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GIRA EUROPEA

Milo J: folklore existencial, trap y la conquista de una generación de jóvenes españoles

Milo J. conquistando Madrid.

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Mentiría si dijera que el Movistar Arena de Madrid se parece en algo al anfiteatro de la Fiesta del Poncho en la provincia de Catamarca. Uno queda en la capital de moda de Europa; el otro en un predio a las afueras de San Fernando del Valle, entre cerros ariscos y un zonda caprichoso que da cachetazos de tierra.  

En uno y otro, sin embargo, se vivió algo muy parecido este jueves cuando Milo J subió al escenario en el marco de su tour “La vida era más corta”. El simple contorno de una montaña era el fondo gráfico de una puesta en escena en la que el folklore se fundió con el trap, y puso a miles de adolescentes a vibrar al ritmo de una música que se creía olvidada. 

El “fenómeno” de estos días es Milo J, dijo un par de meses atrás el periodista Diego Fisherman en un artículo publicado en elDiarioAR. Suscribiría cada una de esas palabras después de haber visto el show del jueves pasado acá en Madrid.

“Un artista de 18 años, que ha cantado con Silvio Rodríguez –y que, junto con él, dona los derechos a las Abuelas de Plaza de Mayo–, que toma a Mercedes Sosa como ”objeto encontrado“, que en sus letras habla con naturalidad del vacío existencial y que acaba de publicar en las plataformas La vida era más corta, un disco indudablemente argentino, que va y vuelve con creatividad notable a eso que todavía se llama folklore”.

Hay un mérito indudable en ese regreso al folklore que propone Milo J. Aunque en sus canciones se escuchan charangos, sicus, ritmos de chacarera en guitarras y violines, el joven cantante de Morón lo reinterpreta con elementos del trap, su propia voz y estilo de cantar, y unas letras que deben estar entre lo más logrado de los últimos años en la música popular nacional.

Sobre el escenario, se desplaza con un temple sorprendente para su edad. No hay coreografías, ni los gestos típicos del rap; apenas énfasis en algunas frases y pasajes musicales. Sobre todo, una reacción natural: la de dejarse llevar por la música, la de emocionarse con una respuesta del público. “No soy muy expresivo”, reconoció antes de agradecerle a España haber sido el país en el que más veces tocó después de Argentina.

En todo caso, el gesto máximo de expresión habría que encontrarlo en el cuchillo clavado en su espalda; parte de la camiseta con la que abrió el concierto.

¿Cuál es la fuente de las letras de Milo J? Su experiencia personal, pareciera. Pero, ¿cómo es que logra condensarlo tan bien en unos versos que no son pretenciosos, pero tampoco lineales, y que sorprenden de a ratos por una densidad poética conmovedora? “No me siento propio y al ver el ocaso, quise ir más despacio”, canta en Bajo de la piel. “Haz las pases con la vida; no es de piedra el pastizal”, recita en Niño, uno de los cortes de su último álbum. 

Me resultó imposible no preguntarme qué pasaría por la cabeza de esos miles de chicos y chicas de entre doce y dieciocho años que repetían una tras otra las inquietudes existenciales que ofrece Milo J en sus canciones. Pero cómo, ¿no hay ni una sola letra sobre el dinero, la ostentación…?

Milo J y un show que hizo vibrar a Madrid durante dos horas.

También resultó todo un shock estético verlos al filo de la desesperación —como esas fans norteamericanas de los Beatles en los años setenta— mientras coreaban las estrofas folklóricas “Nunca quisiste irte, bailaste la Salamanca”, o que entre las pausas imploraran que llegara el turno de interpretar Jangadero, ese tema que comparte de forma póstuma con Mercedes Sosa (la mayoría del público no debía tener idea de quién era Sosa antes de que saliera La Vida Era Más Corta).

Es cierto que algunas canciones de discos anteriores, netamente urbanas y ancladas en el trap nacional, calzaban mucho mejor con las vestimentas y expresiones de los asistentes. Dos jóvenes cubiertos por buzos oversizes estallaron con Vida de Rock… o se entregaron a los besos y los abrazos en El Bolero (Milo J-Yami Safdie)… Pero, al mismo tiempo, no dejaron de sentirse interpelados de alguna forma cuando sonó Lucía —de autoría con Soledad—, la propuesta más folklórica si se quiere.  

En total fueron dos horas de show. Tiempo no menor para un artista de tan solo veinte años y un género musical —el trap— en el que las canciones no suelen extenderse más allá de los tres minutos. En las gradas casi no había asientos libres, al igual que en la pista. El Movistar Arena en una fecha sold out puede albergar unas 20 mil personas. El tour continúa en Barcelona y Valencia, con espacios de capacidad similar. 

La vida musical de Milo J puede ser larga (ojalá). De aquí a algunos años sabremos el verdadero impacto artístico y social de su trabajo. En el mientras tanto, el cantante bonaerense y muchos de sus colegas del mismo género popular, se han convertido, posiblemente, en una de las pocas fuentes de ingreso de divisas legítimo con el que cuenta nuestro país en la elitista era del señor Milei. 

AF/MG

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