI), que hoy apoya a Kast, y de la que Kast, que en el plebiscito de 1988 había votado a favor de que Pinochet siguiera siete años más en el poder -hasta un nuevo plebiscito-, fue diputado y es el heredero más virulento. Por el otro, 'amnésicos' de Renovación Nacional (RN), el partido de Sebastián Piñera que este domingo lleva como candidato , al frente de la coalición Chile Podemos Más a Sebastián Sichel, que era el candidato de La Moneda (“se llama Sebastián como yo, va a ganar”, un típico chiste Piñera). A su manera, esta derecha es tan peligrosa como la de Kast. Más insidiosa, pero igual de pinochetista. Es un electorado que encuentra tan agradable y fácil eludir el pasado, que nunca entran en conflicto con él. El mundo, es decir, Chile, “copia fiel del Edén”, según el himno nacional, es -era, ay- un lugar seguro, vigilado por un Dios bondadoso, que nada exige sino regocijo y buena voluntad.  

Así como Kast está a la derecha de la derecha, hay ahora una coalición que, como antes el Partido Progresista de M-EO, está a la izquierda de la izquierda. Apruebo Dignidad tiene como candidato al diputado frenteamplista Gabriel Boric, de 35 años, el mínimo de la edad requerida para ser candidato presidencial (antes de la reforma constitucional de 2005, se pedían 40 años). Este ex líder estudiantil originario de Punta Arenas, de familia de católicos derechistas croatas como la de Kast es de católicos alemanes  -países aliados en la Segunda Guerra-, sigue en plena juventud, y habla como en un Centro de Estudiantes. Así definió el jueves en su cierre de campaña en Casablanca la polarización de estas presidenciales: “una candidatura que niega y discrimina (la de Kast) y otra que es ambiciosa porque promete cambios que no van a ser fáciles (la de él)”.

Con la misma lógica de entendimiento de asamblea universitaria, en el debate presidencial del lunes se sintió tocado por los argumentos de M-EO, y le pidió que no le pegara tanto, que después de todo faltaban pocos días para que fueran aliados, inmediatamente después del domingo. Bisnieto de senadores, nieto de senadores, nieto del rector de la Universidad de Concepción, hijo del fundador del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) asesinado por la Inteligencia pinochetista, la ética política de M-EO lució muy diferente: “Yo no vine a cuidarlo, diputado Boric (lo trata de diputado), estamos compitiendo, los debates son duros, no me pidas piedad”.

Entre el fundamentalismo de Kast y la inexperiencia de Boric, es evidente que M-EO apoyará a la izquierda. Y así lo ha dicho, pidiendo un frente de izquierda contra Kast, formalizado en un documento.  El partido de M-EO ya no tiene representantes en el Congreso, aunque el domingo también va a dar pelea, porque se renuevan las 155 de la Cámara baja. Para el recuento al fin del día, los sondeos  le asignan unos 5 puntos en las presidenciales.  A pesar de que en este 2021 las encuestas electorales han sido infalibles en el error, hay que descartar a M-EO del balotaje. Con unos 6 puntos, se volvería un aliado deseable para Apruebo Dignidad. Acaso Boric le ofreciera un Ministerio: el derrotado candidato presidencial del Partido Progresista entraría de otro modo a La Moneda. Y acaso nada sea mejor, para ese gobierno, que la luz despiadada, pero no engañosa que podría arrojar, sobre el día a día que vendrá, tan poco épico, el único entre los candidatos presidenciales que representa, mal que le pese, al patriciado de la izquierda.

AGB

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