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Nico Paz, el futuro ya llegó

Unplugged en Dallas

Nico Paz, el argentino nacido en Tenerife exhibió los zurdos exquisitos de antaño.
28 de junio de 2026 14:53 h

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Un recital unplugged que cada tanto se electrificaba. Así podría definirse el andar de la Argentina en la cálida noche de Dallas, luego del triunfo (3-1) sobre la débil Jordania, que determinó que finalice primera en su zona con puntaje ideal. 

Reservadas las estrellas, el fútbol del campeón del mundo en el primer tiempo pasó por los pies de Nicolás Paz Martínez, un argentino de 21 años nacido en Tenerife que se formó en la cantera del Real Madrid. Sus conducción fue fundamental para que el equipo sometiera a su rival en esa mitad inicial, período en el que se colocaron los cimientos de la victoria. 

Alto y elegante, Paz es puro futuro pero su cuerpo encierra los misterios y los atributos del pasado. Eso es lo que por momentos comunican su juego y su garbo, un eco indisimulable de los zurdos exquisitos de antaño. De pronto, un giro sobre su eje y una salida precipitada se combinaban con un toque de primera buscando una pared. A una recepción de categoría le seguía una conducción con la cabeza levantada, un arranque y enseguida una pausa. Se trata de alguien que parece manejar muchas de las categorías del manual del crack. En esos pies está parte de nuestro futuro. 

Argentina, que ganó la zona con apenas un gol en contra, enfrentará a Cabo Verde el viernes que viene por los diecisavos de final en Miami. 

Giovani Lo Celso, autor del primer gol del 3 a 1 contra Jordania.

Durante todo ese primer tiempo, aún con los 9 cambios en relación al partido anterior, se vio al campeón predicando su liturgia habitual, la del pase, dogma superior que pregona con la fe de los iluminados. Para esa tarea, al nombrado Paz se le sumaron sus socios de sermón: Lo Celso –sobre todo–, Paredes, más las rotaciones constantes de sus laterales y delanteros. 

Sorprendió Scaloni con Exequiel Palacios sobre la derecha, como lateral, y delante de él Giuliano Simeone, el enérgico todoterreno del Atlético de Madrid. La lógica indicaba que hubiesen jugado al revés, pero el técnico parece dispuesto a experimentar, a buscar variantes. Esa célula ofensiva-defensiva insinuó más de lo que finalmente logró. Solo un par de veces el hijo del Cholo consiguió desbordar e inquietar a Abulaila, el destemplado arquero árabe. 

La prédica del pase provocó que, en una de las tantas veces que el campeón merodeó las estribaciones del área, Lo Celso fuera derribado. El mismo volante tomó el tiro libre y convirtió. Fue un golazo, que en parte perdió algo de su espectacularidad por el absurdo movimiento del arquero, desnortado y sin gracia, yendo a abrir el garaje y descuidando la puerta de entrada. 

Para entonces el dominio era abrumador, aunque sin tensión, con un ritmo desenchufado. Un nuevo chute de energía llegó con el penal que le cometieron a Senesi, cuando cabeceó tras un rebote en el travesaño después de un remate de Martínez. El mismo Lautaro lo transformó en gol, exorcizando, al fin, su malditísimo en las redes de los mundiales. 

La narrativa del partido no se modificó en esa primera parte, y era difícil pensar que eso pudiese suceder, habida cuenta de las limitaciones del equipo de Oriente Medio, que aún en desventaja se siguió defendiendo con cinco jugadores, como si estuviese pensando más en no ser humillado que en aspirar a un empate.

Pero en el segundo tiempo el equipo de Scaloni bajó el tono de su melodía, e incluso perdió cierta fineza que había exhibido en sus ejecuciones de la primera parte. Sobrevoló, incluso, la sensación de que el campeón se estaba cuidando y que, asegurado el resultado, no tenía pensado arriesgar. Ya se recortaba sobre el horizonte el duelo por la ronda que viene, a todo o nada. 

Paz dejó de contactarse con la pelota y Jordania ofreció todo lo que tenía para dar: orgullo, físico y algunas asociaciones sensatas. Porque más que un descuido –que lo hubo–, su gol tuvo mérito propio. Tras una buena jugada por la derecha y un centro rasante, Al-Tamari se anticipó a un poco reactivo Paredes y marcó el gol. Hacerle un tanto al campeón no es poca cosa, tal es así que se gritó como si se tratase de una revolución triunfante. 

El gol sacudió al ganador de la ligera modorra que lo había habitado. Llegaron varios cambios, llegaron las figuras. Entre los ingresados, Thiago Almada fue uno de los que intentó devolverle la chispa al equipo. Hasta que otra vez apareció en escena Yazeed Abulaila, el arquero jordano. Incomprensiblemente, volvió a pastorear en su jardín, en el arco. El detalle es que justo le pateaba Messi, un tiro libre que hubiese controlado casi cualquier arquero que juega en este nivel. El no pudo. Messi, que había entrado hacía unos minutos, de ese modo consiguió su sexto gol en lo que va del Mundial. Una cantidad ridícula. Nunca un jugador argentino había hecho tantos goles en una sola ronda.

Tener a Messi en estado de gracia es un capital invaluable. El mundo entero lo ama y por proyección apoya al equipo.

Para entonces Scaloni había transformado la mitad del equipo. Y esos cambios también tuvieron un sesgo experimental, ya que Valentín Barco, el Colo, ingresó a jugar en la misma posición que Simeone, sobre la derecha. Después de unos minutos en los que pareció sentirse extraño y lejos de su hábitat, consiguió participar en el juego e integrarse al circuito de pases. 

La noche fue pasando, sin muchos más matices que algún tiro libre más de Messi o algún enganche de Almada. Así hasta el final. 

Argentina deja el clima desértico de Dallas y viaja al trópico de Miami, esa tierra tan cara al gusto aspiracional argentino. La victoria de ayer redondea la estadística y, como todo triunfo, alimenta el espíritu, un combustible decisivo en la maceración de toda épica. El campeón pasó la primera ronda con convicción. Nunca estuvo en apuros, algo que se podía intuir, por la calidad y el pedigree de los rivales. El porvenir, como el pasado reciente, le sonríe. Lo que viene es Cabo Verde, adversario inédito, impensado rival para esta instancia. Tener a Messi en estado de gracia, aún cuando anoche no estuviese tan fino –nos hemos acostumbrado a su genio–, es un capital invaluable. El mundo entero lo ama y por proyección apoya al equipo. El crédito está abierto. El sueño continúa. 

PP/MG

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