Entrevista

Brenda Focás, investigadora: “Hay muchos puntos en común entre el tratamiento informativo del coronavirus y el de la inseguridad”

Brenda Focás

Durante cuatro años, la investigadora del Conicet y doctora en Ciencias Sociales entrevistó a 75 personas de diferentes edades y perfiles socioeconómicos sobre inseguridad: les mostraba fragmentos de noticieros y conversaba con ellos sobre qué les provocaba esa información. De ese modo, pudo estudiar en profundidad las emociones que se entrecruzan cuando hablamos de delitos así como también qué lugar ocupan los medios de comunicación en las narrativas cotidianas sobre el tema, que suele tener un lugar significativo en la opinión pública, especialmente después de casos rimbombantes. Como otras veces que investigó sobre cómo las noticias son recibidas por las audiencias y qué efectos tienen en ellas, Focás también entrevistó a periodistas de policiales, para trazar la brecha que existe entre cómo se construye una noticia y cómo se decodifica.

El resultado de esa investigación está en El delito y sus públicos. Inseguridad, medios y polarización, donde la investigadora disecciona qué nos pasa con estas noticias: desde cómo opera la polarización política hasta las diferencias entre jóvenes, adultos, mujeres y varones a la hora de sentir sus efectos. 

¿Qué te parece que condensan las noticias de inseguridad que las hace interesantes para estudiar?

Cuando empecé a trabajar el tema de las noticias de inseguridad veía que prevalecía esa mirada muy truculenta y sensacionalista en las noticias policiales en América Latina. Leyendo después trabajos sobre sobre tratamiento de noticias policiales y de inseguridad, se analizaba justamente eso: el sensacionalismo, las retóricas vinculadas con la exageración, e hipotetizaban que esas noticias causaban temor en las personas, que la gente salía cada vez menos a la calle porque tenía miedo por lo que veía en las noticias. Pero no encontraba trabajos que efectivamente indaguen en el impacto en las audiencias de las noticias de inseguridad. Así que me empecé a interesar por eso, y a notar que cuando pensamos en la inseguridad como problema público, también se condensan ahí otros temores, otros riesgos, otras incertidumbres frente a las cuales el estado no da una solución y se canalizan en los múltiples sentidos del concepto de inseguridad, siempre vinculados con los riesgos.

En el libro vos hablás de una especie de contrato de lectura entre los medios y las audiencias: les hablan a las clases medias, suelen mencionar situaciones a la salida de los bancos, en los restaurantes. ¿Esto es siempre así?

La inseguridad no es lo mismo para las distintas clases sociales. Yo entrevisté a audiencias y también a periodistas. Ellos te dicen que su público no es la clase media, que piensan en todos. Pero si uno mira detalladamente los temas que abarcan están vinculados más con las preocupaciones de la clase media. Pero lo que empecé a ver es que las audiencias de otros sectores sociales se sienten interpeladas con temas que son problemas más de la clase media. Dicen, sí, que hay un desfasaje, que lo que pasa en el barrio no aparece en los medios, pero tampoco hay un rechazo claro de que este periodista no me está hablando de mi realidad… En temas de inseguridad, los sectores populares consumen las mismas noticias y se sienten interpelados por la agenda de preocupaciones de las clases medias.  

¿Qué cambió para las noticias de inseguridad con la abundancia informativa entre canales de televisión 24 horas y portales digitales? 

Las noticias de inseguridad conservan muchas cosas del policial clásico: la cobertura sensacionalista, truculenta, haciendo foco en los detalles. Eso es algo que nació con la crónica roja. Las diferencias tienen que ver con el foco en la víctima -ya no hay noticia si la víctima o sus familiares no hablan-, el foco en un victimario típicamente varón, pobre y del conurbano y la construcción de olas o modas delictivas. También aparece esta cuestión del victimólogo o el opinólogo. Últimamente, estas noticias exceden los noticieros y también están en los magazines de la tarde que tienen un especialista, periodista o fiscal para hablar del tema. La competencia hoy es entre los canales, las redes sociales y los portales. Ya el minuto a minuto generaba una competencia por un contenido de más alto impacto. En las entrevistas que hice, los periodistas me decían que algunas veces tienen que dejar de lado los criterios morales: “si la foto del muerto la tiene otro medio yo las saco”. Esa dinámica del minuto a minuto se está trasladando a los portales por el sistema de medición de métricas. 

En general se dice que hay un tipo de amarillismo mediático que en Argentina no pegó tanto. En temas policiales y de inseguridad, ¿las audiencias argentinas ponen límites al morbo? 

Hay cosas que incomodan y eso es algo que hay que rescatar. No están naturalizadadas ciertas imágenes, ciertos tonos. Creo, sí, que la tendencia de los medios nacionales es más a farandulizar los temas de inseguridad que antes se trataban de un modo más serio. Pero no se tolera cualquier cosa. Por ejemplo, en el caso de las fotos de Jazmín de Grazia, si bien esa edición se agotó, generó un debate. En Argentina, como estudió Gabriel Kessler, hay temas relacionados con la muerte y el sufrimiento ajeno que incomodan, que se cuestionan, y eso es saludable para la democracia. 

¿Qué es lo que más te sorprendió encontrar en tu investigación sobre audiencias de noticias de inseguridad?

