ARGENTINA

La mitad de los niños, niñas y adolescentes que trabaja comenzó a hacerlo durante la pandemia

El empleo infantil en la Argentina alcanza a 1,2 millones de menores

En la Argentina el 16% de los niños, niñas y adolescentes de entre 13 y 17 años trabaja. De ese total, la mitad comenzó a hacerlo durante la pandemia, contexto en el que se redujeron los ingresos de gran parte de los hogares y aumentó la disponibilidad de tiempo por la desvinculación de muchos menores de la escuela. Además, quienes ya trabajaban desde antes realizan ahora las mismas tareas, pero con mayor intensidad.

El dato surge de un estudio de la oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en la Argentina, elaborado junto a UNICEF y el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación a partir de información relevada en noviembre de 2020.

Según el mismo estudio, 1 de cada 10 adolescentes buscó trabajo durante la pandemia, independientemente de si ya realizaba actividades o no. “Esto revela la necesidad que tienen los hogares de generar un ingreso adicional. Cuando el mercado laboral pierde dinamismo esto repercute en otros miembros del hogar, que de alguna manera funcionan como trabajadores secundarios. Salen para tratar de compensar esa caída de ingresos”, explicó a elDiarioAR Bárbara Perrot, coordinadora del proyecto MAP16 de la OIT en Argentina, enfocado en la visibilización de esta problemática. 

La encuesta dejó al descubierto que, por un lado, la mitad de los niños, niñas y adolescentes que trabajan para el mercado pertenecen a familias cuyos ingresos disminuyeron durante la cuarentena. De hecho, 7 de cada 10 habitan en hogares cuyos miembros perdieron el empleo, vieron reducidas sus horas de trabajo o sus clientes, pedidos o changas fueron suspendidos temporalmente. 

En la Argentina el trabajo está prohibido entre los 5 y 15 años y hay un régimen especial para los adolescentes de 16 y 17 años, que señala que no pueden hacer ciertas tareas o trabajar de noche. Sin embargo, se estima que hay 1,2 millones de menores en esta situación. En la región el dato se eleva a 10,5 millones de niños, niñas y adolescentes y en el mundo ese número alcanza a los 150 millones. 

Según detalló Perrot, hay estimaciones que muestran en la región que el trabajo infantil puede aumentar entre 1% y 3% en este contexto de pandemia. De hecho, a nivel global la problemática venía reduciéndose y la irrupción del coronavirus comprometió la tendencia a la baja, motivo por el que la ONU declaró a 2021 “Año Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil”.

En la Argentina el 70% del trabajo infantil está concentrado en el ámbito rural, donde los menores suelen realizar tareas de cosecha, cría de animales y ordeñe, además de tener responsabilidad en pequeños negocios. En la zona urbana, los empleos de menores se vinculan también a los comercios y ferias, pero aparece adicionalmente el trabajo de transporte de objetos o reparto a domicilios, actividades de construcción, trabajos de jardinería como cortar el césped o actividades de cuidado a adultos mayores. 

Mientras que los varones realizan más tareas para el mercado, las mujeres tienen más incidencia en las tareas domésticas, con la poca visibilidad que eso implica

Perrot detalló que este 16% de menores que trabajan realizan tareas para el mercado, es decir, reciben dinero a cambio. Sin embargo, también hay otras dos formas de trabajo infantil: tareas vinculadas al autoconsumo —cultivo de alimentos o cría de animales, por ejemplo— y trabajo doméstico “intenso”. Según la especialista, las diferencias a nivel de género son evidentes: mientras que los varones realizan más tareas para el mercado, las mujeres tienen más incidencia en las tareas domésticas, con la poca visibilidad que eso implica. 

De acuerdo con la encuesta, el 36% de niñas, niños y adolescentes encuestados realiza tareas de cuidado, atención a niños, niñas o personas mayores con quienes conviven. Por otro lado, el 78% de los niños, niñas y adolescentes consultados realiza tareas de lavado, limpieza o cocina. En ambos casos, 1 de cada 3 no las hacía, o las hacía con una intensidad menor antes de la pandemia. 

¿Cuáles son los factores determinantes, las causas, del empleo infantil? Perrot señaló que el principal es la inserción laboral de los adultos del hogar, por eso se profundiza en momentos en que aumenta la inactividad o se deterioran las condiciones de trabajo. Sin embargo, hay otro grupo de menores que trabaja y vive en hogares que, directamente, no tienen ingresos laborales. “Ahí la vulnerabilidad es evidente porque sin herramientas como la AUH o el IFE no hay un sostén para esos hogares”. Otro dato que se desprende de la encuesta es que un porcentaje importante de hogares se tuvo que endeudar en este contexto, lo que hace más desafiante la recuperación: una cosa es salir de la crisis con menos ingresos y otra acarrear, además, compromisos pendientes. 

Perrot señaló como otro determinante la “tolerancia y la naturalización” del empleo infantil, incluso al interior de las familias en las que sucede. Según narró, en las entrevistas cualitativas registraron el testimonio de chicos que consideraban que eran más tenidos en cuenta por su familia si trabajaban o padres que creían preferible ver a sus hijos trabajando que “tirados con el celular”.

Por otro lado, el trabajo infantil aparece como una contracara de la deserción escolar. Durante la pandemia muchos chicos perdieron su participación en la escuela (40% no tiene dispositivo para conectarse de manera remota y 3 de cada 10 no tienen disponibilidad de conectividad), lo que los hizo volcarse a actividades productivas. “En un estudio cualitativo encontramos a un chico que era el mejor alumno de su clase, pero había dejado la escuela. Decía que iba a retomar, pero estaba tomado por una jornada de 12 horas diarias en la actividad metalúrgica”, contó Perrot. 

El trabajo infantil es, en definitiva, una problemática fuertemente asociada a la pobreza y desigualdad

La especialista explicó que, al ser una contracara de la pérdida de educación, el trabajo infantil deja muchas veces un “efecto cicatriz”. “Marca la trayectoria laboral futura porque destina a esas personas a los puestos de trabajo peor remunerados, que requieren menos calificación”, apuntó.  “Muchas veces es un círculo intergeneracional —los padres transitan estas trayectorias de trabajo infantil e inserciones laborales precarias y sus hijos lo repiten— y muchas otras veces no, porque los padres hacen un esfuerzo enorme para que sus hijos no pasen por lo mismo”. 

Para disminuir la situación del trabajo infantil, Perrot consideró necesario coordinar políticas que apunten a esos determinantes. Por un lado, darle visibilidad al problema y promover el acceso a la educación de los niños, niñas y adolescentes. También profundizar la protección social y dinamizar la inspección laboral.  Pero, sobre todo, mejorar la situación laboral de los adultos de esos hogares. “Avanzar en la transición del trabajo informal al formal —dijo—, porque eso genera mejores ingresos y ayuda a salir de la pobreza. El trabajo infantil es, en definitiva, una problemática fuertemente asociada a la pobreza y desigualdad”.

DT

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