Las muestras traídas del asteroide Ryugu muestran que los 'ladrillos de la vida' estaban por todo el Sistema Solar
Un equipo de investigadores japoneses detectó el conjunto completo de nucleobases que conforman el ADN y el ARN —adenina, guanina, citosina, timina y uracilo— en las dos muestras traídas del asteroide Ryugu por la sonda espacial Hayabusa2 a la Tierra en 2020. Este hallazgo, publicado en la revista Nature Astronomy, ofrece nuevas perspectivas sobre la química del sistema solar primitivo y apunta a la “presencia generalizada” de estos componentes básicos de la vida.
Las nucleobases son los pilares fundamentales de la información genética y resultan esenciales para sostener la vida en la Tierra. Los análisis previos realizados en el propio asteroide Ryugu habían logrado confirmar la presencia de uracilo, mientras que en otros meteoritos y en el asteroide cercano Bennu se había observado una mayor diversidad de estas moléculas. Ahora, el nuevo análisis liderado por el investigador Toshiki Koga consiguió identificar las cinco nucleobases canónicas de forma simultánea en ambas muestras de Ryugu.
Los autores compararon estos datos con los obtenidos de los meteoritos Murchison y Orgueil, así como del asteroide Bennu y observaron diferencias significativas en sus proporciones: mientras que Ryugu presenta cantidades comparables de nucleobases púricas (adenina y guanina) y pirimídicas (citosina, timina y uracilo), el meteorito Murchison es más rico en purinas, y los cuerpos Bennu y Orgueil destacan por su mayor abundancia de pirimidinas. Estas variaciones reflejan directamente las distintas historias evolutivas, químicas y ambientales de sus respectivos cuerpos de origen.
A pesar de sus diferencias de composición, la presencia de estas cinco nucleobases en distintos asteroides y meteoritos demuestra que estos compuestos están ampliamente distribuidos. “La detección de diversas bases nucleicas en materiales de asteroides y meteoritos demuestra su presencia generalizada en todo el Sistema Solar y refuerza la hipótesis de que los asteroides carbonáceos contribuyeron al inventario químico prebiótico de la Tierra primitiva”, escriben.
Precaución con las conclusiones
A pesar del resultado, los expertos independientes piden cautela frente a interpretaciones exageradas. “Estos resultados no dicen que el origen de la vida tenga lugar en el espacio, ni que fuera por panspermia, ni que era necesario que los materiales para que tuviera lugar el origen de la vida vinieran del espacio”, advierte César Menor Salvan, astrobiólogo y profesor de Bioquímica en la Universidad de Alcalá, en declaraciones al SMC. A su juicio, los resultados no son sorprendentes ni novedosos, y ahí precisamente radica su interés. Son resultados consistentes con todo lo que sabíamos y se había visto anteriormente.
Carlos Briones, químico e investigador del Centro de Astrobiología (CAB-INTA-CSIC), cree que el artículo muestra que, tal como se publicó previamente con respecto al asteroide Bennu, los componentes esenciales de los ácidos nucleicos pueden formarse en diversos entornos extraterrestres, mediante reacciones que podrían haberse producido durante el origen del Sistema Solar.
“Así, durante la etapa de la química prebiótica que precedió a la aparición de la vida en nuestro planeta, las bases nucleotídicas y otros ladrillos pudieron llegar hasta nuestro planeta en el interior de meteoritos de tipo condrita carbonácea, y mezclarse con los que se estaban sintetizando en diferentes entornos de la Tierra”, asegura. “De esta forma, esos compuestos extraterrestres habrían aportado sabores exóticos a la sopa primitiva que aquí se estaba cocinando: un proceso que, en torno a 300 millones de años después, daría lugar a las primeras células capaces de reproducirse y evolucionar”.
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