ANÁLISIS

Las primarias demócratas de Nueva York y el reestreno del "voto múltiple"

En el "voto múltiple" o preferencial, quedó atrás la fórmula 'una persona-un voto': cada votante diseña escenarios posibles, y marca opciones diversas para esos futuros que se bifurcan.

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Más allá de quién gane las primarias demócratas para la candidatura a alcalde de Nueva York, lo que suceda el próximo martes podría tener consecuencias decisivas en el sistema electoral que adopten millones de estadounidenses en el futuro. Como Nueva York es un feudo demócrata, quien gane las primarias ganará la ciudad en las elecciones municipales del 2 de noviembre contra una candidatura republicana perpetuamente derrotada. Pero esta vez también está en juego cómo 'votará' la opinión pública, dentro y fuera de EEUU, sobre el sistema de votación que se reestrenó el martes: el 'voto preferencial' (Ranked-Choice Voting). La fama que cobró en semanas es arrolladora. Un signo de su novedad es que aún no hay artículo en español en Wikipedia sobre este sistema. Un signo de la importancia estratégica que se le atribuye y de la litigiosidad que se anticipa es que el artículo en inglés es muy completo, analítico y ricamente referenciado.

La novedad de esta elección en New York se debe la utilización del voto preferencial por primera vez en décadas. El sistema, que permite a los votantes clasificar a los postulantes  por prelación en lugar de seleccionar solamente su mejor opción, ha ganado cierta  tracción en todo el país. La ciudad de Nueva York es, por lejos,  la mayor circunscripción electoral que haya implementado nunca el voto preferencial.

En este sistema, cada votante puede clasificar a sus candidatos por prelación. En las primarias demócratas neoyorquinas, puede elegir hasta a cinco candidatos, es decir, un voto múltiple, definiendo el orden de preferencia. Aunque no es obligatorio pensar cinco escenarios, y elegir a cinco opciones en total.

En la primaria demócrata, hay 13 fórmulas electorales en la boleta. En la primaria republicana, 2 candidatos -nadie del Partido Republicano quiere competir en una elección que sabe destinada a perder. Nueva York usó el voto preferencial después de que casi tres cuartas partes de los votantes aprobaron este método en un referéndum de 2019.

La mayoría del electorado en EEUU está acostumbrada a emitir un voto para una persona por cargo, y la persona con más votos gana. Clasificar por prelación a los candidatos es mucho más complicado, pero sus apologetas creen que es más justo y que refleja con mayor precisión la voluntad colectiva de la mayoría.

En el caso de que una persona obtenga el 50% más uno, después de que se cuenten todos los votos de primera opción, entonces la elección ha terminado y ese candidato gana.

Pero si ninguna persona obtiene el 50% más uno, se pasa a segunda vuelta. Pero sin convocar elecciones. Recontando las restantes opciones de cada votante.

En primer lugar, se elimina a la candidatura con el menor número de votos, y las segundas opciones de los votantes de ese candidato se redistribuyen como votos para las otras candidaturas.

Esta reasignación de votos continúa hasta que alguien alcance el 50% más uno.

En las primarias para elegir la candidatura demócrata para el cargo de jefe de gobierno en la ciudad de Nueva York, con un número tan importante de postulantes y un porcentaje tan alto de votos indecisos, podrían llegar a ser necesarios varios balotajes -recuentos técnicos- antes de que alguien alcanzara la mayoría. Una última encuesta de WNBC / Telemundo 47 / Politico / Marist encontró que se necesitarían 12 balotajes para definir la fórmula electoral demócrata.

Hay ya unas 20 secciones electorales en todo EEUU que utilizan el voto preferencial, según FairVote, una ONG no partidista promotora de la reforma del sistema electoral. Solo dos estados pequeños, uno en el extremo Este y el otro en el extremo Noroeste, Maine y Alaska, lo usan ya para las elecciones mayores, federales y estaduales. Según el partido Demócrata, cada vez más la democracia estadounidense se está deslizando hacia el gobierno de las minorías: es una tesis a la que se aferran desde 1972, y si les hizo ganar la elección de 2020, les hizo perder la anterior.

Este sistema tuvo una particular incidencia en el resultado de las elecciones de 2018 para los cargos de representantes en la Legislatura del pequeño estado de Maine en la costa este de EEUU. Un republicano tenía la mayoría de los votos de primera opción y aventajaba al demócrata por un estrecho margen de un par de miles de votos. Sin embargo, dos candidatos independientes también habían obtenido una buena cantidad de votos. Al momento de redistribuir las segundas opciones, el demócrata terminó ganando, por muy poco: la voz de las minorías fue escuchada y atendida; en cambio, con el sistema predominante, 'el ganador se lleva todo' (winner takes all), habrían sido barridas sin más de la historia.

El sistema ganó reputación fuera de EEUU. Ha sido utilizado en Australia, Irlanda y Malta desde principios del siglo XX, y posteriormente, según una suerte de contagio regional, en el Ulster , Nueva Zelanda y Escocia también lo han adoptado.