En ese momento a mí me sorprendió mucho algo que hoy quizás no es tan sorprendente. Mi pregunta inicial tenía que ver con cómo las personas aprehenden las noticias de delito e inseguridad, y los sentimientos que generaban. Y cuando me sentaba a hacer una entrevista, les mostraba noticias de inseguridad y los entrevistados me hablaban del medio: “no, eso es TN, ni me lo muestres” y así. El primer problema que tuve fue ese: yo quería hablar de lo que generaban las noticias de inseguridad y ellos me hablaban de quién emitía la noticia. La polarización aparece de un modo muy significativo en la recepción de las noticias de delito e inseguridad. Entonces yo empecé a hablar de inseguridad más que de noticias de inseguridad y los entrevistados me empezaban a hablar de casos mediáticos y cuando empezaban a hablar del tema yo pude ir viendo algunos deslices, algunas narrativas, y cómo estaban involucrados los medios en esas narrativas. Otra de las cosas que me sorprendió es que los entrevistados nombraban a periodistas de policiales como si fueran sus referentes. Por nombre y apellido. Ahí es cuando me puse a pensar en la mirada pedagógica de los periodistas respecto de las audiencias en temas de inseguridad.

¿Cómo inciden las noticias de inseguridad en las prácticas y creencias de las audiencias?

Las noticias inciden tanto en la dimensión emocional como racional frente al problema de la inseguridad. Pueden promover temor, pero también bronca, tristeza, preocupación y hasta risas. También tienen un rol pedagógico o social, porque las audiencias buscan estas noticias para conocer nuevas modalidades delictivas -“entraderas”, “motochorros”-, y qué lugares son seguros y cuáles no. Pero siempre tiene que existir un vínculo entre lo que los medios muestran y la realidad circundante. Es decir: los medios influyen, pero también influyen los relatos de los vecinos, el hecho de que haya muchos robos o no en el barrio o, especialmente, cuando uno fue víctima de la inseguridad. Las personas, cuando consumen información sobre inseguridad, son activas y aportan su mirada a la hora de hacer interpretaciones. Podemos decir que estas noticias se usan como guías, pero las audiencias no son títeres de los medios.

Podemos decir que las noticias de inseguridad se usan como guías, pero las audiencias no son títeres de los medios.

¿Qué diferencias notaste en tu investigación entre las audiencias más jóvenes y las más mayores en relación a la inseguridad?

Antes que con las noticias de inseguridad, lo primero que noto es un vínculo distinto con la inseguridad como fenómeno entre las distintas generaciones. En los adultos mayores siempre está la añoranza, una mirada nostálgica sobre cómo antes los chicos podían jugar en la vereda, etcétera. En los jóvenes la inseguridad es una dimensión más de la vida cotidiana con la que tienen que lidiar. Hay todo un aprendizaje en relación a gestionar la inseguridad que es muy clara en los jóvenes y no se ve en los adultos mayores y adultos: cómo me pongo la mochila hacia adelante, cómo uso el celular en la calle. No es que está completamente naturalizado, saben que es un problema, pero está más asimilado. También, y esto es interesante, en los jóvenes hay mayor auto culpabilización: me robaron porque yo iba paveando con el celular o porque volví caminando para ahorrarme un taxi. En cambio los adultos y los adultos mayores tienden a culpar al otro y a pedir respuestas al gobierno de turno. Y en relación con los medios un poco similar: mientras que los adultos mayores y adultos se reconocen como audiencias de noticias de inseguridad, los jóvenes no miran noticieros. Pero cuando indagás un poco más ves que están al tanto de todos los casos. Ahí aparecen dos mediaciones: la familia y las redes sociales. Los adultos mayores y adultos están más cerca de los medios en relación con temas de inseguridad mientras que los jóvenes están más cerca de la experiencia y los medios juegan un rol más aledaño.

En los jóvenes hay mayor auto culpabilización: me robaron porque yo iba paveando con el celular o porque volví caminando para ahorrarme un taxi. En cambio los adultos y los adultos mayores tienden a culpar al otro y a pedir respuestas al gobierno de turno.

¿Y qué pasa con las noticias de femicidios? ¿les interesan más a las mujeres?

Eso lo vengo estudiando recientemente junto a Gabriel Kessler. A las mujeres en general les interesan mucho más que otros temas de policiales y de inseguridad los temas de violencia de género y femicidios. Y además, estos temas están despertando interés en muchos grupos, no sólo en mujeres. Si bien todavía estamos analizando los datos, en general, lo que se observa es que el femicidio es moralmente inaceptable, eso no se discute. Pero sí aparecen matices, que son similares a los que aparecen hoy en las noticias mismas: nadie titula hoy con “crimen pasional” pero cuando vas al texto todavía persisten elementos de una redacción patriarcal. Acá lo mismo. El femicidio es inaceptable pero se cuelan algunos cuestionamientos a la víctima…

Encontrás similitudes entre el tratamiento informativo del coronavirus y de la inseguridad. ¿En qué lo ves?

Sí, hay puntos en común tienen que ver con la apelación, la interpelación constante a la idea de que todos estamos en riesgo siempre y en cualquier lado. Así se construyen también las noticias de inseguridad: hay lugares peligrosos, está claro, pero la retórica es que nadie puede estar a salvo en ningún lado. Después hay puntos en común en la cuestión de las víctimas y victimarios que se va construyendo. Una víctima no tiene ganado el lugar de víctima per se y tiene que demostrar que es una víctima con las características aceptadas por la sociedad. En el caso del coronavirus, me parece que también las víctimas son puestas en duda: “seguro que el barbijo no lo usó bien”, “se habrá juntado con gente en lugar cerrado y no lo admite”. Se pone un poco en duda: ¿se enfermó bien o se enfermó mal? ¿se cuidó lo suficiente o no? ¿miente o no miente? como en las noticias de inseguridad, aparece la culpabilización. 

Se pone un poco en duda: ¿se enfermó bien o se enfermó mal? ¿se cuidó lo suficiente o no? ¿miente o no miente? Como en las noticias de inseguridad, aparece la culpabilización.

NS

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