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El newsletter semanal de música en vivo de elDiarioAR.

El pulso es la unidad mínima para medir el tiempo en la música. Y tomar el pulso es el modo que tenemos los humanos de verificar que estamos vivos. Este espacio tiene que ver con la música y con un modo muy particular de estar vivos. Acá van a encontrar las coordenadas para llegar a los mejores conciertos de la ciudad y alrededores y también nos daremos el tiempo para pensar ese ritual tan longevo y a la vez tan vigente de ver música en vivo.

¿De qué hablamos cuando hablamos de música en vivo? De lo que pasa arriba y abajo del escenario. De lo que pasa con el cuerpo y con la mente cuando estamos en un recital. De las ganas que tenemos de encontrarnos en conciertos y de esos shows que marcaron nuestra vida y nunca vamos a olvidar.

Autor: Hernán Siseles

Mateo Sujatovich

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Durante la época dorada del rock en Argentina (los años 80 y 90), llegar a Obras era la meta para cualquier proyecto musical en ascenso. Después de hacer todo el circuito de bares y boliches de la capital y el conurbano, aparecía el Estadio Obras como el gran espacio a conquistar, como la prueba de fuego que podía marcar un quiebre en la carrera de un artista. A partir de Obras, estabas jugando en primera. Ya el verbo “llegar” encierra una idea de consagración, de gesta, que incluso puede volverse peligrosa de cara al futuro: ¿Cuál es la nueva meta una vez que llegás? ¿Qué es lo que viene después de llegar?

Desde aquellos años hasta hoy, el mapa musical de la ciudad ha cambiado bastante. Obras perdió centralidad, el Luna Park supo mantenerse como un punto clave para conciertos de todos los géneros y algunos nuevos espacios como el estadio Movistar Arena se fueron configurando como el nuevo lugar adonde llegar para muchos grupos y solistas de rock. Allí precisamente va a llegar este sábado a Conociendo Rusia, el proyecto musical de Mateo Sujatovich. En este nuevo y moderno estadio -pegado al de Atlanta, el club del que es hincha- este músico de 31 años dará un nuevo gran paso en su carrera.

El camino hasta acá fue, dentro de todo, bastante gradual. Para la presentación de su disco anterior, Cabildo y Juramento, Mateo apuntó al Teatro Gran Rex, otro espacio mítico de la ciudad cargado de historia. La pandemia fue postergando sus planes, pero cuando finalmente se levantaron las restricciones, la demanda de entradas para aquel show fue tan grande que se terminaron agotando cuatro funciones. A partir de esa serie de conciertos, Conociendo Rusia se consolidó como la gran esperanza del rock argentino más tradicional. En una época en la que la música urbana se impone masivamente, Mateo Sujatovich -hijo del ex Spinetta Jade, Leo Sujatovich- demuestra que un proyecto de canciones pop rock, con pasajes que remiten a Paéz, a Calamaro o a García todavía puede convocar y conmover.

En los últimos días, a través de su cuenta de Instagram, Mateo fue compartiendo con sus seguidores los ensayos con su banda en el estudio Unísono, propiedad de la familia Cerati. Allí se lo pudo ver muy concentrado, ajustando las tuercas de cada canción para que en Movistar Arena todo salga a la perfección. En un parate de esta serie de ensayos, nos encontramos con Mateo para saber algo más del armado del show que estrena este sábado y ya tiene una nueva función programada para el 16 de diciembre.

¿Cómo se prepara un show como el del sábado? ¿En qué se diferencia de otros conciertos que hiciste en el pasado?

Es la primera vez que me toca hacer un estadio y recibir a tanta gente junta. Es una primera vez y eso ya lo hace diferente. Y ahora además tengo treinta y tres canciones. Yo empecé Conociendo Rusia con un disco de siete temas. El primer show tuvo exactamente siete temas. Fue una presentación de un disco de treinta minutos. Después pasamos a hacer un Niceto inventando un show con un single más, con invitados y tocando canciones de amigos. Cuando saqué Cabildo y Juramento hice los dos discos que tenía por completo. Y ya con La direccion empecé a quitar canciones. En un festival tenés que armar una especie de grandes éxitos. Ahora, para un concierto como el del sábado, quiero dar la patada mas fuerte que tenga. Hay que ver cuánto uno quiere tocar también. ¿Quiero tocar tres horas? ¿Quiero tocar dos horas? ¿Quiero tocar una hora y media? Bueno, eso por ahora no lo voy a decir, pero obviamente tuvimos que decidir. Al tener dos funciones, también puede haber canciones que estén en una función y no en otra. Con el concierto contás una historia, es un relato. No es lo mismo empezar agresivo que empezar suave. Son muchas las decisiones que hay que tomar.

