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Radicalismo: de aniversarios y declaraciones públicas

PG: Teníamos ganas de hablar del radicalismo. Quizá a propósito de que acaba de sacar hace unos días una declaración pública pero tratando de poner esa declaración en una perspectiva histórica. Histórica quiere decir de verdad histórica, es decir, la historia del radicalismo. ¿Qué dirías vos acerca de un partido que ha tenido los cambios que ha tenido el radicalismo a lo largo de tanto tiempo?

RH: Lo primero que quisiera decir es que a veces nos cuesta encontrar un tema para estas conversaciones, que sea el tema de la semana. Y hace pocos días me escribió un colega, Francisco Reyes, recordándome que se cumple un nuevo aniversario de la revolución radical de 1905. Entonces tenemos acá la revolución, 1905, esta declaración, "Manifiesto por la esperanza democrática", recién aparecido, y eso me parece que nos da la posibilidad de recorrer un arco, bastante extenso, que no cubre toda la historia del radicalismo y seguramente hay cosas que quedan afuera, pero nos permite hacer como una semblanza de la trayectoria del partido, que es un partido de tres siglos. Empezó en el siglo XIX, todavía vive -es una pregunta, quizá, esta- pero todavía está dando vueltas en el siglo XXI. Y me parece una cosa interesante que es un partido que cambió mucho a lo largo del tiempo. Es un partido que cambió tanto en términos de sus propuestas como de su base social: sus ideas y sus votantes. Y ahí yo diría: Bueno, en un punto esto quizá también vale para otras fuerzas. Y me acuerdo acá de una expresión que dice que los hombres se parecen mucho más a su tiempo que a sus padres. Yo creo que eso vale para el radicalismo también. Como probablemente valga para otras fuerzas. Para el peronismo seguramente también. Y esto significa que tiene que enfrentar, bien o mal, los desafíos de su tiempo. Y lo hace a veces sobre la base de recursos que son sus tradiciones, pero en muchos casos tradiciones inventadas. Y yo ahí pensando en el radicalismo quería sugerirte tres momentos. 

PG: ¿A ver?

RH: Muy rápidamente. Tres mojones. Uno cuando nació, que nació liberal y porteño, con Alem. 

PG: Así es.

RH: Después se hizo nacional con Yrigoyen, es decir: con Alem era un partido de Buenos Aires, que eran los intereses de Buenos Aires, las ideas que estaban dando vueltas en ese tiempo. Con Yrigoyen tuvo que cambiar y fue muy exitoso en ese cambio y se convirtió en un partido no solo nacional sino mayoritario. Y, visto de la vereda de enfrente, socialistas y conservadores, un partido populista o, como se decía entonces, demagógico. Es decir, muchas de las impugnaciones que el radicalismo hoy le hace al peronismo valían para...

PG: Para Yrigoyen. No para Alem.

RH: Para Yrigoyen.

PG: Efectivamente. Es muy interesante ver ahí... Si querés volver a Alem podemos volver, pero me gustaría concentrarme un minuto en Yrigoyen. La composición del voto entre 1916 y 1928, que es la gran elección, el plebiscito, ¿no?, la gran elección de Yrigoyen cuando gana la reelección, el cambio de composición en el voto es notable. O, lo diría de otro modo, más que el cambio en la composición diría la ampliación de su base social, de su base política, de su base electoral, es notable. El partido con el que nace y gana la elección es un partido del centro del país. El partido que gana en el 28 es un partido que se parece mucho más al peronismo que va a venir que al viejo radicalismo, ¿no? Y no hay muchos casos de una ampliación de la base electoral de tal magnitud como la que consiguió Yrigoyen y Alvear también, en los años 20. 

RH: Sí, para mí es un fenómeno notable eso. Cuando uno mira lo que logró hacer el radicalismo después de la reforma... Porque unos años antes, en el 12, el 16, quizá, ese partido estaba condenado a desaparecer. Había mucha gente que pensaba así. Pero del 16 en adelante fue crecer, crecer, crecer. Y vos decías esa elección, el plebiscito, es notable por la magnitud de los apoyos que cosechó y también por el hecho de que en ese momento era todo radicalismo. No solo la fórmula Yrigoyen-Beiró, que es la que ganó, sino que enfrente tenía radicales, ¿no?

