Días de amor y duelo, la fuga del Chino Darín

Una escena de Heartstopper, una comedia romántica adorable que acaba de estrenar Netflix.

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Algunas imágenes que machacan desordenadas por estas horas. Sin ton ni son, voy con la primera. La industria del meme, o el auténtico círculo virtuoso de los días: hace unas semanas, durante una entrega de premios a la industria cinematográfica, al Chino Darín le preguntaron por su novia, la actriz Úrsula Corberó, y salió con una frase de la que tironearon varios (para reírse, para suspirar, para pensar, para que los memes se multipliquen en loop): “Si la defino, la limito”

Lejos de las reacciones serias (no faltaron quienes tomaron la declaración como una ofensa o quienes pusieron al actor como ejemplo de un nuevo tipo de masculinidad: ni idea), preferí darme una panzada con las bromas que surgieron (desde alusiones futboleras hasta chistes sobre la economía, las relaciones humanas y hasta cálculos matemáticos sobre funciones y límites: gracias por tanto, internet). 

Pero una vez pasado el empacho de la risa, volví a la pregunta y me quedé en el movimiento del actor. Una salida elegante para una escena que no puede más que quedar en suspenso: le piden una versión troquelada de su novia, como si fuera posible extrapolarla, aislarla de todo, de él o del vínculo que tienen.

Entonces elige una fuga entre palabras. Tal vez porque vislumbra que el amor no es más que el gesto mismo de ahuecar los dedos para que el agua irrefrenable no se escape de las manos. Una empresa destinada más a intentar que a contener. El amor, un ejercicio, canta Fito Páez y nos regala una intuición: percibir que no es posible el recorte, una verdad completa, la imagen unívoca de la persona amada.

En Fragmentos de un discurso amoroso Roland Barthes habla de lo incognoscible justamente para referirse a “los esfuerzos del sujeto amoroso por comprender y definir al ser amado ‘en sí’ (...) independientemente de los datos particulares de la relación amorosa”. Y habla de una contradicción: la de un enamorado que cree conocer mejor que nadie al otro y la evidencia  de que el otro “es irreductible”. “¿De dónde viene, ¿Quién es? Me agoto; no lo sabré jamás”, apunta.

Debe ser de los libros que más subrayé en mi vida. Lo tipearía todo, pero podría tener problemas, incluso podrían echarme. Así que les dejo apenas algo más que marqué hace algunos años en esa entrada de los fragmentos sobre lo incognoscible.

“No me queda, entonces, más que trastocar mi ignorancia en verdad. No es cierto que cuanto más se ama mejor se comprende; lo que la acción amorosa obtiene de mí es solamente esta sabiduría: que el otro no es para conocerlo; su opacidad no es en absoluto la pantalla de un secreto sino más bien una especie de evidencia, en la cual se anula el juego de la apariencia y del ser. Me sobreviene entonces esta exaltación de amar a fondo a alguien desconocido, y que lo seguirá siendo siempre: movimiento místico: accedo al conocimiento del no conocimiento”

Voy con la segunda de las insistencias. Se trata de una escena de Estas piedras, una novela preciosa de la escritora argentina Yamila Bêgné que acaba de salir por Omnívora Editora (abajo les cuento más, ¡no se vayan!).  

Esperar. Ese también es el trabajo de la suma. De los minutos. Es lo que hago mientras me desnudo, mientras me ducho, mientras me seco y me vuelvo a vestir, a calzar las zapatillas. Todo eso hago, pero en realidad espero la suma. O a que pare de llover.

Aunque no lo dice de esa manera y no usa ese término, la narradora atraviesa un duelo. Contado en fracciones (“acaso el duelo sea el destiempo por excelencia”, escribió Alexandra Kohan por acá) no sabemos cuánto tiempo pasó, pero sí que hay una hermana menor que recuerda a una hermana mayor muerta. O más que recordar, trata de rearmar, hace fuerza para retener sus pedacitos, para entender quién fue, por qué hizo las cosas que hizo. Y enumera. Las esquirlas y las cuentas, todo es número para Dina: las horas y los días que pasan desde esa muerte, las fotos de un viaje compartido, las vivencias en el departamento familiar, una colección de piedras que la hermana mayor atesoraba con cuidado y dedicación y que la narradora decidió conservar. 

