Voluntariado internacional: una práctica silenciosa y estratégica para la Argentina
La agenda pública de la Argentina siempre está sobrecargada y eso puede provocar que queden fuera de foco experiencias prácticas importantes y persistentes que suceden en paralelo a la circulación de las efímeras noticias que circulan diariamente. Entre ellas, el voluntariado internacional. Se trata de una herramienta valiosa para fortalecer la ciudadanía global y nacional, contribuir en los espacios organizacionales, ampliar redes de cooperación y construir respuestas colectivas en un país atravesado por urgencias sociales, desigualdades persistentes y una trama comunitaria que sostiene mucho más de lo que se ve.
Este año, mediante la Resolución 78/127, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó 2026 como el Año Internacional de los Voluntarios para el Desarrollo Sostenible (AIDS), promoviendo y reconociendo así el voluntariado como un elemento fundamental para el desarrollo sostenible.
Esto impulsa a las instituciones que promueven el desarrollo de voluntariado a repensar la práctica y sus efectos, sobre todo en contextos de guerras, genocidios y escalada de la violencia a nivel mundial. ¿Es el voluntariado una estrategia de promoción de paz? Puede que no todo el sector del voluntariado —muy diverso, por cierto— se esté haciendo la misma pregunta, pero vale la pena conocer experiencias que se abren a este interrogante desde la propuesta del voluntariado internacional que promueve la solidaridad en el marco de la interculturalidad.
Hablar de voluntariado internacional no es hablar solamente de personas que llegan y van desde distintos países. Es hablar de una experiencia y práctica solidaria que conecta territorios, saberes y culturas diversas. Su valor reside en el tipo de vínculo que se crea entre personas de contextos sociales, culturales, económicos, religiosos distintos. Y la posibilidad de pensar problemas locales en diálogo con experiencias globales. El estudio impulsado por el programa de voluntariado intercultural de Fundación SES, Subir al Sur, refuerza la noción de que el voluntariado internacional contribuye a la paz a través del aprendizaje intercultural, al desarrollo sostenible y al crecimiento de las comunidades a través de experiencias concretas que ponen en valor proyectos e iniciativas locales en todas las latitudes.
En momentos donde la violencia se transforma en lenguaje, el poder somete y la fragmentación reina, el voluntariado intercultural es una puerta de entrada (no siempre visible, no siempre accesible) que ofrece otra manera de construir ciudadanía, comunidad y cultura de paz. Esta dimensión pedagógica y política resulta especialmente relevante.
También hay allí un escenario fértil para pensar una cooperación más horizontal. Durante mucho tiempo y aún hoy, buena parte de los intercambios internacionales se estructuraron bajo una lógica Norte-Sur, en la que los flujos de recursos y oportunidades circulaban de manera desigual, no sólo por la concentración y distribución de éstos sino también por la relación histórico-colonial constitutiva de dicha lógica. Actualmente el desarrollo del voluntariado internacional en la Argentina se presenta como una oportunidad para discutir ese esquema y fortalecer una agenda más regional, más latinoamericana y más Sur-Sur. No es un dato menor que, según el relevamiento desarrollado por SES, sólo el 15,63% de las personas voluntarias que vienen a la Argentina, proviene de América del Sur. Es decir, existe una potencialidad para construir desde el sector del voluntariado una cooperación más cercana a nuestras realidades, más conectada con desafíos comunes y menos dependiente de los modelos Norte - Sur .
El otro punto central es que la Argentina no parte de cero. Existen organizaciones con experiencia territorial, con capacidad de recibir y acompañar personas voluntarias internacionales y con una larga trayectoria en trabajo comunitario. El estudio identificó cerca de 100 organizaciones vinculadas a este campo, lo que muestra que no se trata de una práctica marginal ni improvisada, sino de un entramado ya existente sobre el cual se puede crecer. Pero también deja claro que ese potencial todavía está por debajo de sus posibilidades y que muchas veces depende más del esfuerzo sostenido de las organizaciones que de una política decidida de fortalecimiento del sector.
En ese punto aparece uno de los grandes desafíos hacia adelante. Si se quiere que el voluntariado internacional tenga un papel más relevante en la Argentina, no alcanza con valorarlo en términos discursivos. Hace falta darle mayor visibilidad, mejores marcos de apoyo, más articulación pública, más financiamiento, más formación para las organizaciones y vínculos más fluidos con el sistema educativo y con las políticas de cooperación. Para potenciar una herramienta que puede complementar, fortalecer y ampliar el alcance del trabajo comunitario.
Para Fundación SES y su programa Subir al Sur, el desafío no es únicamente promover más experiencias de voluntariado, sino aportar a la consolidación de un sector con identidad propia en la Argentina: con mayor visibilidad, articulación federal, formación, financiamiento y reconocimiento institucional. Apostar por el voluntariado internacional es apostar por una cooperación situada, horizontal y transformadora, capaz de conectar lo local con lo global desde las necesidades, saberes y potencias de nuestras comunidades. En tiempos de repliegue, individualismo y urgencias sociales, fortalecer estas experiencias también significa afirmar que la solidaridad organizada sigue siendo una herramienta concreta para construir futuro.
La auotra es Licenciada en Comunicación. Coordinadora del Programa de Voluntariado Intercultural Subir al Sur de Fundación SES
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