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Economía
Ahorro e inversión

Los plazos fijos se licúan y los dólares paralelos presionan al alza

Imagen oficial del billete de 2.000 pesos.

Alejandro Rebossio

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A Javier Milei le obsesionaba la bola de Letras de Liquidez (Leliq) porque esa deuda del Banco Central con los bancos implicaba el pago de intereses que, según sus cálculos, implicaban 10% del PBI. Por eso, estas letras con una tasa de interés que llegó al 133% fueron canceladas en el primer mes de su gobierno y en su lugar se emitieron pases pasivos con un rendimiento del 100%. El pasivo asciende a $26 billones. Como los bancos invierten en estos títulos el dinero que reciben como plazos fijos de empresas e individuos, al final del día lo que ocurrió es que estos depósitos están licuándose ante la inflación.

“Según las estimaciones del REM (Relevamiento de Expectativas del Mercado) del Banco Central, la inflación para los próximos tres meses viaja en promedio al 20%, mientras que la tasa mensual actual del plazo fijo es de 9,15% por lo que los plazos fijos se licúan a un ritmo de 8% o 9% en términos mensuales”, señala Tobias Sanchez, analista de la sociedad bursátil Cocos Capital.

“Como el resto de las alternativas de inversión se fueron encareciendo ante la escasez de oferta, en este contexto aún desafiante, optamos por tener carteras dolarizadas”, recomienda Sanchez. “Para aquellos que puedan, nos seguimos inclinando por Cedears (certificados de acciones de empresas que cotizan en Wall Street), dado que el entorno sigue presentando desafíos para la Argentina. Para aquellos inversores restringidos por normativas, por ejemplo importadores, sugerimos optar por ON (obligaciones negociables, es decir, deuda de empresas) legislación argentina, tal como la ON emitida por Cresud. Y mantenemos una perspectiva positiva con los bonos soberanos argentinos, por ejemplo AL30 o AE38. No obstante, esta opción es sólo para aquellos que quieran hacer una inversión de mayor riesgo”, finaliza el analista.

Maximiliano Donzelli, jefe de analistas de IOL Invertironline, observa que “después de la reducción de la tasa de política monetaria de 133% a 110%, hubo una demanda en el mercado de instrumentos en pesos para reducir la pérdida de valor de los ahorros y disminuir el spread (diferencial) negativo con las tasas de plazo fijo”. “Ante este panorama complejo, donde tener pesos sin invertir genera pérdidas de poder adquisitivo de gran magnitud, consideramos que posicionarse en activos (títulos de deuda pública que ajustan por) CER (inflación) y dólar linked (tipo de cambio oficial) representan la mejor opción para resguardar valor contra la inflación, considerando activos de renta fija de bajo riesgo”, recomienda Donzelli los bonos CER TX24 y dólar linked T2V4.

“Las tasas de interés negativas están llevando los pesos al dólar”, observa Orlando Ferreres, consultor y exviceministro de Economía del gobierno de Carlos Menem. Así es que el dólar blue subió en estas primeras semanas del año del $1.025 a 1.225; el MEP (Mercado Electrónico de Pagos), de $995 a 1.238 y el contado con liquidación (CCL), de $973 a 1.303. “El dólar (oficial) va a requerir otra corrección para marzo u abril”, concluye Ferreres. Milei, su ministro de Economía, Luis Caputo, y el presidente del Central, Santiago Bausili, arrancaron el gobierno subiéndolo de $366 a 800 y prometiendo que a partir de entonces se elevaría sólo 2% mensual, pero en el mercado se preguntan qué mes dejará de regir esa regla.

En la consultora LCG advierten que el stock de plazos fijos en términos reales (ajustados por inflación) cayó 23,9% en diciembre respecto de noviembre. “La caída es la combinación del aumento estacional de la demanda de dinero, que siempre implica el desarme de colocaciones a plazo en esa época del año, pero también el efecto de una reducción de la tasa de interés y del contexto de fuerte aceleración de la inflación”, analiza la economista jefa de LCG, Melisa Sala.

