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El lobby

Caputo, entre la escasez de dólares y el polvorín provincial

La falta de divisas dibuja un enorme signo de interrogación sobre el futuro inmediato del programa económico.

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Su primera corrida financiera y cambiaria lo encontró a Javier Milei distraído por incendios que crecen al calor de intrigas palaciegas cada vez más sórdidas. Tras haber eyectado del gabinete a su mejor amigo, Nicolás Posse, el Presidente debió acudir al rescate de su otra favorita, Sandra Pettovello, en cuyo ministerio se desató una verdadera razzia tras el escándalo de la comida retenida en galpones que la Justicia ordenó repartir. Sobre esa crisis se montó el desafío de los “degenerados fiscales”: 160 diputados que votaron devolverles a jubilados y pensionados lo que Luis Caputo les recortó en el verano. Casi casi los que harían falta para un juicio político. 

Es el cóctel explosivo que derritió las acciones y los bonos de la deuda y disparó el riesgo país un 20%, hasta un nivel que dejó a ‘Toto’ desnudo ante las críticas de propios y ajenos. La ausencia de un liderazgo opositor capaz de estructurar una propuesta alternativa ―lo que más ayuda a que Milei sostenga su imagen pública― alcanzaba hasta ahora también para entusiasmar a los inversores. Eso es lo que cambió con los caprichosos vientos de Wall Street, donde empiezan a advertir con preocupación el empantanamiento de la gestión libertaria. 

La escasez de dólares dibuja otro enorme signo de interrogación sobre el futuro inmediato del programa económico. Los exportadores apuestan a una devaluación en el mercado oficial y el Banco Central ―incluso pese a la red que representa el cepo― no tiene espalda para evitarlo indefinidamente. Hasta fin de mayo liquidaron uS$9.046 mil millones, un 4% menos que lo acumulado en el mismo lapso de 2023 (con la mitad de la cosecha perdida por la sequía) y muy por debajo de lo liquidado en 2021 (-32%) y 2022 (-41%), años de campañas parecidas a ésta. Si bien es cierto que los precios internacionales cayeron, esa merma no explica todo. Respecto de 2021, por ejemplo, los pellets de soja bajaron un 11% y el aceite un 20%. 

¿A qué juegan? ¿A que el Gobierno les mejore el ‘blend’ y les permita liquidar una mayor parte de sus divisas en el paralelo financiero, ahora más atractivo con la brecha otra vez en 40%? Si el Central lo aceptara, estaría sacrificando el objetivo de juntar más reservas justo cuando empieza a verse obligado a vender (cuatro veces en dos semanas, en plena cosecha). ¿A que repunten los precios? Las buenas cosechas en otras latitudes sugieren lo contrario. ¿A una devaluación ya mismo del oficial? Santiago Bausili jura que será sobre su cadáver, porque devolvería la inflación al terreno de los dos dígitos. 

Para peor, aunque los productores de esos granos vendieron más en mayo (ya superaron las ventas con “precio fijado” de las dos campañas anteriores a esta altura), los exportadores siguen sin liquidar. Las bajas tasas de interés les facilitan apalancarse en pesos, evitando liquidar stocks para cubrir gastos operativos. Y jefe de la poderosa Cámara Aceitera, Gustavo Idígoras, calentó más el ambiente al advertir que “Argentina es un jubilado de la agricultura” y que los vaivenes regulatorios conducen “al fracaso total de la industria aceitera”.  

El chanchito de yeso que ocupa el quinto piso de Economía, como lo definió ¿elogiosamente? su jefe, conoce perfectamente la gravedad de la situación. Es igual de vertiginosa, aunque mucho más precaria, que la que lo obligó a despedirse de la gestión de Mauricio Macri. Basta comparar la pobreza de entonces (32%) con el 55% que estimó esta semana el Observatorio Social de la UCA, 11 puntos más (6 millones de personas) que la que había en noviembre pasado. A sus excolegas de Wall Street que volvieron a bajarle el pulgar y se lanzaron a vender bonos argentinos se sumaron dos nuevos actores hostiles: el Fondo Monetario, que no le afloja un solo dólar adicional y encima lo corre por izquierda, y China, que reclama el reintegro del ‘swap’ por casi U$S5.000 millones. 

 

Tocar fondo 

Antes que devaluar, el Gobierno parece dispuesto a aceptar un derrumbe mayor de la actividad. Justo cuando parecían tocar fondo los desplomes del primer cuatrimestre de la industria, la construcción y las ventas al público. Las cadenas de supermercados, por ejemplo, ya recibieron los datos preliminares de la consultora Scentia para mayo. Según revelaron fuentes del sector a elDiarioAR, perdieron ventas por un 10% interanual pero se mantuvieron en el mismo nivel de abril en volumen. 

Los economistas que hablan al oído de Milei le sugieren que deje de prometer un pronto levantamiento del cepo. Lo hizo el octogenario Juan Carlos de Pablo, contertulio de los domingos en Olivos. “Los que te piden eso es porque se la quieren llevar toda afuera otra vez”, le dijo después de que el exministro Nicolás Dujovne lo reclamara públicamente desde el mismo set televisivo donde solía tomar whisky antes de conducir el Palacio de Hacienda. Los dólares no están y el truco de patear el pago de importaciones ya se agotó.

