Corazones destrozados, temporada de suspiros

John Cusack es el protagonista de "Alta fidelidad", la película basada en la novela del escritor Nick Hornby

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“¿Qué fue primero: la música o la tristeza? ¿Se me dio por escuchar música porque estaba triste? ¿O es que estaba triste porque escuchaba música? ¿No te convierten todos esos discos en una persona de tendencia melancólica?

La gente se preocupa cuando los niños juegan con armas de fuego, o porque los adolescentes ven videos violentos; nos da miedo de que esa especie de cultura de la violencia termine por tragárselos. A nadie le preocupa, en cambio, que los niños escuchen miles –literalmente miles– de canciones sobre corazones destrozados, sobre rechazos y abandonos, dolor, tristeza, pérdida. Las personas más desdichadas que he conocido, románticamente hablando, son las que más gustan de la música pop. Y no sé si la música pop es la causante de esta infelicidad, pero sí tengo muy claro que han escuchado esas canciones tristes por mucho más tiempo del que llevan viviendo una vida más o menos infeliz”.

La cita es bastante conocida entre melómanos y pertenece a la novela Alta fidelidad, del escritor británico Nick Hornby. Es una de las líneas más destacadas y hermosas, también, de la película basada en ese libro, que en Argentina se estrenó justo el Día de la Primavera del año 2000 y tiene a John Cusack como protagonista.

Volví a esas palabras y a escuchar música triste por culpa de esta semana de mucha lluvia acá donde vivo (¿qué fue primero: la tormenta o el desánimo? Humor en baja y chaparrones aislados, asunto no separado).

Hay que decir que Hornby siempre pisa en un terreno más o menos firme, canchero, contenido (un asterisco: en sus novelas siempre hay referencias musicales y escribió un libro de ensayos precioso que se llama 31 canciones, donde repasa temas pop que amó o que son importantes para su vida; va de Teenage Fanclub a Van Morrison o Patti Smith y lo poquito que se sale de cierta sucesión estable es I’m Like a Bird, de Nelly Furtado. Alguien armó la playlist, se puede escuchar acá).

En mi rincón, fui por un lado menos prestigioso, si se quiere, y por estas horas escucho boleros y canciones de esas a las que en mi adolescencia agrupábamos bajo el rótulo de lentos. El disco A medio vivir, de Ricky Martin, de punta a punta; una selección de Luis Miguel y otra de uno de los mejores autores e intérpretes de música romántica en español, Ricardo Montaner

Busco una palabra para salir de lentos y llego a cursi. Me atrapa, me gusta cómo suena, me absorbe hasta que entro al diccionario de la Real Academia: “Dicho de una cosa: que, con apariencia de elegancia o delicadeza, es pretenciosa y de mal gusto”. Entonces me desinflo. Me gustaría rasparle a la definición esa pátina, esa pelusa que viene a estorbar, esa mala prensa, como quien quita con un cuchillo la parte chamuscada de un pan.

Mientras tanto, los auriculares me ofrecen voces hipnóticas e imágenes de cuerpos que crujen, de venas como volcanes, de órganos que se frenan o dicen basta con una belleza desgarradora. 

Y es que sin ti/respiro con un solo pulmón/Y es que sin ti/Todo se quedó por la mitad”, lanza Ricky Martin. La parte por el todo: un pulmón menos para un amante que extraña. Le sigue Luis Miguel, también dolido, también ante la falta: “Sin tus ojos, mis ojos ya no ven nada”, canta en Tengo todo excepto a ti. De inmediato propone un incendio en Por debajo de la mesa, esa extraordinaria composición de Armando Manzanero, el hombre esencial, el puente entre dos universos: “Tal vez te fundirías a esta hoguera de mi sangre”.

Se interpone Juan Luis Guerra, que resaltó que él mismo tenía un corazón “mutilado de esperanza y de razón” en Burbujas de amor y también escribió Hasta que me olvides: ahí alguien va a intentar ese olvido hasta romperse “en mil pedazos” y tanto, tanto (lo dice dos veces: tan necesaria esa resonancia) hasta que “no exista mañana ni después”. “Y me quede en suspenso/con una historia breve/en los niveles más bajos/de mis latidos del corazón/entre lo inverosímil de mis frustraciones”, remata Ricardo Montaner en la encantadora Será. Una declaración suspendida, el corazón en la boca.

Me cuesta entonces la idea de mal gusto o de una intención pretenciosa en lo cursi: ahí donde algunos oyen desatino, prefiero escuchar audacia, cuerpo, abismo, rapto, hipérbole, lengua

Los dejo con una entrega de Mil lianas en ese plan: a puro arrojo. Aprovechamos que llegó septiembre y le damos la bienvenida, como quien sí quiere la cosa –la que sea, la que venga– a una nueva temporada de suspiros.

1. Outside In. Por los mails que recibí y los mensajes que me dejaron en Twitter e Instagram, varios y varias estuvieron disfrutando The Chair, la serie que comentamos hace unas semanas por acá. Uno de los protagonistas, que allí y cada vez que aparece nos hace suspirar, es el actor, guionista y realizador Jay Duplass. Junto con su hermano Mark, al que tal vez vieron en la serie The Morning Show, –de paso, para agendar: la segunda temporada se estrena el 17 de septiembre por AppleTV– son los responsables de buena parte de las producciones de cine y televisión más notables en el indie estadounidense.

