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La política en la Basílica

Luján: la misa por Francisco reunió a la política en una foto atravesada por ausencias y tensiones

Manuel Adorni encabezó la comitiva del oficialismo en la Basílica de Luján.

Pedro Lacour

21 de abril de 2026 18:40 h

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La misa por el primer aniversario de la muerte del Papa Francisco en la Basílica de Luján condensó, en una misma escena, buena parte del ruido político del presente. La ausencia del presidente Javier Milei y de su hermana Karina por su gira en Israel llevó a que Manuel Adorni debiera exponerse. En medio de la investigación por presunto enriquecimiento ilícito, el jefe de Gabinete debió compartir escena con dirigentes opositores como el gobernador Axel Kicillof o la propia vicepresidenta Victoria Villarruel, que debía sentarse junto al él, pero que terminó ausentándose. Lo que en origen era una ceremonia religiosa terminó funcionando como una postal política de alto voltaje, atravesada por tensiones y señales cruzadas.

Con el Presidente fuera del país, la Casa Rosada optó por desplegar una representación amplia para evitar cualquier lectura de distancia con la figura de Francisco. Adorni encabezó la comitiva oficial y se ubicó en primera fila, junto a Martín Menem, el ministro Diego Santilli y el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala. También estuvieron el ministro de Defensa, Carlos Presti; de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger; de Salud, Mario Lugones; y de Seguridad, Alejandra Monteoliva. La presencia del jefe de Gabinete tuvo una doble lectura, institucional hacia afuera y de respaldo político hacia adentro.

Manuel Adorni encabezó la comitiva oficial que participó de la misa en conmemoración al papa Francisco.

Villarruel, que había confirmado asistencia y debía ubicarse junto a Adorni, terminó ausentándose de la ceremonia en Luján y optó por participar de una misa en la Basílica de San José de Flores. Desde allí, buscó marcar una diferencia explícita: sostuvo que eligió ese lugar por su vínculo con el bautismo del Papa Francisco y cuestionó que el acto central se hubiera “politizado”. En esa línea, comparó la situación con lo que ocurre en fechas como el 2 de abril, cuando la política se superpone a conmemoraciones sensibles, y remarcó que prefirió “estar entre la gente”, en un ámbito alejado de la dirigencia.

En Luján, en tanto, Kicillof ingresó a la Basílica minutos antes del inicio de la misa, alrededor de las 17, acompañado por intendentes como Federico Otermín y Gustavo Menéndez. Su sola presencia, en medio de la confrontación abierta con la Casa Rosada, sumó una capa adicional a la escena. Al retirarse, remarcó que al papa Francisco hay que recordarlo en sus enseñanzas y seguir su ejemplo de solidaridad. “Creo que es lo contrario al discurso de la ultraderecha”, remarcó.

Axel Kicillof compartió escena con Manuel Adorni en la Basílica de Luján.

La misa, iniciada a las 17, fue el acto central de una semana de homenajes que el Episcopado viene impulsando en todo el país. La convocatoria, organizada por la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), logró reunir así a dirigentes de distintos espacios, desde el oficialismo hasta la oposición, pasando por figuras como el diputado Maximiliano Ferraro y armadores territoriales como el diputado libertario Sebastián Pareja.

Al frente de la ceremonia estuvo Marcelo Colombo, quien encabezó la liturgia acompañado por un centenar de obispos reunidos en su asamblea plenaria. Su mensaje, con tono autocrítico, pareció interpelar a la dirigencia en su conjunto: “Muchos nos hemos lamentado de no haberlo tratado bien, de haber sido mezquinos como sociedad e incluso como Iglesia”, señaló, antes de advertir sobre “la indiferencia, el desinterés y la agresividad permanente en el lenguaje”.

La escena se completó con un gesto simbólico. Obispos, sacerdotes y laicos encendieron velas y las depositaron frente a un retrato de Francisco. Pero incluso en ese cierre, pensado en clave pastoral, la política se mantuvo como telón de fondo. No es casual. Luján funciona desde hace décadas como un punto de intersección entre fe y poder, un espacio donde las liturgias adquieren una dimensión adicional que se hace notar.

PL/CRM

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