El Fondo está lejos de empujar esa liberación de la cuenta capital. No quiere volver a financiar una corrida, como hizo con Dujovne en 2018. Tampoco quiere ser siempre el villano de la película. “Hemos enfatizado la necesidad de aumentar la asistencia social para apoyar a los pobres, asegurando que la carga del ajuste no caiga desproporcionadamente sobre las familias trabajadoras y recomendando a las autoridades que hagan esfuerzos para aumentar la asistencia”, insistió el jueves la vocera Julie Kozack, incondicional de Kristalina Georgieva. Tampoco ayudan en el directorio los desplantes diplomáticos de Milei en su loca carrera como referente mundial de la ultraderecha: una de las sillas que más apoyó al país en las sucesivas negociaciones tanto de macristas como de peronistas fue la de España.

La pelea pública con Pedro Sánchez, de hecho, fue lo que encendió la primera chispa de la corrida. Pero no es algo que Milei planee revisar. Según Federico Finchelstein, historiador de la New School neoyorquina y autor del recientemente publicado Fascistas Wannabe, ese tipo de altisonancias y el desorden en la gestión son rasgos que comparte con otros ‘ultras’ como Donald Trump y Jair Bolsonaro. “Hay algo que pasaba mucho en el gobierno de Trump y repite su mini réplica Milei en Argentina. Funcionarios que se iban al toque y de mala manera. Trump los culpaba, incluso los insultaba, pero era evidente su desinterés por la gestión y para nombrar gente idónea”, tuiteó esta semana. 

 

El viejo topo

 Es lo que reconoció de algún modo el propio Presidente al definirse como un “topo” que se propone “destruir al Estado desde adentro”. Difícilmente haya sido una cita elíptica de Carlos Marx, que en dos ocasiones comparó a la lucha de clases con un viejo topo que circula subterráneo hasta que irrumpe bruscamente en la superficie. Sí resume perfectamente el método de Caputo para llegar al superávit fiscal: enterrar la caja al costo que haga falta y fingir ceguera ante reclamos como el de los comedores populares. 

Lo confirma una disección detallada del Presupuesto Abierto que hizo el Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE). De las 718 partidas que incluyen transferencias para gastos corrientes y de capital a personas, gobiernos, empresas privadas y públicas, cooperativas y otros entes, hay 502 que ejecutaron 0 (cero) pesos en lo que va del año. Son tareas que antes asumía el Estado que se secaron completamente de recursos, como las obras en universidades, las becas para artistas o la asistencia crediticia a Pymes. 

Es lo que ocurrió con 14 de las 15 partidas bajo el capítulo “Transferencias a la Administración Pública Municipal para financiar gastos corrientes”. Una de ellas mantenía funcionando los colectivos, cuyas tarifas debieron duplicar y hasta triplicar los intendentes de las ciudades más pobladas del país fuera del AMBA. 

En la Resistencia del bullrichista chaqueño Leandro Zdero, por ejemplo, el boleto ya subió a $1.000 y la cantidad de pasajeros cayó un 40%. Las maestras empezaron a caminar a la escuela. En los hospitales de esa misma provincia subió un 20% la demanda de turnos por la gente que perdió la prepaga y a la vez su presupuesto se desplomó. Todos reclaman aumento. También la policía. ¿Qué impide que pase ahí lo mismo que en Misiones dos semanas atrás? Por el próximo mes, el anticipo de Ganancias que acaba de cobrar la AFIP. Fue un ingreso por única vez que hizo subir un 27% en términos reales la coparticipación de mayo a las provincias, que la Nación gira durante junio. En julio, esa plata ya no va a llegar. 

No es la única provincia en apuros. También germinan virulentos conflictos con los estatales en la Tucumán del camaleónico Osvaldo Jaldo, la Salta del exmassista Gustavo Sáenz, el Chubut del joven Ignacio Torres y La Rioja, donde Ricardo Quintela ya anunció la emisión de una cuasimoneda. La recaudación propia de las provincias sufre desproporcionadamente la recesión porque se basa en Ingresos Brutos, el más injusto y procíclico de los impuestos. Y quedan las deudas de la era Cambiemos, cuando la mayoría tomó créditos en el exterior. 

Haber suspendido toda la obra pública también tiene sus consecuencias. Hasta ahora lo visible son deterioros de la infraestructura pública como el ahuellamiento de la ruta 14, que esta semana el contratista Hugo Dragonetti (Panedile) recomendó cerrar al tránsito por el riesgo de siniestros que implica. Pero también puede surgir el descontento de los desocupados del sector cuando se terminen los seis meses de seguro de desempleo que garantiza la UOCRA a sus afiliados. Como las obras se frenaron en seco en diciembre, eso está a punto de ocurrir. Cuidado con el topo. 

AB/DTC

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