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OPINIÓN

Nuevas tendencias

Una mujer que había llegado pronto a las protestas contra la amnistía en Barcelona grita durante una manifestación previa convocada por AnimaNaturalis contra la tauromaquia

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Madrid siempre ha sido un crisol de tribus y culturas; ya sé que la palabra tribu no se lleva, es muy 80s, pero bueno, yo también lo soy. Los 80, los años de la libertad ilimitada, ¿recordáis? Los primeros años de la democracia. En esa época, no tan lejana, tanto la palabra “libertad”, “golpe de estado” como “democracia” tenían otro significado del que suena cuando son dichas, gritadas o murmuradas, depende del personaje, por Feijóo, Abascal y Ayuso, respectivamente.

Tendremos que ampliar el vocabulario que pueda admitir las acepciones que le han salido a conceptos tan importantes. Y a otros nuevos. Como el fascinante “putodefender” que indica la influencia de Tarantino en los jóvenes tramontanos. También hay que añadir “rojipardo” en referencia a una facción que se llama a sí misma, a pesar de su escaso número de seguidores, Frente Obrero Nacional, que exhiben banderas republicanas y piden la cabeza de Pedro Sánchez.

Tal es la confusión, que confusión se me antoja como el mejor término para comentar las revueltas, siguiendo el signo de estos tiempos: la banalización de todo, el lenguaje incluido.

En Madrid las tendencias actuales han variado mucho desde los 80. Pero en este instante, en la semana que acabamos de superar, con poco que abras ojos y oídos, las tendencias actuales son también riquísimas, variadas, opuestas, incluso contradictorias.

Estas dos últimas semanas de disturbios, que han culminado con una mayoritaria votación a la investidura de Pedro Sánchez, nos han dejado imágenes de enorme valor, que al menos merecen ser anotadas. Y que alguien debería analizarlas, yo no puedo porque no soy analista y además estoy preparando mi próxima película. No dispongo de tiempo.

La imagen más impactante, si se mide en cantidad de memes, es la de señora mayor gritando, protegida por unas grandes gafas negras y arropada por una bandera española convertida en capa (este es otro de los aspectos a destacar, la bandera española se ha convertido en una prenda de múltiples usos, depende de la parte del cuerpo que cubra). El grito, más vacuno que humano, es un berrido prolongado, con el que la señora no pretende articular ni una palabra. Solo proyectar un sonido salvaje que se puede escuchar por encima del griterío general.

Otra imagen ante la que he sucumbido: un grupo de jóvenes, arrodillados en el asfalto, frente a la SEDE, rezando con bocina el santo rosario. Me pregunto si algunos de estos chicos se desahogan después en el otro extremo de la calle, junto a los antisistema y Abascal, o si solo rezan. Esta imagen me hace pensar si a estos chicos les ha llegado la noticia del estudio que ha hecho el Defensor del Pueblo sobre los abusos en el seno de la iglesia, calculando, después de cinco años de incansable búsqueda que, para empezar (porque sigue subiendo), la cifra de abusados supera los cuatrocientos mil, una información que por muy contrastada que esté le ha molestado mucho a sus encubridores, los obispos españoles. ¿Incluyen en sus oraciones estos jóvenes pacifistas a las víctimas de la Iglesia, o a sus depredadores? ¿O simplemente representan una subtrama de la nueva tendencia juvenil cristiana, que no solo afecta a la moda sino a la música y digamos, a una simplificación de cómo ver la vida, esta vida que con poco que miren las previsiones meteorológicas se halla en el umbral del Apocalipsis?

Si una democracia se mide por su capacidad para soportar y permitir la violencia desatada de los que actúan contra la legalidad, esta democracia nuestra merece un sobresaliente