Entre muchísimas otras, los Duplass son los productores de series como Togetherness y Room 104, de documentales como Wild Wild Wild Country (si se lo perdieron, hablamos de eso por acá) y de un montón de películas.

Entre las últimas y más interesantes que llevó adelante la productora está Outside In, que tiene a Jay Duplass y a la actriz Edie Falco como protagonistas. Duplass también es co-guionista, junto a la directora Lynn Shelton.

El largometraje cuenta la historia de Chris, un hombre que sale de prisión después de una larga temporada tras las rejas. A medida que el relato avanza, se van conociendo algunos detalles: no se revela del todo el delito por el que fue condenado, pero queda claro que no lo cometió y que hay deudas pendientes con sus amigos y familiares por este asunto.

En esta libertad recuperada, en este nuevo comienzo a mitad de la vida –con 38 años es joven, pero no tanto; el protagonista tranquilamente podría usar la célebre frase de la película argentina Silvia Prieto, de Martín Rejtman y decir: “Ya no tengo la frescura de alguien joven ni la seguridad de un adulto”– va a reencontrarse con Carol, una mujer que fue su profesora, alguien que resultó clave durante sus días de encierro y en el proceso judicial que tuvo que enfrentar.

Con muchísimo pudor –una bandera que levantamos por acá–, Chris y Carol, quien por su parte atraviesa una crisis matrimonial y se siente algo sofocada por la monotonía, van a buscarse y encontrarse de una manera muy particular. Hay miedos, fantasmas y la idea de un futuro posible en un largometraje contado de manera muy sensible y honesta.

Outside In, de la directora Lynn Shelton, está disponible en Netflix.

2. Alberto Montt por dos. Hablábamos antes de corazones rotos, que a veces dejan de latir o que permanecen puestos ahí, en primer plano, como en las canciones que nombramos arriba. Entonces me acordé de una especie de rutina que tengo (anoto acá para no olvidarme que pronto debería escribir sobre esos pequeños rituales cotidianos, mínimos, que parecen mecánicos y no lo son). En el repaso matinal de notificaciones, lecturas, mails, diarios, tareas y listas siempre tengo presente darme una vuelta por la cuenta de Instagram del diseñador gráfico, ilustrador y artista plástico Alberto Montt que suele subir una saga de viñetas que se llama #DosisDiarias (el nombre viene de un blog muy popular que supo tener y que luego derivó en una exitosa serie de libros ilustrados).

El protagonista de estas ilustraciones es justamente un corazón. A veces se ve enfrentado a un cerebro, a veces aparece rodeado de preguntas, a veces de agujeros, vacíos y todo eso que no puede nombrar.

Lo que más me gusta de estos dibujos es que con pocos trazos pinta un mundo delicado que se permite la inseguridad y también la ternura. No dejen de pasar por ahí, es un oasis para arrancar el día.

Montt es un artista ecuatoriano-chileno, que desarrolló gran parte de su carrera en Chile, donde realizó ilustraciones y viñetas para algunos medios gráficos. También es autor de numerosos libros.

Además, desde el año pasado Montt tiene, junto al viñetista argentino Liniers, un podcast que se llama La vida es increíble. Es una especie de diálogo disparatado entre ellos dos, que son muy amigos, y en la última temporada empezaron a sumar a colegas o personas que por algún motivo les resultan interesantes.

Les dejo un capítulo que me entretuvo y que tiene como invitada especial a la humorista gráfica española Flavita Banana, de quien hablamos alguna vez aquí.

#DosisDiarias, de Alberto Montt, se puede ver por acá. El podcast La vida es increíble se puede escuchar por aquí.

3. El jardín de vidrio, de Tatiana Tibuleac. “Con el amor, Lastochka, no te compliques. No corras tras él, no lo incites, porque no le gusta. Si te sale al camino, agáchate y guárdalo en el bolsillo. Si no, no lo busques por tu cuenta. No le coloques una corona en la frente, no le levantes un monumento. No se merece tantas palabras con todo el daño que ha causado en este mundo. Recuerda lo que te digo. El amor, el amor. Todos gimen, discuten, gastan dinero. Un asesino, eso es el amor. Porque aquel que no ama, ¿qué hace? Vive, trabaja, es persona… una persona que no ama. Busca el sosiego en otras cosas, disfruta, por ejemplo, con la lluvia. Y aquel que ama –esa persona–, ¿cómo es? Una nopersona, eso es lo que es. Ni duerme, ni está satisfecho ni tiene luz en la mirada (...). Un asesino –como ya he dicho, el amor–, y vosotros lo cantáis como idiotas”.

Como arrancamos este Mil lianas hablando de lluvia, de amor y de canciones, les dejo para el cierre ese fragmento de la última novela de la escritora moldava Tatiana Tibuleac, donde una voz entre maligna y fantasmagórica le habla a la protagonista. El libro, pese a contar una historia durísima, me encantó. Si quieren saber un poco más, les dejo por acá la entrevista que hice con la autora por estos días donde hablamos de El jardín de vidrio y también de su libro anterior, el imperdible El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes.

Las novelas de Tatiana Tibuleac fueron editadas en español por Impedimenta. La autora habló sobre su trabajo en esta entrevista con elDiarioAR.

¡Hasta la próxima!

AL

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