Dos decenas de ciudades habían adoptado el voto preferencial en EEUU a principios y mediados del siglo XX. Sin embargo, provocó una reacción violenta por su preferencia por las minorías en desmedro de las mayorías silenciosas que se volvían vociferantes en su queja. Fue anulado y condenado al olvido. Salvo en la más aristocrática en sus aspiraciones intelectuales, menos populista en sus maneras exhibidas ciudad de Cambridge, Massachussets, la ciudad donde se encuentra la Universidad de Harvard. Así en la alta cultura como en la industria cultural: También la Academia de Hollywood ha estado usando este sistema desde 2009 para el premio Oscar en la categoría de Mejor Película. Aunque no sea unánime el fanatismo a favor de los resultados alcanzados.

Según la doctrina de quienes impulsan el voto preferencial denuncian que el rutinario sistema de winner takes all (quien tiene más votos se queda con el cargo) puede significar el triunfo de una mayoría simple, sí, pero no necesariamente de la persona con más apoyo popular. Y esto puede desembocar en que ganen algunos candidatos impopulares. En otras palabras, la votación preferencial puede reducir drásticamente la posibilidad de spoilers.

La misma voz civilizada recomienda este sistema porque limita las probabilidades de que candidatos extremistas, con bases sólidas pero limitadas de apoyo, pero repudiados por las mayorías, puedan imponerse por muy poco margen, en aquellas elecciones en las cuales hay mucha oferta electoral. Las campañas son menos negativas. El argumento es que los candidatos necesitan ahora agradar a la mayoría de los votantes, no sólo a su base electoral de reverencia carismática.

Además de más justo, de más moderado, el sistema de la votación preferencial se recomienda como más barato. Son, dicen, "elecciones de segunda vuelta instantánea": cuesta menos al erario público que otras formas de balotaje. Si nadie alcanza el umbral necesario para ganar en primera vuelta, en los sistemas que prevén una segunda tienen que hacer campaña durante varias semanas más las candidaturas rivales. También le ahorra dinero al Estado porque no tiene que gastar más en administrar una nueva elección.

Todo lo anterior, aun si fuera por entero cierto, lleva a una conclusión irrefutable: este sistema es más complicado. Y las complicaciones pueden provocar errores. Es nuevo, al electorado lo confunden las novedades. Según un analista político de Maine, el estado que adhirió al sistema más abarcativamente (junto con la lejana, poco poblada Alaska), se cometen muchos más errores en promedio que con las otras formas de boleta, y por lo tanto las chances de ser declaradas inválidas, por confusiones insalvables, aumentan entre tres y cinco veces según su investigación.

Además, un sistema no es más democrático si ofrece más opciones. Lo es si efectivamente el electorado las asume y las usa. Según sondeos, en las primarias de Nueva York, solo una cuarta parte de los votantes potenciales hicieron cinco selecciones. Ahora, ¿cómo puede conocer esa verdadera voluntad profunda de la mayoría de las personas, a la que sólo este sistema nos da acceso, si no todas están completando todas las opciones? Australia requiere que todos clasifiquen   a todos los candidatos (además de exigir que todos voten: el voto es optativo en EEUU). Y además, ya sucedió en EEUU, si no se completan suficientemente un número suficientemente alto de opciones, pueden quedar sin dirimir victorias y derrotas, y vacante el cargo político sometido a esta votación popular.

Hay dos consecuencias paradójicas. Sólo la primera se observó en las primarias demócratas. La votación preferencial abre el camino a componendas entre candidatos acerca de a quién deben marcar sus votantes como segunda opción. Durante el fin de semana en Nueva York, los regateos se hacían a plena luz del día. Andrew Yang, el ex candidato presidencial que se postula para alcalde, y la también candidata demócrata Kathryn García formaron una alianza tardía. “Pueden votar por los dos”, dijo García, mientras los dos estaban juntos. Yang agregó: “Si me apoya, asegúrese de apoyar también a Kathryn García en su boleta”. No le dieron fruto a Yang, que ya reconoció su derrota.

La otra paradoja anticipada no se vio en Nueva York. O casi no. Algunos argumentan que podría tener la consecuencia no deseada de candidatos más estridentes, ya que los extremistas marginales apelan a los seguidores de otro candidato de línea dura para obtener votos de segunda opción.  Pero también puede un candidato estridente posicionarse en un extremo, aprovechando la común moderación y buena disposición a intercambiar favores y votos, primeras y segundas preferencias, de candidatos que finalmente acaban por lucir también ellos intercambiables. Por lo pronto, en un año también signado por revueltas urbanas contra las fuerzas de seguridad, es un ex policía de Brooklyn, Eric Adams, quien el viernes aventajaba por diez puntos a sus rivales a medida que avanzaban los recuentos de preferencias para decidir quién será el candidato demócrata a la alcaldía de Nueva York.

AGB

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