Este tema me interesa mucho, no ya el hecho de que los jóvenes recen en la calle, es un gesto clásico de los furibundos, lo hicieron frente al antiguo Alphaville contra Yo te saludo, María de Godard, y creo que acuden cuando no tienen nada que hacer ante los hospitales que practican el aborto; me interesa que frente al gigante en el que se ha convertido el reguetón, un chico, Íñigo Quintero, acompañado simplemente de un piano y un sentimiento de ausencia (no se sabe si el ausente es Dios o un novio) ha conseguido tumbar a mega Bad Bunny en todo el mundo en las listas de éxito. Un titular hablando del fenómeno aclara: “No es sed de música católica, es sed de Dios”. Si estos jóvenes orantes de Ferraz además de escuchar el pop blandocristiano de Quintero, o Hakuna Group Music (estética pija de Serrano de siempre, pero que llenan el Wizink) fueran también al mismo espacio a escuchar, por ejemplo, a Ojete Calor, que también lo llenan, pero con letras como “lo dices todo a la cara/ jamás criticas detrás./ Ojalá te dé una embolia/ y ya no puedas hablar más” creo que tendrían más razones y argumentos por los que clamar al cielo y rezar por ellos. Esto sin mencionar sus looks, los de Ojete Calor, es como si los dos miembros del grupo hubieran entrado en la casa de las Flos Mariae y hubieran arramblado con lo que peor les sentaba de las ropas de las niñas. Mongo pop frente a pop mesiánico. Siempre las dos Españas.

Ojete nos lleva inevitablemente a la contemporaneidad de Flos Mariae y su madre. Su hit Amén, sigue sin sustitución en la cima del pop mesiánico bizarro, ni siquiera Yo cambié de Yurena le hizo mella. Pero la versión actual de las hermanas, Mariah’s Pop, y su himno al papa, Viva el Papa, demuestran que en la búsqueda incesante de ese Dios esquivo que juega al escondite con los ateos, las cuatro hermanas de Mariah’s Pop se sitúan muy por encina de grupos apostólicos como Hakuna, Taburete o Álvaro de Luna. Sublimes coreografías, modelos inenarrables que casi parecen de Miuccia Prada y Celine. Y letras insuperables.

Mariah’s Pop es al resto de grupos de pop cristiano lo que Belén Esteban al resto de panelistas en Miami de Sálvese quien pueda, antiguos miembros de Sálvame de Luxe. No hay color, tanto Mariah’s como Belén son las putas amas, en lo suyo.

Pero estamos en la semana de la investidura y de las protestas callejeras y su aportación a un nuevo lenguaje tanto en palabras como en imágenes. Otro icono: las banderas españolas con la corona recortada, creando un vació insondable, y la presentación de Revuelta como las juventudes de Vox. Y las largas secuencias del debate de investidura que solo he podido ver alguno de sus highlights, ese “hijoputa” referido a Pedro Sánchez, donde Ayuso muestra, una vez más, una lección de saber estar. Lección que comparte el furtivo y ceñido Abascal, que le faltó tiempo para terminar su actuación, acusar a Pedro de estar dando un golpe de estado e irse corriendo a Ferraz para unirse al rosario, las banderas agujereadas, la exaltación franquista, la simbología nazi y los ataques a la policía y a la prensa.

Si una democracia se mide por su capacidad para soportar y permitir la violencia desatada de los que actúan contra la legalidad, esta democracia nuestra merece un sobresaliente.

Todos los desmanes y disparates que hemos visto durante estas dos semanas son una demostración de la envergadura de nuestra democracia.

Y, para terminar, solo una recomendación, o tres, ver a Lola Dueñas en La Mesías y comprobar cómo el eco más irracional y terrorífico de la calle cristiana y antisanchista se adueña del talento de Lola Dueñas en el salto a la madurez de 'los javis'.

Y, aunque parezca mentira, para los que no veíamos Sálvame, resulta altamente recomendable su refrito, sin tiempos muertos, de la recuperación de Netflix que por fin encuentra un reality con tirón. Puro esperpento. Uno no sabe si representa lo peor o lo mejor de ahora mismo.

Y tercera recomendación: recuperar la lectura de un escritor maldito español, Agustín Gómez Arcos, el equivalente en literatura a los enterrados en una fosa común. Empezad por el deslumbrante El cordero carnívoro finalista al Premio Goncourt francés en 1977, y terminad con El hombre arrodillado, su última novela, todo en Cabaret Voltaire.

Estas últimas semanas han sido un verdadero frenesí. Los españoles y especialmente Ferraz/Marqués de Urquijo y las plazas españolas necesitamos un descanso. Y dedicarnos a algo tan aburrido como necesario: convivir.

PA

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