Como decíamos antes, acá también aparece otra fuga entre palabras: mientras que no puede nombrar –la narradora hace un repaso exhaustivo de la vida de su hermana a través de sus cosas, pero no puede decir cómo se llama–, Dina hace memoria. Como antes, otra vez: el duelo también es el gesto mismo de ahuecar los dedos para que el agua irrefrenable no se escape de las manos. Otra empresa destinada más a intentar que a contener.

Apenas queda la tentativa, entonces, el trabajo de la suma, la espera que es siempre una cuenta de lo que falta, el recuerdo que se estira como una sombra, como una sucesión infinita.

Los dejo con una nueva edición de Mil lianas que tiene algo de todo esto. O mejor no: si la defino, quizás se vuelva meme.

¡Pasen!

1. Heartstopper. En la reseña que hicieron de esta serie en el diario británico The Guardian (recuerden que por acá pueden leer algunos de sus artículos destacados traducidos al castellano) dicen que tal vez sea “el programa de televisión más adorable”. ¿Del mundo? ¿De todos los tiempos? ¿De todo lo disponible en plataformas? La respuesta importa poco, la verdad es que Heartstopper es, en efecto, una producción británica entrañable con una historia luminosa.

Basada en una novela gráfica, la serie sigue los pasos de Charlie un adolescente de 14 años que fue víctima de bullying en su escuela cuando contó que era gay, y de Nick, otro estudiante un año mayor que se destaca en el equipo de rugby.

Primero se conocen –van a dos cursos diferentes y pertenecen a grupos distintos: Charlie se junta con los nerds, Nick con los populares –, se empiezan a acercar y de inmediato se sienten atraídos por el otro. Con un montón de peripecias, porque no faltan las preguntas sobre la identidad, la homofobia entre los compañeros de clase, las dudas sobre el amor del otro y la angustia propia de un enamoramiento que es como un rayo, Heartstopper aborda la historia de un primer amor con inteligencia y también con gran sensibilidad.

En el medio, hay enredos, grandes actuaciones de los protagonistas, imágenes coloridas con efectos similares a los de la historieta que inspiró la tira, escenas de chicos que corren entre canciones pop (uno más para la lista de amor y trotes que comentábamos acá, cuando hablamos de Licorice Pizza y de Paul Thomas Anderson) o que deambulan bajo la lluvia porque no pueden contener lo que sienten (un sí rotundo a cualquier escena con enamorados que se mueven estoicos mientras el cielo se cae: el amor también es empaparse en la vereda de la casa del que te gusta).

Apunte final: aunque con un rol pequeño, en Heartstopper aparece Olivia Colman, favorita de este rincón virtual. Se suma entonces a nuestra lista de series y películas en las que participa la actriz británica y que se pueden ver por streaming.

Los ocho capítulos de la serie británica Heartstopper están disponibles en Netflix.

2. Estas piedras, de Yamila Bêgné. “¿Cómo narrar un duelo? ¿Cómo descomponerlo en todos sus rostros, sus esquirlas? ¿Cómo atraparlo, revelarlo, volverlo palpable?”, se pregunta la escritora Mariana Travacio en la contratapa de este libro. Esa búsqueda es la que intenta, con una prosa límpida, Dina, la narradora de Estas piedras (Omnívora Editora, 2022), la última novela de la escritora argentina Yamila Bêgné. Y lo hace con un texto dividido en tres: una sucesión de fragmentos en tres tiempos, en los que les habla a su madre, a su pareja y a su hermana muerta. Con un poder de observación impactante, la autora se mete ahí, en lo inaprensible de un dolor íntimo, mientras intenta descifrarlo en la materialidad de las piedras que seleccionaba, registraba y coleccionaba su hermana.

Como si quisiera ir a contramano del cartel de “Cerrado por duelo” que suele leerse en los locales o instituciones cuando alguien muere, Estas piedras no hace más que abrir. Incluso ante lo incomprensible, incluso ahí donde pareciera que no alcanzan las palabras, gracias a sus imágenes poderosas aparecen la narración y también lo poético con sus destellos.