PG: Sí, sí, eran todos radicales. Como decía la madre de Ezequiel Gallo, eran todos radicales 

RH: Porque peleó contra una fórmula que era Leopoldo Melo y Vicente Gallo.

PG: Exactamente. 

RH: Entonces, prácticamente cubría todo el escenario político. Y eso creo que nos dice una cosa importante sobre la política argentina.

PG: Dejame, de todas maneras, ir un poquito atrás, a 1905, por una cosa que acabás de decir. Yo estoy convencido de que en el largo trayecto de la abstención, en la travesía del desierto del radicalismo antes del 12, antes de la Ley Sáenz Peña, si querés, el radicalismo estuvo en peligro de desaparecer muchas veces y yo suelo -y no solo yo- interpretar la revolución de 1905 como un golpe para movilizar el partido y para detener y neutralizar a aquellos que querían ser -uso el lenguaje del futuro- participacionistas. Había una presión participacionista que Yrigoyen la frena con la revolución del 5 y a partir de ahí tiene de nuevo el comando y llega a ser esto que estamos describiendo. 

RH: En otro momento me gustaría volver sobre la revolución de 1905 y fenómenos que reconfiguran o contribuyen a reconfigurar el escenario político. Creo que tenemos algunas cosas que aprender. Pero volviendo sobre la cuestión de ese enorme avance radical, el último punto que quisiera señalar en relación con la etapa donde el radicalismo fue predominante es que los 30 fueron radicales también. Es una historia que a los radicales a veces no les gusta contar. No se sienten cómodos.

PG: Pero tenían un presidente radical, Agustín P. Justo. 

RH: Tuvieron dos.

PG: Bueno, además de Ortiz, sí. Ortiz es todavía más radical. 

RH: Digamos, los dos presidentes de la era del fraude son radicales. No solo radicales, sino que radicales que además fueron ministros. 

PG: Y en el caso de Ortiz te diría que un reformista social de avanzada como pocos. Quiero decir, manteniendo la tradición radical, la tradición reformista radical, que no es la única tradición del radicalismo en los 20. 

RH: Si, yo creo que tener eso presente es importante porque lo que nos muestra es que este partido fue extremadamente exitoso, como ninguno, entre el 16 y, yo diría, el 43. Incluso diría el 45, el 46. Todo fue radicalismo en esos 30 años, a punto tal que, a la luz de esta constatación, podemos entender bien, creo, por qué Perón cuando en el 45 ya estaba lanzado a su campaña presidencial lo que quería era un vicepresidente radical. Quería rodearse de radicales.

PG: Quería otro que el que fue, porque finalmente tuvo un vicepresidente radical. Pero ahí lo notable es lo que le pasa al radicalismo con el surgimiento del peronismo. 

RH: Sí, una cosa ahí. Vos decías recién: tuvo otro. Él quería un radical de primera. Quería a Sabattini, ¿no? Y se tuvo que contentar con un radical de tercera, que era un correntino, es decir, marginal, políticamente un perdedor y, en términos ideológicos, una persona que estaba a la derecha del partido radical. Un alvearista. Pero, bueno, fue lo único que consiguió porque los radicales en su inmensa mayoría decían: no, nosotros somos el partido dominante.

PG: Pero ahí lo interesante es efectivamente el fracaso de Perón en conseguir un radical de primera. Quiero decir, la resistencia del radicalismo a que haya una migración de su base popular a una fuerza nueva construida desde el Estado fue notable y fracasada. 

RH: Yo creo que ahí tenemos un interrogante que tenemos que tratar de entender mejor: Cómo es que se derrumbó ese partido mayoritario. 

PG: Se derrumbó y se convirtió en otra cosa. Porque se derrumbó, se volvió a levantar ahora como partido minoritario, como segundo partido, pero manteniendo todo el tiempo su lugar como segundo partido, con una base social distinta. Con una base social achicada, si se quiere, y distinta,

RH: Achicada y distinta, sí. Ahí yo creo que uno cuando ve lo que pase del 46 en adelante y hasta quizá nuestros días -Alfonsín supuso quizá alguna inflexión a eso-, ahí empieza la historia del radicalismo como el partido de las clases medias. Como un partido que se sube al ring para perder, para representar intereses que no son los intereses que van a ganar las elecciones.

PG: Y que termina siendo, porque pierde todo el tiempo, una especie de embajador en el imperio peronista.

(...)

Transcripción parcial de la conversación

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