En los ensayos que compartiste en redes, por momentos se te veía tocando pero sin cantar, como si esa parte te la estuvieras guardando o como si necesitaras también escuchar a la banda.

Ensayar sin cantar es algo que está muy bueno. Porque te concentras en los instrumentos. Yo canto y toco la guitarra, con lo cual estoy haciendo dos instrumentos a la vez. Por eso me gusta muchas veces, para pulir lo que estoy tocando, dejar de cantar. Y también es un modo de cuidar un poco la garganta, que tiene una vida útil. Si estás cantando ocho ensayos seguidos antes de un concierto, llegas con la voz cansada y no es la idea.

¿Tenés referentes en el modo de armar un show? ¿De quiénes pudiste aprender sobre ese relato que es el concierto?

A veces lo que uno absorbe es consciente y a veces es inconsciente. Vi mucho a Spinetta, vi mucho a Fito y también vi muchos shows de Drexler, que es un gran orador, que explica muy bien las canciones, sabe de lo que está hablando. Es super inspirador ver cómo cuenta. Y cuando lo viste muchas veces, también notás cómo va cambiando lo que cuenta sobre cada canción. La gracia es ver cómo la va a contar en cada nuevo show.

Además de tus shows a banda completa, también estuviste una gira en la que te presentaste solo con la guitarra. ¿Qué tan cómodo te sentís llevando las canciones a ese formato mínimo?

Es algo medio natural. Las canciones son las canciones y se pueden interpretar de mil maneras. Si el día de mañana me agarran ganas de hacer mi disco con la filarmónica, se puede hacer. Son canciones adaptables. Se pueden hacer con una guitarra o con un power trio. Para mi primera vez en España tampoco tuve mucha opción. Pensé: ¿Puedo ir con la banda? La verdad que no puedo, porque no sé cuánta gente me va a venir a ver y cada pasaje sale un huevo. Lo más factible era ir solo. Y aparte me gusta porque me remite a mi etapa de cantautor. Hay una cosa romántica de ir con la guitarra a cada lugar y cantar mis canciones. La guitarra es un instrumento muy noble.

Hace un par de semanas, por el aniversario del disco Cabildo y Juramento, convocaste a un concierto espontáneo en esa esquina de la ciudad. Ahí no tenías ni micrófono. ¿Qué buscás en esa clase de experiencias?

Para mí fue una gran aventura. Fui en contra de todos los pronósticos, me dijeron que no lo hiciera, que iba a ser un quilombo. Pero bueno, soy un cantante con una guitarra y hay gente que tiene ganas de ir a escuchar. ¿Cuál es el problema? A mí me gusta poder estar cerca de la gente que me escucha. Es un golpe de realidad y es super emocionante para mí. La gente tiene la posibilidad de decirme algo de cerca y yo también de escucharlo.

¿Cuál es tu historia personal con esa esquina?

Yo vivía a diez cuadras de ahí. Es la esquina en la que nos juntábamos con mis amigos a fumar un cigarrillo y sentirnos rebeldes antes de ir al colegio. Ahí estaba todo: desde un helado hasta los discos, los tatuajes, las remeras, las galerías. Cuando sos de Belgrano, Cabildo y Juramento es una esquina importante. Para algunos sos un cheto siendo de Belgrano, pero yo no puedo ir en contra del lugar del que vengo. Al contrario, voy a poner en valor todo lo que soy.

¿Cómo te sentís sosteniendo un proyecto de canciones en una línea de rock argentino bastante tradicional en esta época que está cada vez más dominada por lo que se llama ritmos urbanos?

Siempre hay un poco de todo. Y yo soy ese poco de ese todo. En este momento donde hay un boom sobre otros géneros, yo hago algo que en otro momento fue un boom. Yo soy un chico grande, tengo mis 31 años, no tengo ni 17, ni 18. No soy un pendejo moderno, como sí lo fui en otro momento haciendo rock. Hoy en día sigo haciendo el género que a mí me gusta. Y cuando ya sabes lo que te gusta, es muy difícil que eso pueda cambiar. Yo soy un tipo clásico. Cuando sé lo que me gusta, voy a por eso.

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