Sobre este blog

Pez Banana es un club del libro que funciona así: por una suscripción mensual, recibís en tu casa un libro. La selección la hacen Florencia Ure y Santiago Llach.

Los libros son siempre de ficción y la cuota es equivalente al precio promedio de cualquier título que puedas encontrar en las librerías. 

También son nuevos, nunca te va a tocar uno que ya tengas. 

En sus redes entrevistan a autores, editores, traductores o charlan entre ellos sobre literatura. 

Para llegar al elegido del mes, leen (casi) todo lo que se publicará, así que aprovechan y escriben un newsletter con recomendaciones. El newsletter es buen espacio para hablar de libros favoritos que pelearon la final, de otros más de nicho que no imaginaron como “libro del mes” pero que por igual les gusta, presentar editoriales no tan conocidas, rescatar algún clásico que se haya publicado con nueva traducción. En fin, contar un poco el panorama editorial según sus miradas. 

Sobre el último hombre perfecto, Proust y unos peces rojos, cinco libros de ficción para los días de junio

El remitente misterioso, de Marcel Proust publicado en la Argentina por Lumen

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El libro del mes de Pez Banana es Historia de un chico de Edmund White (Blatt & Ríos). Librazo. Sean o no socios del club no se lo pueden perder. No sabemos qué nos pasa pero estamos leyendo cada vez más. No nos jactamos de ello ni mucho menos, más bien sentimos que es una enfermedad o lo que nos mantiene medianamente cuerdos. Este es el dialoguito que tuvimos sobre lo que leímos este mes:

 

El último hombre perfecto, de Manuela Martínez (PR / Ediciones B)

Santi: Es el hermoso libro debut de la autora, una actriz y escritora de 26 años. Cuenta la historia de una chica en la Buenos Aires actual que se decepciona violentamente con un hombre, la pareja de la madre, que era no sólo un padre perfecto, reemplazante de un padre frío y distante, sino también su maestro en el camino del arte y la escritura.

 

Flor: Las historias de madrastras y padrastros siguen funcionando como hace siglos.

 

Santiago: Así es. El relato de la pérdida de la inocencia nunca pasa de moda. Crecer duele; crecer es desidealizar al mundo adulto y --perdón la tilinguería anglo-- come to terms con la propia condición de mujer u hombre. Las narraciones de aprendizaje son narraciones de duelo. La gracia del libro es que la narradora conserva cierto tono inocente mientras entra en terrenos oscuros, casi de tragedia griega. Como dice Marina Mariasch en la contratapa, la protagonista “es una Lolita entregada a la educación afectiva y estética de un Humbert con otros desvíos de la decepción”.

 

Flor: Yo también lo leí. Manuela escribe con una frescura que me alegró hasta en las partes dolorosas. Y a pesar de que se supone que el libro pasa por la relación figura paterna-hija, me atrajo mucho más el vínculo con la madre. Como si la narradora oficiara de médium entre su madre y sus ex parejas. La simbiosis entre ellas de repente las hace una. Hubo momentos en los que sentí que los personajes de ambas podían intercambiarse y la historia seguir igual.

 

Santiago: Total. La narradora maneja una ambigüedad de rol. Quizás sólo está fingiendo inocencia y no nos lo termina de decir. El libro está armado en fragmentos muy visuales en los que ella traduce los cuadros que pinta el padrastro. Esa recomposición dolorida en los que describe cuadros o películas me encantó.

 

Flor: ¡Y los títulos de los capítulos!

Los últimos hijos, Antonio Ramos Revillas (Almadía)

 

Flor: Hace algunos años vi en el Bafici The kindergarden teacher, del israelí Nadav lapid. Me encantó e intenté seguir la carrera del director hasta que me topé con Synonymes (estrenada en cines comerciales, así que quizás muchos de ustedes la vieron) pero me pareció malísima e hice un clásico de cuando vos y yo vamos al cine...

 

Santi: ¿Levantarnos e irnos por la mitad?

 

Flor: Exacto. Vuelvo a la primera película. Era acerca de una maestra de jardín de infantes que decidía apropiarse de uno de sus alumnitos. El tema es que el tipo lograba plantarte algo ínfimo, contradictorio y misterioso que hiciera que empatizaras con la raptora.

 

Santi: ¿Qué tipo?

 

Flor: El director. En esta novela pasa un poco lo mismo. Está todo mal, pero un poco bancás a los dementes que huyen por México con un bebé. No es bancar sino entender que los vericuetos mentales a veces te mandan al carajo.

No voy a explayarme sobre mi vida pero quiero decir que sí conocí los abismos de la locura: fue embarazada, pariendo o criando. Extiendo esto a todos las madres y padres que conozco. La gente romantiza, olvida y niega, pero, posta: los disparates más grandes que escuché y vi tienen que ver con la maternidad y paternidad.

En el libro hay escenas hermosas como la de un caballo herido galopando al atardecer. En mi suena mal, pero Ramos Revillas lo escribe divino. Luego tiene un comienzo distópico (odio la palabra pero no encuentro sinónimo que cuaje) y un final medio policial que para mi son más flojos. 

En fin, un autor que descubro publicado en una editorial mexicana que gracias a Big Sur se distribuye ahora en nuestro país (existía pero era muy complicado encontrar sus libros). Así que festejo autor y editorial.

Un libro cuyo título y autor Santiago prefiere omitir

 

Santiago: Yo iba a comentar el libro de una autora cuyo libro anterior me encantó, pero leí el nuevo y no me gustó nada. ¡Qué dilema el de publicar opiniones negativas!

 

Flor: ¡Qué sería de nuestra vida sin opiniones negativas! Imaginate el plomazo si nos gustara todo.