El diputado Carlos Heller, de Unión por la Patria, observa que “el Gobierno parte de la existencia de un exceso de pesos en el sistema financiero argentino, lo cual resulta difícilmente demostrable, ya que la porción de depósitos totales sobre el PBI es en Argentina muchísimo más bajo que en otras naciones”.

En efecto, los depósitos totales del sector privado no financiero pasaron del 12% sobre el PBI en noviembre al 11,2% en diciembre, según datos del Central. Con ese convencimiento, desde el Gobierno se intenta desincentivar la inversión en depósitos a plazo fijo del sistema financiero, y por ello redujeron la tasa mínima para los depósitos de todo tipo de inversores. El rendimiento de la tasa de plazos fijos se encuentra en el 9,2% mensual, muy por debajo de la inflación de diciembre y de los valores que se esperan para enero y febrero de este año. Estos datos indican que los depósitos no ajustables están perdiendo valor en términos reales. El panorama es el siguiente: el saldo de plazos fijos no ajustables (por inflación) para todo el sistema, referido al sector privado no financiero, aumentó un 11,4% en los primeros 15 días de enero de 2024, comparados con igual período de diciembre de 2023.

Por su parte, los depósitos ajustables (los llamados UVA) crecieron un 58% en el mismo período, aunque aún con tan importante crecimiento, en estos días sólo representan algo menos del 5% de los depósitos totales a plazo fijo del sistema. Pero no se puede dejar de mencionar que los depósitos a la vista crecieron un 47% en el plazo analizado, lo cual habla de un importante dinamismo de los depósitos transaccionales en el sistema financiero“. 

“La reducción de tasas de interés practicadas por esta gestión gubernamental es también una forma de alentar las inversiones en los bonos del gobierno, la mayoría de ellos ajustables por inflación”, continúa Heller. “Como con muchas de las medidas que ha impuesto y propone el Gobierno, los sectores de menores recursos son los más afectados, en este caso, aquellos que no tienen la información ni el acceso suficiente para invertir en otras opciones que defiendan el valor real de sus inversiones”.

“Respecto del dólar existe la tensión entre el importante salto devaluatorio producido en diciembre, que incrementó significativamente la competitividad del tipo de cambio, con la decisión de aplicar una tasa de depreciación mensual del 2%, casi un virtual congelamiento del valor nominal del dólar”, señala el diputado y presidente del Partido Solidario.

“Con el nivel de inflación de diciembre, con precios minoristas aumentando un 25,5% y mayoristas al 54%, y de los que se esperan en los meses venideros, el tipo de cambio nominal irá perdiendo competitividad rápidamente, y ello se irá reflejando, muy probablemente, en el aumento de la brecha con los valores de los dólares financieros, una diferencia que siempre ha presionado para una devaluación del tipo de cambio oficial. La pregunta es si esta presión se morigerará con la llegada de los dólares de la cosecha (en marzo o abril), o tendrá un impacto previo sobre el valor nominal del tipo de cambio que pueda llevar, o a un aumento en el ritmo de depreciación mensual, o a una nueva devaluación abrupta. Se ha demostrado que las mini depreciaciones al 2% mensual no resultan un ancla inflacionaria como propone el Gobierno, dado que la inflación es multicausal, y en este caso está determinada por los aumentos en las tarifas de los servicios públicos y por la puja distributiva, reflejada en la conducta de los formadores de precios, que imponen valores muy por encima de sus costos, en pos de una supuesta recuperación del supuesto atraso de sus precios”, concluye Heller. 

