Alex Pretti, de 37 años y enfermero de cuidados intensivos: la última persona asesinada por agentes federales
Aún se masca el humo de los botes lanzados durante el día. Un humo que se mete en los pulmones y cuesta expulsar y que se mezcla con el de las velas y las fogatas encendidas en la calle para contrarrestar los 22 grados bajo cero de este sábado por la noche en Minneapolis. El día había amanecido soleado, con algo de menos frío que el viernes, en el que se vivió una huelga general y una manifestación multitudinaria por el centro de la ciudad contra el autoritarismo de Donald Trump y la violencia de los agentes contra la migración.
Pocas horas después de esa jornada pacífica de protesta, agentes federales asesinaban a Alex Pretti, enfermero de 37 años, mientras grababa una redada de agentes de fronteras en el sur de Minneapolis. Un par de semanas antes, quien murió asesinada por el ICE fue Renée Good.
En ese lugar en el que Pretti recibió numerosos disparos a bocajarro estando inmovilizado en el suelo, se ha convertido en un lugar para el recuerdo en Minneapolis.
La policía mantiene un cordón de kilómetro y medio a la redonda, aproximadamente, impidiendo que se acerquen los coches. Pero sí se puede llegar andando hasta el lugar en el que fue asesinado Pretti, en la avenida Nicollet, entre las calles 26 y 27. Una zona a diez minutos en coche del centro, a 20 en autobús, llena de comercios y restaurantes, y también de bloques de hielo por la nieve solidificada, en lo que está siendo un invierno particularmente frío hasta para los lugareños.
Para refugiar del frío a los manifestantes, hay locales, como el pub Prodigal, que abre sus puertas para que los vecinos puedan calentarse un poco, usar el baño, tomar un chupito de whisky a cuenta de la casa o que los periodistas tengan un lugar en el que poder sacar los dedos de los guantes para teclear una crónica.
“Todo esto que está pasando es para ocultar que es un pederasta”, dice uno de los dueños del Prodigal: “Son todo maniobras de distracción. Y vienen aquí por el gobernador Walz, pero no van a Texas ni a Florida”, prosigue, alegando el acoso manifiesto de Trump contra los bastiones demócratas, en una exhibición partidista del uso de los poderes del Estado con fines políticos.
Desde que las fuerzas policiales abandonaron el lugar del asesinato a media tarde, se ha ido creando un espacio para el recuerdo con velas y letreros en el que los vecinos de Minneapolis se reúnen para rendir homenaje y cantar: “Di su nombre, Alex Pretti; di su nombre, Alex Pretti”.
Al lado, junto a una barricada y un par de fogatas, se forma un círculo cuyo centro van ocupando sucesivamente diferentes oradores que hablan sobre la violencia de los agentes federales, el autoritarismo de Trump y la resistencia de la comunidad ante ello. Una resistencia que se observa cuando uno corre entre botes de humo y una mano amiga le tiende una botella de agua para poder tragar y limpiarse la boca; o cuando alguien deja botellas y calentadores encima de su coche para que los que lo necesiten los puedan coger; o como cuando se ofrecen servicios médicos en un comercio para los heridos en los enfrentamientos con la policía.
“Ten cuidado”, decía una fuente, que añadía: “En el 2515 de Nicollet hay puestos de descontaminación y lavado de ojos, y personal médico listo para atender a los observadores”. Y en las vigilias que se celebran en la costa este, la gente corea: “No tenemos frío, no tenemos miedo. Minnesota nos enseñó a ser valientes”.
Trump está sembrando el terror en las calles de Minneapolis, al tiempo que los ciudadanos se mantienen movilizados y organizados para responder a esa deriva autoritaria y, al mismo tiempo, recordar a los vecinos asesinados por los agentes federales.
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