 

Santiago: Una vez puse en Twitter que un alumno mío había escrito unos poemas extraordinarios y un crítico literario que se encuentra en la edad provecta me criticó (valga la redundancia en este caso) por festejar demasiado a autores contemporáneos. Quise ponerle el meme del abuelo de los Simpson gritándole a una nube pero --también provecto-- no lo logré.

 

Flor: ¿Y no nos vas a contar cuál es ese libro que no te gustó?

 

Santiago: No, aunque estoy indignado. Sólo una pista: es un libro que en inglés no es un libro, sino sólo un cuento publicado en una revista. Su autora es una mujer joven que publicó una súper opera prima.

 

Flor: ¡Ya lo sé! Y me imaginé que era una trampa ese libro. Desconfíé desde un principio. 

 

     

Agua, Lía Chara (Rosa Iceberg)

 

Flor: Hay un afuera y un adentro del agua, hasta que la autora consigue sumergirnos del todo hasta no necesitar salir más en busca de bocanadas de aire. 

 

Santiago: Te has puesto poética hoy, amiga. Puedes escribir los versos más tristes esta noche.

 

Flor: No me jodas, Santiago, vos querés hacer escribir a todo el mundo. Yo en mi vida escribí ni voy a escribir. Volviendo al libro de Lía Chara: hay algo de ahogo pero atractivo: te besan medusas, las manos se acaracolan, la espuma te arrastra. No todo es un “Octopus garden” (amo esa canción), hay imágenes fuertes que se hacen más angustiantes por la vaguedad con las que las desvanece el agua. 

 

Santiago: En serio te pregunto: ¿es una novela o un poema?

 

Flor: Es una novela que es un poema. No hay mucho para decir salvo dejarse llevar. 

 

Santiago: Leeré. A mí también me encanta “Octopus”. Con esa canción los Escarabajos inventaron el heavy metal, ¿sabías? Y ya que estamos con el rock, feliz cumpleaños a Charlie Watts, baterista de los Stones, que cumplió 80.

   

 

El remitente misterioso y otros relatos inéditos, Marcel Proust (PR / Lumen)

 

Santiago: Te la digo así de fácil: Borges el Breve y Proust el Extenso son los dos mejores escritores del siglo XX. Que salga material de nuevo de Proust, nunca antes traducido, es una noticia inmensa. No importa que sea un libro medio ladri, que de las 200 páginas del libro sólo cincuenta sean de Proust, ni que no sean tanto relatos como fragmentos narrativos. Querría una edición en tapa dura. Proust para mí es sinónimo del placer de la lectura. Flotar por sus frases enmarañadas es como viajar en globo aerostático. Esto último lo hice en el desierto de Atacama y me parecen experiencias comparables.

 

Flor: Lo tradujo Alan, ¿no? 

Santiago: Sí, Alan Pauls, nuestro Proust, que en el prólogo sostiene que el joven Proust decidió no publicar estos relatos porque en ellos está explícita la cuestión homosexual, un tema que ronda En busca del tiempo perdido pero que recién se explicita en el cuarto volumen, Sodoma y Gomorra, que Proust no publicó en vida.

 

Flor: Justo el tomo que acabamos de empezar en la maratón Proust que organizaste este año. Empieza con un capítulo que se llama Primera aparición de los hombres mujeres.

Santiago: Te cito algo que dice Pauls que me encanta: “Si hemos leído En busca del tiempo perdido, siempre seguimos leyéndolo. Podemos parar, leer otras cosas, no leer nada en absoluto, olvidarnos incluso de que Proust existe. Seguimos leyéndolo de todos modos. O mejor dicho: Proust y su libro diabólico siguen leyéndonos siempre, ellos a nosotros.” Yo llevé un tomo de Proust a mi luna de miel y otro al hospital el día del parto de León (que el lunes cumple 21, ¡Dios mío!). Siempre sigo leyendo a Proust

 

El matrimonio de los peces rojos, Guadalupe Nette (Páginas de espuma)

 

Flor: Cuando salió publicado este libro era inconseguible en Argentina. Hice unas triangulaciones sofisticadas y me hice de un ejemplar que me salió carísimo y complicado de importar. Enterarme que este mes lo editan acá es una gran noticia. Así que lo releí porque amo a Nettel y estos cuentos son geniales. Tienen a diferentes animales como coprotagonistas y la autora logra establecer una correspondencia entre estos animales y los seres humanos. Ojota, que los animales son: cucarachas, hongos, una serpiente y peces violentos. Digo, no es el lugar común de la identificación con lo instintivo. Es un enlace brutal, sofisticado. Y engancho con lo que venía diciendo sobre la maternidad y paternidad. La mirada de Nettel sobre este tema es siempre desde otro lugar y siempre interesante. 

 

Santiago: Bueno, iba a comentar un par de libros no tan novedades que leí pero los dejo para la próxima.

Flor: ¡Nos vemos amigos!

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Pez Banana es un club del libro que funciona así: por una suscripción mensual, recibís en tu casa un libro. La selección la hacen Florencia Ure y Santiago Llach.

Los libros son siempre de ficción y la cuota es equivalente al precio promedio de cualquier título que puedas encontrar en las librerías. 

También son nuevos, nunca te va a tocar uno que ya tengas. 

En sus redes entrevistan a autores, editores, traductores o charlan entre ellos sobre literatura. 

Para llegar al elegido del mes, leen (casi) todo lo que se publicará, así que aprovechan y escriben un newsletter con recomendaciones. El newsletter es buen espacio para hablar de libros favoritos que pelearon la final, de otros más de nicho que no imaginaron como “libro del mes” pero que por igual les gusta, presentar editoriales no tan conocidas, rescatar algún clásico que se haya publicado con nueva traducción. En fin, contar un poco el panorama editorial según sus miradas. 

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