El país político vuelve a girar sobre CFK

Cristina Fernández

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Una vez más, puso al país político a girar sobre su eje y a discutir sus consignas. Inigualable, su poder es ese, el que la trajo hasta acá. Cristina Fernández de Kirchner aprovechó la audiencia virtual en la causa del dólar futuro para denunciar la situación incómoda en la que se encuentra -en ese expediente, desde hace más de cinco años- y para acribillar al “poder perpetuo” de la “casta judicial”. En un discurso de una hora ante los jueces Daniel Petrone, Diego Barroetaveña y Ana María Figueroa, la vicepresidenta reconstruyó el contexto electoral en el que se inició la causa en 2015 -cinco días después del pase a segunda vuelta de Mauricio Macri y Daniel Scioli-, le hizo un homenaje post mortem al peronista federal Claudio Bonadio y se esforzó por remarcar “la intromisión y manipulación” de los tribunales federales “en los procesos electorales y la política en general”. Así dio cuenta del gran contraste que, a los 68 años y después de tres décadas en los primeros planos de la política nacional, le toca vivir. 

La situación de Cristina no tiene comparación porque nadie que acumule tantos procesamientos y denuncias es, al mismo tiempo, dueño de una adhesión social tan alta, un capital político envidiable, que ninguno de sus rivales pudo arrebatarle ni siquiera en su momento de mayor aislamiento y soledad. Es única, incluso en la paradoja que la envuelve. En otro contexto global, después de perder el poder, Carlos Menem enfrentó una avalancha de causas judiciales pero esa experiencia amarga -que el fallecido senador también llamó persecución- coincidió con su eclipse y decadencia. Por eso, empoderada en su vigencia política, Cristina habla del lawfare como “corriente regional” para explicar lo que sus enemigos siguen vendiendo con enormes dificultades como “justicia independiente” y ella reduce a un “sistema podrido y perverso” que impide la “sana democracia”. 

La expresidenta centró su discurso en el contrapunto entre los condicionamientos que vive su sector político y un estamento del poder que no va elecciones, se mueve en un “anonimato muy conveniente” y funciona en articulación con el “poder permanente” y los medios de comunicación. Además, dio ejemplos concretos: mientras Federico Sturzenegger da clases en el exterior y Macri se va a Qatar a ver fútbol, ella sigue desfilando por tribunales. Mucho peor, el triunfo del Frente de Todos en 2019 no alteró esa disparidad de fuerzas y es una de las grandes frustraciones de Cristina, que la llena de impotencia y le impide concentrarse en la política como quisiera. Se pudo ver en tres o cuatro oportunidades cuando señaló al tribunal con su “ustedes son responsables” o cuando aludió al “sillón de los acusados” y dijo: “Y yo sigo sentada acá”. 

Asesorada por Carlos Beraldi, CFK tomó el consejo que le dio Alberto Fernández en su tiempo de operador cristinista, cuando en la campaña de 2019 le recomendó que pidiera la televisación de los juicios en su contra con el objetivo de emular a “Perry Mason”, el abogado de una serie que quedó grabada en el ahora presidente. Fue la oportunidad que encontró para dar cátedra sobre la lectura cristinista del poder judicial y convertir una situación adversa en su momento de verdad televisada en cadena nacional con un rating nada desdeñable. Le calzó justo la causa del dólar futuro, una decisión de política económica que hasta los formadores de opinión que alentaron la aventura del macrismo ahora consideran no judiciable, en un intento de deslegitimar la querella criminal contra Macri por la deuda de U$S 44000 millones con el FMI. “Sospecho” que ahora lo digan, replicó Cristina y remarcó que son situaciones distintas. Cambio de gobierno y devaluación mediante, el recurso de la administración Kirchner para evitar una nueva devaluación sí trajo perjuicios económicos para el Estado -CFK dijo que no-, aunque no ató a la Argentina a la dependencia y el endeudamiento como el blindaje del Fondo Monetario. 

Ahí aparece el segundo eje que la vicepresidenta busca proyectar en su arenga hacia el gran público. La artillería judicial no sólo condiciona las elecciones sino que además, anotó, tiene consecuencias concretas en la vida cotidiana de la población. Cristina no quiere que su batalla contra Comodoro Py siga siendo leída como una cuestión personal entre la dirigencia política y la deje lejos de una sociedad indiferente que viene de años de padecer la crisis, la recesión, la caída del poder adquisitivo y el ajuste. Por eso pidió “que los argentinos se despabilen”, afirmó que “la que sufre es la gente” y hasta se quebró cuando admitió la impotencia del peronismo de gobierno:  “No podemos dar aumento a los jubilados por la deuda que nos dejaron”.

Al pasar hubo también un elogio a Fernández por su discurso del lunes contra el endeudamiento bajo Macri y una reivindicación del Presidente ante las “amenazas” del fiscal del espionaje Carlos Stornelli. Íntimo amigo del espía paraoficial del macrismo Marcelo D’Alessio, declarado en rebeldía por el juez federal de Dolores Alejo Ramos Padilla, el fiscal de la causa Cuadernos es una figura bisagra, que abre la puerta a otro rasgo del sistema que describió Cristina: la alianza de servicios de inteligencia, tribunales federales y medios incluye además la sinergia con una fracción de la política, un componente vital para ordenar el tablero y alterar la correlación de fuerzas. Ex ministro de Seguridad de Daniel Scioli además de aliado de Macri y amigo de Patricia Bullrich, Stornelli expresa esa frontera porosa de los que tejieron un pacto de sangre con el peronismo no kirchnerista. Cristina prefirió no decirlo pero la causa del dólar futuro tomó vuelo cuando Martin Redrado se presentó como perito ante Bonadio para abonar las tesis de la oposición cambiemita. El Golden Boy era entonces el economista más destacado del equipo de Sergio Massa y su informe contra CFK no era una jugada individual de un técnico enamorado de la fama sino parte de un movimiento general, el del PJ que buscaba suplir en el matrimonio con Comodoro Py los votos que le faltaban en las urnas. De ese peronismo que iba a ser socio del primer macrismo y después volvería al útero materno del cristinismo, la vicepresidenta eligió con toda lógica no hablar ante el tribunal. 

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