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Tendencias

Vuelta a lo analógico: por qué crecen los “dumbphones” y la nostalgia noventosa en plena era digital

El walkman es uno de los dispositivos de los 90 que vuelve

Lucía Sanguinetti

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En medio de la hiperconectividad y el consumo permanente de pantallas, resurgen tecnologías que parecían obsoletas: celulares “tontos”, teléfonos de línea, cámaras analógicas y música en formato físico. Más que una moda retro, el fenómeno expresa un cambio cultural -especialmente entre jóvenes- que buscan desacelerar, recuperar experiencias tangibles y resistir la lógica de los algoritmos que organizan y saturan la vida cotidiana.

Volvieron los celulares que no son inteligentes: se usan solo para llamadas o mensajes. Son los “dumbphones” y aparecen como una forma de evitar el uso constante de pantallas y limitar el tiempo frente al teléfono. También reaparecieron los teléfonos de línea entre adolescentes y, en Japón, hace unos meses presentaron una reedición de los walkman, ahora con bluetooth y USB.

Los teléfonos sin Internet vuelven a ser furor

Una investigación de una empresa británica reveló que el 59% de las personas de entre 18 y 24 años consume música en formatos físicos. Puede ser una manera de salir del consumo pasivo, el deseo de tener algo concreto de su artista favorito o, simplemente, la experiencia de sostener un soporte, mirar su diseño y prestar atención plena, algo cada vez menos común. Eligen qué escuchar, cuándo y cómo, en lugar de dejar que un algoritmo lo decida.

Las cámaras analógicas también volvieron, con el error y la falta de segundas oportunidades al disparar. Es, en parte, una respuesta de la generación Z a una cultura obsesionada con los filtros y la perfección. La imagen deja de ser editable y pasa a ser un resultado que puede fallar y que, justamente por eso, se vuelve más significativo.

Las cámaras que no permitían errores

El regreso de los teléfonos fijos también aparece como una estrategia entre padres que buscan proteger a sus hijos de los smartphones. Incluso hay startups que promueven el uso de esta tecnología para fomentar una comunicación más sana en la infancia.

“Hartazgo de la hiperconectividad”

Consultada sobre el tema, la periodista especializada en cultura digital Irina Sternik señaló: “Hay un hartazgo de la hiperconectividad, de la exposición en redes y de esta forma efímera de consumir cultura. Estos dispositivos permiten hacer una sola cosa: un teléfono bobo, un reproductor de música, una cámara. Esa mezcla de nostalgia, simplicidad y presencia explica parte del fenómeno. En la era de la IA, lo auténtico y lo analógico cobran más valor”.

Los noventa no fueron solo neón y promesa de futuro. También fueron una década contradictoria: consumo, apertura al mundo y sensación de progreso, pero al mismo tiempo privatizaciones y cambios profundos en la vida social. Una época que dejó marcas materiales y simbólicas que hoy vuelven a circular. En Escenas de la vida posmoderna, Beatriz Sarlo describe esa ambigüedad: una cultura atravesada por el shopping, el zapping, los videojuegos y las pantallas, junto con una transformación del tejido social. El shopping como templo, los videojuegos como posibilidad de ganarle al infinito y el zapping como borramiento de uno mismo, algo que hoy podría pensarse como el scroll.

¿Volverán los videoclubes?

El sociólogo y periodista Hernán Vanoli explica que la nostalgia tiene varias capas: “Creo que la nostalgia por los noventa puede tener significados diferentes según los grupos que la comparten. Para quienes la vivieron en una edad madura, puede representar una época de estabilidad, consumo e integración al mundo, más allá de que sus consecuencias hayan sido dolorosas para gran parte de la sociedad. Esta añoranza de certezas también puede aparecer en una generación más joven, que recuerda un clima cultural más cercano, más ligado a las relaciones cara a cara y a cierto optimismo. En los más jóvenes, que no la experimentaron, la atracción puede ser más estética que experiencial, vinculada a un momento en el que existían avances y expectativas, pero en el que la digitalización aún no había alcanzado el nivel actual”.

Espacios que permiten viajar en el tiempo

Hay negocios de esa década que siguen resistiendo. Feelings es uno de los pocos -quizás el último- videoclub que sigue existiendo. Lo atiende Enrique desde hace más de 30 años. ¿Qué viene a buscar la gente? Los clásicos, lo que ya no se consigue en las plataformas. También, dice, hay quienes llegan por curiosidad, por primera vez, para ver cómo funcionaba ese sistema. Hoy el videoclub tiene cien socios. Afirma que cada mes le va mejor que el anterior, aunque no sabe hasta cuándo seguirá abierto. “Mañana no sé si voy a estar”, dice con una sonrisa resignada.

Esa búsqueda de lo físico también aparece en experiencias. En la ciudad de Buenos Aires empezaron a abrir locales que recrean espacios de los años noventa: salas con arcade, bares con torneos de tetris y lugares que imitan casas de la época del uno a uno, como Arcade Club Social en Villa Crespo, Destello Bar en Palermo y Retroclub en Colegiales, entre otros. Son espacios donde el consumo no pasa tanto por comprar como por permanecer, interactuar y compartir: algo que parecía haber quedado obsoleto, como sentarse con amigos a jugar.

Jugar como en los 90 es posible en Buenos Aires

Fui a Retroclub a meterme en su cápsula del tiempo. Es una sala ambientada como una vivienda de los noventa, con un cuarto con PC, objetos de adolescente, un living con sofá y un pequeño cyber. Se pueden ver películas en VHS, usar una computadora con MSN o mirar MTV. Todo está dispuesto para replicar una experiencia que, para algunos, es recuerdo y, para otros, descubrimiento.

Le pregunto a David, el dueño, qué viene a buscar la gente: “El tiempo lento, sin notificaciones, el estar. Algunos vienen a mostrarles a sus hijos cómo era el mundo antes, otros a revivirlo. Hay algo en el hacer de esa época: sentarse en la computadora, elegir un disco. Se perdieron esas acciones. El hecho de enfocarse en algo, de esperar, de poner un CD, de atender un teléfono”. Dentro de la sala, me senté frente a una PC. Sonó un teléfono de línea y, de fondo, Kurt Cobain cantaba “Smells Like Teen Spirit”: estar ahí era como volver a casa.

Tal vez una de las razones por las que las nuevas generaciones -o quienes vivieron esa época- la extrañan es la sensación de libertad: sin notificaciones constantes, sin la exigencia de responder todo el tiempo, sin esa demanda permanente de atención. Porque, como dice la frase, cuando no te venden un producto es porque el producto sos vos. Es decir, nuestro tiempo. En ese sentido, la nostalgia por los 90 también puede leerse como una forma de resistencia.

LS/CRM

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