“La licuación ya ocurrió. Lo que estamos viendo ahora es al revés: sube el stock de activos medidos al dólar oficial, la tasa le gana a la devaluación oficial”, inicia su análisis Fernando Morra, exviceministro de Economía del gobierno de Alberto Fernández. “El problema es cuánto aguanta este dólar. La inflación es muy alta y le quita valor real al dólar oficial. Por ahora está parcialmente contenida porque todavía no hay grandes ajustes en precios regulados —se refiere a las tarifas de servicios públicos— y las paritarias están rezagadas y débiles, se caen las ventas. El salto cambiario te obliga a un fuerte ajuste tarifario: más inflación, menores ingresos, y pierde valor la suba del dólar. Los salarios van a moverse. Eso va a generar que los costos se tengan que ajustar: más precios, menor valor del dólar. Al saltar el dólar oficial sin acuerdos de precios o mecanismos de contención, es difícil que no vayas a los tumbos entre precios, tarifas y dólar. Lo que vas a ver entonces, si es que no hay emisión de dinero, es que la liquidez, es decir, los plazos fijos, los depósitos y el circulante, cae en términos reales y la inflación avanza. Sube la velocidad de circulación. Es el mecanismo típico de la muy alta inflación, típico en las hiper”, puntualiza Morra.

Jorge Carrera, que fue director del Banco Central en el gobierno anterior, también analizó el panorama en un reciente paper titulado “Terapia de shock y sobredosis”: “Es notorio que se busca licuar plazos fijos, no dejando ninguna salida en pesos para una franja grande de ahorristas que no usa instrumentos financieros sofisticados, ya que los plazos fijos UVA están limitados en cantidad por cliente y a un plazo de 180 días en el mejor de los casos que los bancos apliquen la medida. En términos financieros, los riesgos son que los instrumentos más tradicionales de ahorro en pesos como el plazo fijo sean repudiados por el público ante la licuación forzada que promueve el Gobierno. Esto empujaría la cotización de los dólares alternativos y la brecha con el oficial. Pero, además, destruye el instrumento de fondeo tradicional de los bancos que es el plazo fijo. Reduce el rol de los bancos como intermediarios del ahorro y los convierte en meros agentes transaccionales como son las billeteras virtuales. Este achicamiento abrupto de la hoja de balance del sistema financiero argentino debería ser manejado con mucha prudencia ya que no todos los más de 70 bancos son iguales. Evitando así crear un problema donde no lo hay”.

“Lo que se conoce del programa económico hace una apuesta macro inicial muy fuerte que consiste en eliminar el déficit fiscal y reducir a un mínimo la cantidad de pesos de la economía, implementando una sobredosis de devaluación, inflación, ajuste fiscal, recesión y disciplinamiento salarial, en un contexto donde, simultáneamente, se busca forzar un drástico y masivo cambio jurídico en la organización política, económica y social de Argentina”, describe Carrera.

“Veremos si la sociedad resiste esta sobredosis”, alerta. Y plantea cuatro opciones sobre los posibles regímenes monetarios y cambiarios a los que conduce la receta. En primer lugar, una flotación cambiaria donde el peso sobrevive en un esquema bimonetario al estilo Perú o Uruguay En segundo término, la dolarización prometida por Milei en campaña, pero tras la licuación de pesos, otra “gran” devaluación y el ingreso de dólares de la cosecha. Esta alternativa es la que también sospecha otro ex director del Central, Eduardo Hecker: “Creo que están tratando de forzar la dolarización, luchando los pesos. El ritmo del crawl (depreciación) lleva a pensar en una nueva devaluación en febrero o marzo de al menos un 50%”.

Una tercera opción, según Carrera, consiste en una convertiblidad, es dedir, un tipo de cambio fijo con el dólar, como el $1 a US$1 de Menem, “a posteriori de una probable nueva devaluación más moderada”. Por último, plantea una cuarta vía no deseada: “Ninguna de las tres opciones anteriores se logran concretar a causa de la persistente descoordinación de las distintas variables nominales, reales y legales involucradas en la terapia de shock y sobredosis. Esa fallida convergencia macroeconómica y un creciente conflicto social y político hacen que la economía entre en un período de inestabilidad. Lo cual, no implica necesariamente un riesgo de hiperinflación. Podría significar, como señaló (Mauricio) Macri, la aparición de un segundo equipo”.

AR/JJD

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