La “memoria completa” de las calles: la marcha a Plaza de Mayo bajo la consigna “Que digan dónde están”
Tres adolescentes se hacen chistes, se empujan y buscan la salida del subte que los va a dejar a unas cuadras de Plaza de Mayo: no quieren llegar directo a la plaza, prefieren caminar unas cuadras, recorrer Avenida de Mayo y hundirse en la marea de familias, grupos de amigos y puestos de choripanes que representa el ecosistema típico de cada 24 de marzo. Hay más gente de lo usual, y les cuesta moverse. Uno de ellos lleva un cartel que, de un lado, muestra una caricatura del fiscal Julio Strassera durante el Juicio a las Juntas –la versión de Ricardo Darín en la película “1985”– y, del otro lado, hay un mensaje: “Queremos memoria completa: queremos que Vicky le pregunte a sus amigos dónde están los bebés robados”.
El mensaje se repite en varios carteles y remeras en el trayecto a la Plaza de Mayo: “Memoria completa”. La revancha ante la provocación del Gobierno, que horas antes había publicado un video de más de una hora en el que, valiéndose del testimonio de una nieta recuperada que no quiso cambiarse el apellido de sus apropiadores y del hijo de un militar asesinado por ERP, volvía a insistir en la narrativa de los criminales condenados por delitos de lesa humanidad: el falso relato de una memoria incompleta y revanchista que había negado la violencia política de las organizaciones guerrilleras y de, por lo tanto, la existencia de una guerra contra la subversión.
Esta vez, sin embargo, los manifestantes que marchaban a Plaza de Mayo se apropiaron del término. “Memoria completa”, decían los carteles, era que dijeran dónde estaban los cuerpos de los 30 mil desaparecidos. Dónde estaban los más de 500 bebés nacidos en cautiverio que todavía desconocen su identidad. El reclamo aparecía colgando en los cuellos de los familiares de desaparecidos, que marchaban llevando una foto en blanco y negro del rostro de sus hijos, madres o abuelos. Aparecía en las banderas y remeras que sintetizaban la consigna de la convocatoria a 50 años del golpe y que respondía, a su vez, el mensaje del Gobierno.
Aparecía pintada en el piso en grandes letras blancas, justo en frente a la Catedral: “¿Dónde están?”, exigía saber el pavimento, recalentado por el sol del mediodía. Era lo primero que veían las columnas cuando ingresaban a Plaza de Mayo y lo último cuando, tarde a la noche, llegó el momento de desconcentrar.
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