Yamila Bêgné nació en 1983, en Buenos Aires. Es licenciada en Letras y magíster en Escritura Creativa. Es autora, entre otros, de los libros de relatos Prototocolos naturales (Metalúcida) y Los límites del control (Alto Pogo) y de las novelas Cuplá (Omnívora) y La máquina de febrero (Leteo).

Una apostilla: Mientras leía encantada el libro recordé algo que tuiteó la talentosísima comediante argentina Charo López este verano, a propósito de la muerte de su hermana: “Me di cuenta que cuando se muere un hermanx es como si se apagaran las cámaras de seguridad del pasado, no? Ya no tenés a ese testigo de todo lo que pasó en la infancia. Te acordás? Qué pasó? Vos estabas?”. 

En la diversidad de duelos –cada uno es un sismo y es un mundo–, me quedé con la imagen de esa pérdida tan particular, que deja a la persona en duelo como el custodio solitario de una memoria que antes de la muerte era compartida. Como una especie de guardián de un museo familiar.

La novela Estas piedras, de Yamila Bêgné, acaba de salir por Omnívora Editora. Más información, por acá.

3. Animalia, de Julio Cortázar con ilustraciones de Isol. Hay cocodrilos que irrumpen en fotos antiguas, conejos hechos de papeles arrugados, canillas de baño que se convierten en la cara de un oso, camellos que se meten adentro de juguetes. Solo se necesita mirar con atención. Con una atención plástica, con una intención lúdica. Cuando le propusieron ilustrar cuentos de Julio Cortázar, la artista visual argentina Isol primero dudó: le gustaba el reto, pero no sabía si iba a conseguir plasmar en imágenes todo lo que ella recordaba de esos relatos, llenos de bestias a veces muy concretas y a veces imperceptibles. Pero se puso manos a la obra y, durante el confinamiento más estricto en los días en los que la pandemia paralizaba al mundo, releyó primero y luego buscó, con distintas técnicas, acompañar los veintiún relatos que hoy componen la versión ilustrada de Animalia (Alfaguara, 2022), un conjunto de cuentos con una fauna particular recopilados por Aurora Bernárdez, la albacea literaria del escritor argentino.

Se trata de cuentos bastante célebres de Cortázar (de Axolotl, a Carta a una señorita en París, pasando por Bestiario) que vienen con una ilustración que abre y otra que cierra cada texto. “Pude percibir que Cortázar en muchos de sus cuentos muestra una fachada, algo detrás de la realidad, o mejor dicho cosas que pueden estar escondidas en esa misma realidad. Bueno, de alguna manera eso es el cuento fantástico. Y esto se aplica a todo: a las personas, a nuestra visión del mundo. Siempre hay algo. Entonces en este libro pensé en jugar con algunos objetos que son reales, pero medio extrañados dentro de su espacio. Me gustaba esa cosa de que vos podés percibir algo, pero no está o en todo caso no sabés si está”, me dijo Isol en esta entrevista en la que habló sobre el proceso creativo de Animalia y sobre su trabajo en general. El resultado es un libro precioso, que invita a releer, a buscar nuevas claves ahí donde todo parece imperceptible.

Animalia, de Julio Cortázar con ilustraciones de Isol, fue editado por Alfaguara. Por acá, una entrevista con la ilustradora.

4. Banda sonora. Ya saben que la versión sonora de Mil lianas se escucha por acá. Leí en estos días que salió un tema nuevo de Death Cab For Cutie y que en septiembre lanzan un disco. Se llama Roman Candles y no sé si me gustó tanto la primera vez que lo escuché, pero como soy fan intensa de la banda voy a reincidir y darle otra oportunidad.

Death Cab For Cutie es uno de los proyectos musicales de Ben Gibbard (insertemos suspiros por acá), el hombre que además de integrar ese grupo indie hermoso, lleno de temas increíbles, mantiene una carrera solista y estuvo detrás de The Postal Service (ponemos el disco Give Up de fondo y más suspiros por acá). Dejé al final de la lista el tema nuevo y también una selección de canciones de discos anteriores que me encantan.

¡Hasta la próxima!

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